sábado, 26 de octubre de 2024

AQUELLOS DÍAS DE TELE

Nacido en 1970, creo haber vivido la época dorada de la televisión española. Sí, incluso en aquellos tiempos en los que los aparatos eran en blanco y negro, de culo gordo, y sin mando a distancia. Mi madre me recuerda de vez en cuando la manera en que irrumpió en su vida, cómo se juntaban los vecinos, sobre todo los niños, a verla en casa del afortunado, la gran expectativa que se generaba con los concursos, con las viejas series. Cuando llegaba a casa una televisión, era todo un acontecimiento, algo que marcaba distinción social incluso, y una ceremonia bien coreografiada, desde el momento en el cual los transportistas la traían desde los grandes almacenes, el proceso de desembalarla (la caja terminaba convirtiéndose en un fuerte para los más pequeños, y aseguraba horas de diversión), sin olvidarnos por supuesto de la aventura de sintonizar los dos canales. Ahora, con una oferta casi ilimitada y múltiples plataformas, parece casi increíble recordarlo. Era una manera de asomarnos al mundo, a la información, pero también de disfrutar algo de ocio...
 

El 27 de octubre de 1956 tuvo lugar la primera emisión de televisión en blanco y negro en España; y hubo que esperar hasta 1972 para que llegase el color. Pero la pequeña pantalla traía la magia a nuestros hogares. Sí, nosotros crecimos con mis padres disfrutando de "Estudio Uno" (1965 - 1984) y sus monumentales montajes de teatro; y con los inquietantes episodios de "Historias para no dormir" (se estrenó en 1976, y por culpa de uno de ellos surgió mi pánico a los fantasmas). Son dos espacios que tengo asociados a mi más tierna infancia. También eran los tiempos de la Santa Misa los domingos por la mañana, los telediarios dictados por los censores, y el inevitable NODO. Las unidades móviles eran casi inexistentes, y las cámaras, unos armatostes tremendos. Mi padre era un gran defensor de los conciertos de la 2 y los programas culturales, poco importaba que fueran en blanco y negro o en color.
La tele era casi un miembro más de la familia. Siempre recordaré las noches de verano, cuando nos juntábamos con nuestros vecinos Floro y Candelas a jugar unas manos de canasta, y luego a ver la tele, intentando bajar el volumen en los anuncios con el socorrido truco del "niño, levántate y baja el sonido" que nos lanzaba mi padre. Aquella tele era más pequeña, a color por supuesto, y bajarla por las escaleras hasta la terraza interior una responsabilidad del cabeza de familia. ¡No veas lo que pesaba la condenada! Eso lo descubrí años más tarde, cuando me concedieron ese honor.


Nunca olvidaré la reunión familiar de los viernes por la noche para ver a Mayra Gómez Kemp (recientemente fallecida) al timón del "Un, dos, tres". Que solamente aquellos años bajo su batuta, con las súper tacañonas, los añorados Tip y Coll, y sobre todo las azafatas, con sus ajustados vestidos y o mini faldas que dejaban al descubierto sus piernas larguísimas y sus escotes pronunciados nos alegraban la noche a muchos. De vez en cuando aparecían otros humoristas en el programa, como el fantástico Miguel Gila, preguntando por el enemigo, con su teléfono rojo; incluso alguna vez participó el genial Bigote Arrocet, e incluso el elegante y parsimonioso Eugenio, con sus historias impregnadas de alcohol y de humo de cigarrillo, que invariablemente comenzaban por "Saben aquel que diu..." Ahora, con "El gran prix del verano" y algunos programas similares, no hacen sino copiar el formato, dándole una vuelta, pero sin conseguirlo. Ahora, simplemente, suena y sabe a rancio.



 "Me encanta cuando los planes salen bien". Sí. Aquella era una frase emblemática, que siempre pronunciaba Annibal Smith en la serie "El equipo A", en antena desde 1983 hasta 1987. Es una pena, que haya pasado más de una generación desde aquellos momentos en los que muchos chavales de instituto esperaban con ansia la llegada de los sábados por la tarde para disfrutar de las aventuras de este tipo de locos geniales, de su sentido del humor blando, su violencia suave y los enormes sopapos que pegaba M.A. Barracus. O de los eternos puros que Annibal Smith llevaba en el bolsillo para celebrar las victorias. ¡Si ya desde la introducción, con esa banda sonora tan especial con la que comenzaba la serie, y que muchos aprendimos de memoria, ya éramos felices! ¿La recuerdas? "En 1972, un comando compuesto por cuatro de los mejores hombres del Ejército Americano fueron encarcelados por un delito «que no habían cometido»: No tardaron en fugarse de la prisión en que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted algún problema y se los encuentra quizá pueda contratarlos."


Pero si había algún programa que nos juntaba a todos delante de la pantalla del televisor, era la serie de "El hombre y la Tierra", de Félix Martínez de la Fuente. Esa sintonía, me parece estar escuchándola ahora, que combinaba percusiones distintas y el aullido del lobo. Creo que uno de los mayores traumas de mi infancia fue su muerte en el accidente de avioneta en Alaska, mientras rodaba una carrera de trineos tirados por perros. Y la cancioncita "Amigo Félix", de Enrique y Ana, la cantamos varias veces en clase, arrasados en lágrimas. A pesar de las críticas que recibió en su momento por la forma de rodar ciertos capítulos, él era un enorme comunicador, y uno de mis héroes, bueno, también de mi hermana... Estuvo en antena desde marzo de 1974 hasta junio de 1981, pero marcó un antes y un después en mi comprensión de la naturaleza.


Y surgieron series como "Bonanza", de 1962 a 1970, que fue pionera en muchas cosas;  o "La casa de la pradera" (1975-1981). Luego vinieron las series de policías, como "Starsky y Huch" (1975 - 1980),  y "Colombo" desde 1971 hasta 1978 en un primer momento, con sucesivas temporadas casi hasta 1984, de la cual mi padre era un gran aficionado. Y no nos olvidemos del fenómeno "Fama". Emitida desde 1983, también contaba con una de esas  introducciones inolvidables: "Buscáis la fama, pero la fama cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar, con dolor". En nuestro colegio, se hizo  muy famosa, y durante varios años la máxima expresión de la modernidad y de la belleza para las adolescentes eran las mallas bien ceñidas y los suéter de punto anchos. Pero una de mis series preferidas era "Se ha escrito un crimen" de 1984 a 1996, aunque la siguen reponiendo en la actualidad en muchas plataformas, por lo que muchos jóvenes las conocen.


En otro momento ya hablaremos de las series destinadas al público infantil, de dibujos animados, de muñecos o de marionetas, que merecen mención aparte... Pero sí os he presentado unas cuantas series de otros tiempos. Viejas amigas de las que pude disfrutar en persona, y que recuerdo, quizás con esa pátina que da el tiempo. Quizás no todas ellas fueran la mejor opción para un niño o para un joven adolescente, pero en todo caso, me hicieron mucha compañía. Otros tiempos, otros actores, otras tramas. Un mundo en todo caso que ahora me parece muy lejano, cuando todo era más sencillo. Si todas eran buenas o no, si flojeaban, es algo que solamente podemos valorar quienes las vivimos, como hijos de una época, de una sociedad, diferente, y que ahora me es imposible no recordar sin una cierta nostalgia.


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