lunes, 28 de agosto de 2023

COMO UN COYOTE AULLANDO A LA LUNA

Algunas noches me siento como un coyote aullándole a la luna, en medio de la tremenda soledad del desierto, y quejándose de esa manera del abandono de sus semejantes, o de la frialdad de su entorno. El dolor se apodera de mi corazón, y me persiguen los ataques de ansiedad. De repente, todo me parece más oscuro a mi alrededor, más solitario e inclemente, y me dejo llevar por la tristeza. No es necesaria una causa en particular, son momentos y sensaciones que surgen, y que con un poco de suerte desaparecen al poco rato. Pero durante aquellos instantes, se convierten en una especie de barrera que me separa de todos los demás seres humanos. Un dolor casi físico, el corazón que parece salirse del pecho, incluso la vista nublada o la garganta seca son algunas de sus características. 

Por suerte, duran poco. Allí están mis personas vitamina, incluso en mitad de la noche, atentas a un simple mensaje. Y la tormenta que acecha en mi interior disminuye, e incluso desaparece por un tiempo. Me gusta ser una persona optimista, proactiva y empática (palabras que utilizo sin saber muy bien lo que significan, producto de largos años de terapia y de algunas lecturas). Me considero un buen amigo que sabe escuchar y que siempre está allí para quienes me necesitan, dispuesto a dar buenos consejos y a convertirme en paño de lágrimas o en un hombro en el que llorar. Aunque reclamo mi lugar de compañero de esas risas nerviosas y descontroladas, que nacen del mismo ombligo (y a las que era tan proclive mi padre, con la mejor imitación de Patán, el compañero del Barón Pierrenodoyuna). Siempre dispuesto a ayudar... A seguir adelante. Como un burro con anteojeras. Hasta que llega el siguiente aullido desesperado.

En noches como esta, con el sonido del aire acondicionado del trabajo como única fuente de distracción, un coyote solitario aúlla a la luna llena en lo más profundo de mi ser. Es cuando se acrecienta la sensación de soledad, de melancolía, de falta de sentido. Y lo vuelco en la escritura, en esas palabras que luego casi nadie leerá. Es mi forma de exorcismo. De recuperar el sentido. De seguir adelante, con la ayuda de esas personas tan especiales que me reconcilian con la humanidad...

miércoles, 23 de agosto de 2023

PEQUEÑOS DESTELLOS DE FELICIDAD

Cuando era mucho más joven, posiblemente incluso un niño, me preguntaba si algún día alcanzaría la FELICIDAD, escrita así, con mayúsculas. Ese era mi objetivo. Los años han ido pasando, y quiero pensar que con ellos he adquirido una cierta sabiduría, la que da el seguir vivo después de tanto tiempo, y el haberme sometido a una prolongada terapia cuando la necesité. Todavía la sigo necesitando, no me avergüenzo de decirlo, sigo aprendiendo cosas sobre mí mismo y sobre quienes me rodean, sobre aspectos como los deseos, los sueños, las esperanzas, esas pequeñas cosas que nos hacen seguir adelante.

Y he llegado a la conclusión, tal vez un poco ampulosa, de que la felicidad, con o sin mayúsculas, no existe. No es un lugar al que llegues, plantes tu bandera, y digas: Pues ala, ya soy feliz. No es un estado de ánimo permanente, creo que ni siquiera los dioses son felices de manera total y absoluta.

Como seres humanos, solamente podemos aspirar a vivir una serie de pequeños destellos de felicidad, no prolongados en el tiempo, y mucho menos que podamos dar por seguros. En ello tal vez estribe su valor y su belleza. Y esos fragmentos minúsculos de felicidad residen en todas partes, en nuestro entorno, en las personas que nos acompañan, en la naturaleza... Es un poco como la idea de Dios.

Cada uno de nosotros aspira a ese sentimiento, es lo que nos mueve, y nos obliga a reaccionar. No conozco tus motivos de felicidad, evidentemente no estoy en tu pellejo, mi querido lector desconocido. Pero me atrevo a compartir algunos de los míos, quien sabe, igual tenemos unas cuantas cosas en común. 

Partamos de una base: si no tienes tus necesidades más esenciales cubiertas (trabajo, familia, hogar, salud, amigos, pertenencia al grupo por citar algunas de ellas), es complicado que puedas aspirar a ese tipo de sentimiento. Y tampoco por mucho tiempo. Ojo, si algunos de esos factores falla, es mucho más complicado aspirar a la felicidad, pero tengo la suerte, inmensa, de pertenecer a ese grupo. Soy un privilegiado, y lo asumo. Ahora podemos seguir con estas pequeñas confesiones, que igual te parecen interesantes.

