domingo, 30 de julio de 2023

TODO Y NADA

Sentimientos, esos pequeños hijos de puta especializados en complicarnos la vida. Poco importa que sean hacia un hombre, una mujer, un perro, un gato, una causa o una pasión. Incluso me valen los que provocan el fútbol, los toros y la política. De lo que se trata, en todo caso, es de sentir, de encontrar esa causa, ese ideal, por el que vale la pena seguir luchando, respirando, viviendo, un día más.

En mi caso, y desde que tengo uso de razón (lo cual tampoco quiere decir mucho, pero queda bien), ha sido el Amor, con A mayúscula, el que me ha estado moviendo. O al menos eso creía yo.

Ahora, pienso que ha sido un miedo patológico a la soledad. A esa que nos acompaña, sobre todo, en el momento de la muerte. A comprobar que todo en tu vida no ha tenido sentido.

Por eso, ha sido una constante búsqueda. Nombres, caras, cuerpos, se suceden, se mezclan, se complementan. Niñas, adolescentes, mujeres; cada una en su momento adecuado; y por un tiempo nada preciso. Fases de una existencia.


¿Amores de juventud, o de madurez? Poco importa. La única diferencia es la propia experiencia que te ha ido dando la vida, el poso que ha dejado en ti. 

Ahora, quizás en este preciso momento, todo y nada deja de tener sentido, lógica, el mal y el bien son relativos. Quizás por eso, cuando son más las dudas que las certezas; cuando voy cumpliendo metas y cerrando objetivos, me pregunto por el sentido último, no de la Vida en general (que para eso, tú puedes hacerlo sin problema), sino de la mía. Soy muchas cosas: amante, tío, hermano, hijo, amigo; un buen trabajador en lo mío; y creo que por encima de todo, un Forjador de Historias. Poco importa el éxito que pueda tener con ellas, ni mucho menos el resultado económico (no todos podemos ser Pérez Reverte o J.K.Rowling). A través de ellas, de esas palabras, lanzo mensajes, pensamientos y sueños. Algunos de ellos, durante unos minutos, alcanzan su objetivo, y luego son olvidados. Pero durante esos segundos mágicos, se ha producido esa comunión entre las almas. El resto es historia. Como el amor, que nos acompaña desde el mismo principio de los tiempos.

¿Y si mi necesidad, casi patológica, de amar (que no a la fuerza de ser amado), no fuera más que una manifestación de mi propia inseguridad, y de ese miedo a la soledad, del que hemos hablado antes? Se juntan los nombres y las caras, los cuerpos y las mentes (algunas de ellas tan brillantes), los recuerdos y los sueños (que a veces se confunden en uno solo). Pero de todo ese batiburrillo, solamente emerjo yo. 

Un ser humano, asustado, que busca un camino, que tal vez debe llevarme a la raíz de todo. Y que empieza a asumir que la soledad es precisamente aquello que nos define. Ya que poco importa lo que hagamos o lo que creamos ser o conseguir a lo largo de toda nuestra vida. Siempre estaremos solos, con nuestros miedos, nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros sueños. Que podremos querer compartir con otra persona, que nos complete y a quien completemos, o cualquier otra definición casi perfecta e inamovible del Amor, ese gran mentiroso... Durante ese breve tiempo que es la vida, puesto que en el momento de la muerte conoceremos la soledad definitiva.

No te engañes, nadie va a morir por ti; sin importar lo mucho que te quiera, ni la compañía que te haga. La Verdad, es que estamos solos ante la vida, ante la muerte... Y que hace ya mucho tiempo que le he perdido el miedo a dejar de existir...


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