Pasan los días y los años, pero en vez de volverte más sabio, te conviertes en un salami. Una mezcla nutritiva, fácil de consumir, que a mucha gente le gusta, pero otros muchos odian. Y en el fondo, te da igual. Sigues adelante, persiguiendo ilusiones que a veces se realizan, viviendo del presente, tal vez porque el pasado no te importa ni te llena, y el futuro carece de valor, puesto que no lo ves de manera clara. Nada te garantiza ni siquiera el próximo minuto, a cualquiera le puede dar un aneurisma o un infarto, y quedarte en el sitio, como un pez de colores fuera del agua. Adiós, goodbye... Pero se trata de disfrutar del presente, incluso de una madrugada como esta, cuando te puede el sueño, y escribes palabras sin mucha lógica en el teclado del portátil.
Hay
personas que salen de tu vida, como mi bella dama, o mi amiga de Málaga, y
quizás sea para bien. O para mal. Las dos te dejan un vacío en el corazón por
tantos recuerdos compartidos, y por tantos sueños que no se hicieron realidad.
Ayer les mandé una postal a ambas, con nulas esperanzas de cambiar las cosas,
pero por algo se empieza. Libertad de expresión y todo eso. En unas semanas,
será un libro, y un ramo de flores. Cuesta pensar en lo que pudo haber sido.
Prefiero seguir adelante. Y sin embargo, a ambas las quise con todo mi ser.
Menos
mal que hay otras personas que entran en tu vida, casi al azar, y te
recomponen, buscan todas tus piezas, y las juntan de nuevo. Son las personas
vitamina, aquellas especiales que con su amistad iluminan ese horizonte que
antes te daba tanto miedo. Nuevos amigos surgen, y no te sientes tan solo. Un
par de cines, varios desayunos y alguna cena, una visita sorpresa de un amigo
de toda la vida, el viaje que se va perfilando, los proyectos compartidos.
Recuperas las fuerzas.
Y
te sientes bien, mientras escribes un texto que a nadie le importa, y que
tampoco nadie leerá ni dará un triste me gusta. En el fondo, te da igual. Son
palabras lanzadas al viento, cuyo objetivo no es otro que expresarte de manera
libre. Vas conjurando al presente, y confías en que todo vaya a mejor.
Respiras, muy profundo, el dolor no disminuye, el ataque de ansiedad tampoco. Y
sigues adelante, devorando la noche, mientras buscas tu camino hacia el alba...

