Muchos son los naufragios de quien se deja llevar por las corrientes del amor, esas que te arrastran sin redención posible, que te aíslan del mundo real y te arrojan a los brazos y a las manos de aquellas mujeres que te roban el corazón sin darte cuenta. En mi estado civil, deberían poner "ENAMORADO", en mayúsculas y con todas sus letras, porque me es difícil pensar en una época de mi vida en que mi corazón estuviera vacante.
Es más, incluso algunas veces, varias imágenes, siempre idealizadas pero de mujeres reales, se han batido en duelo por mi alma. Poco importan los nombres ya, se los puede llevar el viento, pero no lo que aprendí de cada una de ellas, esas ganas de vivir que me contagiaron, y esos sueños que nunca se hicieron realidad, salvo quizás en una ocasión. Pero incluso esta, especialmente esta, desapareció de mi vida por una traición, me arrancó el alma, y me dejó sumido en la más absoluta tristeza.
Amores de juventud, amores de madurez... ¿Cuál es la diferencia? Tal vez que eres consciente del grado de irrealidad que los acompaña. De una aprendí a mirar al océano con los ojos entornados. De otra a acariciar la hierba del parque. Una tercera me enseñó el sabor de los besos. La cuarta me hizo soñar tanto con otros tiempos y otras vidas, que incluso le escribí una novela, imaginando cómo habría sido todo si el Destino hubiera barajado mejor las cartas, y si por supuesto ella me hubiera querido. Aquél fue mi mayor amor, nacido en las orillas del Mediterráneo, en una mañana de sol.
Seis, siete, ocho quizás, nombres de niñas, de adolescentes, de mujeres; siempre lo más adecuado a mi edad en aquél momento. Personas de las que en ocasiones no me queda una triste foto. Ni siquiera de aquella que me hizo escribir el primer verso. Criaturas que me han acompañado durante tanto tiempo, quizás antes incluso de mi propio nacimiento. Almas antiguas que se vuelven a encontrar. Sueños de luna llena, o mejor aún, de un eclipse de sol, donde el día y la noche se tocan, se hacen uno... y todo es posible... Incluso el amor.

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