viernes, 31 de octubre de 2025

UN JALOUÍN INOLVIDABLE

 

Esta no es mi fecha favorita del año, coño, que estamos en Madrid. Tanto Jalouín, tanta tontería, tantos niños llamando a los timbres, muchos de ellos acompañados de los padres, con la cantinela del “¡Truco o trato, truco o trato!” Pero si hasta los más preparados se traen calabazas de plástico del chino, perdón del bazar oriental, que decir lo otro está mal visto: es discriminación por razón de origen.

 

Lo más divertido es que cuando les pides truco, no saben lo que hacer, como mucho un pequeño truco de magia, se comen un huevo crudo, hacen aparecer un pañuelo que llevaban escondido en la manga o dan una voltereta hacia atrás.

 

Vamos, deseando estoy que empiecen a venir los pequeños monstruos del edificio, criaturas adorables como los del cuarto izquierda. Cinco tienen ni más ni menos, que se llevan un año entre uno y otro. Cuando uno no llora, el otro se caga, el tercero mete un balonazo en plena siesta y el cuarto tira los potitos al suelo. El último no cuenta, es demasiado pequeño... ¡¡¡Pero llorar sí que sabe!!!

 

O los mellizos del octavo izquierda. Diez años cada uno de pura maldad, que se empeñan en asustar a mi pobre Fifí, un adorable chihuahua Toy cuando coincidimos en el ascensor. Es verlos y se pone a temblar como una hoja... y me cuesta más de media hora calmarle.

 

Pero vamos, que los peores son la parejita del noveno B, que se llevan siete años y sin embargo ambos son de la piel de Satanás. Bajan dando botes por la escalera a cualquier hora del día o de la noche, llaman a todos los telefonillos de madrugada, abren los buzones y tiran las cartas por el suelo.

 

¿Y los padres? ¿Qué me dices de los padres, que acentúan esta manía del dichoso Jalouín con los concursos de disfraces y de decoración del edificio? Tenemos una nueva presidenta de la mancomunidad, y ha declarado jornada de puertas abiertas entre los cuatro edificios, y que se dará un premio al rellano con pasarela mejor decorado. Y no creas que es una tontería. ¡Un vale para un fin de semana romántico en un hotel con spa! ¡Y toda la maldita comisión tiene que recorrer los edificios tomando notas y juzgando lo que ven! Pero ya se enterarán, cuando lleguen a mi piso...

 

Me he gastado una pasta, pero valdrá la pena. Soy una criatura sociable, pero me he agenciado el mejor disfraz. Me he puesto unos pañales gigantes de la residencia de ancianos en la que trabajo, sujetos con tirantes, luego uno de esos cuchillos de pega que salen a ambos lados de la cabeza, y tengo el pecho manchado de sangre falsa. Mi señora, vestida de monja, sostiene la bandeja de polvoroncitos y se queda al lado mío en la puerta de entrada. Hemos preferido dejarla abierta, que hoy está desfilando por aquí medio edificio. Y lo tengo todo preparado para las visitas, que serán muchas, ya que he puesto carteles en los tablones de anuncios de los edificios, sobre las chuches sorpresa y el premio al mejor disfraz, que por algo soy el vicepresidente de la mancomunidad...

Además, les voy a dar cosas sanas: mini polvorones de San Enrique, y picatostes. Y chocolate a la taza RAM, que si lo pones en el microondas ni se nota que es industrial... Vamos que me he dejado una pasta, que los dulces de calidad están muy caros, y he comprado para un centenar de personas. ¡Pero va a ser tan divertido! Porque los dulces están espolvoreados a conciencia de LSD sintético, que hacemos en las grandes cocinas de mi trabajo por la noche, y en el chocolate he puesto un poderoso laxante de efecto retardado... De momento, calculo que han pasado por mi rellano casi la totalidad de los niños del edificio, todos han aceptado los dulces y el chocolate, y muchos de los padres han aprovechado la ocasión...


¡Va a ser una noche de lo más interesante, con casi toda la mancomunidad colocada por el LSD y además con diarrea! Una de esas noches que salen en los periódicos... Me parece que ya oigo a los seis hermanos gritando y dando botes por los pasillos de su casa, y en el piso superior ya están los padres aporreando la entrada del único cuarto de baño, ¡porque se cagan vivos!

 

Este va a ser un Jalouín inolvidable.