Ella me contempla, desde la pantalla del ordenador. Su silueta, sinfonía de negros y grises, me fascina. Desde la forma de los pechos, apenas intuidos debajo del vestido, hasta el moño, prieto y tenso. En sus manos, un instrumento de cuerda, creo que es un violonchelo. Las formas son exquisitas, y toda la imagen destila magia y serenidad. Es la compañera perfecta para una noche fría y lluviosa de otoño, porque me hace imaginar cosas, historias, incluso puedo escuchar la música, mágica pero luminosa y oscura.
No sé, en otro momento, podría haber creado una de mis historias, pero esta noche no me apetece otra cosa que mirarla, compartir la imagen con vosotros, y buscar un concierto de violonchelo en Youtube.. En concreto, el Preludio a la Suite Nº 1 de Johan Sebastian Bach.
