Vi gente correr... Y no estabas tu... Y me llega la voz de Armando Manzanero, desde algún lugar secreto. Sí, a veces me da por recordar momentos y emociones del pasado, personas y lugares que por alguna razón se me quedaron grabados en la memoria, o que forman parte de ese inconsciente colectivo del que tanto hablamos. Pero también otros muchos que forman parte de mi historia íntima.
Por ejemplo, recuerdo haber oído cantar a Montserrat Caballé y a Freddie Mercury la famosa canción Barcelona, con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, en los que España obtuvo tantas medallas. Y eso que me parece una tonada especialmente horrorosa.
Pero también rememoro aquella madrugada espantosa del 15 de mayo del año 2000, cuando mi abuelo agonizaba en un hospital del centro de la ciudad, y la voz de mi madre confirmándome con una gran frialdad el fatal desenlace cuando faltaba una hora para terminar mi turno de noche. Conduciendo entre lágrimas por la M-607, y sin saber muy bien cómo pude llegar a casa.
Otro momento que nunca olvidaré fue el impacto del segundo avión de pasajeros contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre del año 2001, que vivimos casi en directo. Aquella vez comprendimos que no existía la seguridad, y desde entonces hay agentes de la Guardia Civil, además de Policías Nacionales y Vigilantes armados custodiando la embajada americana, muy cerca de mi casa. Lo que la ha convertido en una de las viviendas más seguras de todo Madrid.
Tampoco olvidaré fácilmente el fallecimiento de mi padre, por culpa de un cáncer de lengua (típico de los grandes fumadores), un día 25 de noviembre del año 2002. Ni el 12 de octubre del mismo año, cuando mi ex mujer y yo nos dimos el "Sí, quiero" en un pequeño pueblo de Extremadura. Aquella fue la última ocasión en la que él estuvo lúcido, luego perdió la cordura. Adelante, querido mío, sigue fumando...
O bien, esa sensación de impotencia y de rabia contenida, cuando estuve en aquella manifestación el día 12 de marzo del año 2004, después de los atentados yihadistas que acabaron con la vida de tantos inocentes en los trenes de cercanías de Madrid, y en los cuales fue herida de gravedad Sonia, una buena amiga y antiguo amor. España entera se lanzó a las calles, nunca me he sentido más amparado, y formando parte de algo superior.
Pero también hubo traiciones, momentos muy duros, abandonos, que forman parte de un todo que tardé largos años de terapia en asumir. En reconstruirme. En empezar de nuevo. Este año ha sido particularmente duro en lo sentimental, ya que terminó una larga historia de amor, que ha durado más de 25 años, y que en el fondo nunca llegó a nacer ni a ser compartida. Se convirtió en la que considero mi mejor novela, aunque fue un clamoroso fracaso en ventas. Hace algunas semanas, también me despedí de mi hermosa dama, y es algo que me duele todavía.
Escribir, en el fondo, es compartir historias, sentimientos, sueños y alegrías. Algunas de ellas me las guardo, porque entran en el ámbito de lo privado, o involucran a terceras personas que lo mismo se podrían sorprender. Estoy buscando el equilibrio, nadie dijo que fuera sencillo, pero voy por el buen camino. En vez de centrar toda mi capacidad de querer en una sola persona, lo estoy diversificando, y me va muy bien. A nadie le pido más de lo que me puede dar, pero al mismo tiempo recibo mucho más que durante los últimos siete años de relación unilateral y tóxica con mi ex hermosa dama.
Y estoy deseando que llueva de una vez, y que ese agua llegada del cielo me empape, me limpie y me libere...