Yo soy feliz con las pequeñas cosas, que damos por sentadas, pero que sin ellas no sería posible ni siquiera la vida. Como el pequeño milagro de despertar cada mañana (o cada tarde, depende del turno que tenga), o el aire que llega a tus pulmones, y sentir el suave palpitar de tu corazón o el curso de la sangre por tus venas. El cuerpo es una máquina perfecta, pero al mismo tiempo, desconocida y con fecha de caducidad. Cuando todo funciona, es una maravilla. Pero incluso cuando algo falla, es posible remontar, la capacidad del ser humano para encontrar fuerzas e ilusiones es inagotable. Al menos eso he podido comprobar.

Beber cuando tienes hambre, y comer cuando tienes sed. Poder hacer pis y caca cuando lo necesitas, dos aspectos fisiológicos de los que casi nunca se habla. Dormir cuando nos derrota el sueño. Son cosas que a veces no valoramos en su justa medida, igual que tener un techo sobre tu cabeza, y ropa con la que vestirte. Esos recuerdos que nos llevan a seguir luchando. Y en conjunto, forman parte de la capa más interna de la felicidad.

Pero hay otras, según nos vamos alejando de nuestro cuerpo y del entorno más cercano. Evadirme dentro de un buen libro, de esos que te hacen olvidar la hora, el cansancio, y que te acompañan, te invitan a conocer otras vidas. Somos viejos amigos desde hace tantísimos años, que me parece imposible un mundo sin lectura. Claro que mi hermana y yo tuvimos la suerte de nacer en una familia de grandes lectores, que supieron desarrollar nuestra curiosidad e inquietudes, y que nos alentaron a perdernos dentro del mundo de las palabras, algo que están transmitiendo a mis sobrinas.

El cine. El hecho de disfrutar de una buena película, descubriendo otros mundos, otros universos, personas, situaciones, de esas que te llevan incluso a cuestionar la realidad que te rodea cuando sales del cine, o apagas el reproductor de DVD. Siempre he sido un gran aficionado. Hace escasos minutos estaba disfrutando de la desesperada carga de Gandalf el Blanco en el Abismo de Helm. Y mañana veré la tercera parte de la trilogía de El Señor de los Anillos. Pero también soy super feliz cuando hago un maratón de Harry Potter (como poco una vez al año). O descubro un viejo clásico un poco olvidado, como Marnie la ladrona o Sospecha, ambas de Alfred Hitchcock. El teatro también me encanta, pero es un tipo de entretenimiento quizás algo más noble y elevado. Tengo menos ocasiones de acudir a las salas, aunque procuro que sea un par de veces al mes.

La escritura es algo que me hace especialmente feliz. Comencé mi andadura tras uno de esos amores imposibles en los que soy tan experto: yo estaba casado, y a ella le gustaban las mujeres. Sin comentarios. Cuando ella se fue del servicio de manera repentina, noté un dolor tan fuerte en el corazón que, como manera de expresarlo y de compartirlo, escribí y publiqué mi primer poema, hombres de tinta y sangre, en un blog que creé para la ocasión. Y desde entonces, con unos periodos de mayor o de menor productividad, nunca he dejado de escribir.

Viajar siempre me ha entusiasmado, procuro perderme fuera de Madrid un par de veces al año, y no suelo faltar a mi cita con el Mediterráneo. Estoy abonado a la playa de Gandía, ya sea solo o con la familia o amigos. Pero también me gusta desplazarme a otra ciudad; o incluso apuntarme a una visita guiada por la mía. Descubrir nuevos lugares, personas, ambientes, sabiendo que de ellos puedes volver cambiado.

Nunca olvides la importancia de la familia. Da igual que sea chico-chica; chico-chico; chica-chica o cualquier otra combinación que se te pueda ocurrir. Si todo va bien, es la primera barrera protectora cuando empiezas a enfrentarte al mundo, lo que te da seguridad, cariño, afecto, esperanza. De la mía no me puedo quejar. Vale que mi padre podría haber sido un poquito menos gruñón y más cariñoso. O mi madre menos estricta. Pero siempre les tuve a mi lado. ¡Cómo añoro a mi abuelo y a mi padre! Ahora mis dos sobrinas y mi cuñado se han incorporado a la ecuación, y mientras mi hermana sea feliz, eso es lo importante. Sigamos hablando de otras cosas que me aportan felicidad.

Los amigos, poco importa que sean recientes o de toda la vida, tienen una gran función que cumplir en esta búsqueda de la felicidad. Nada como las famosas personas vitamina, aunque el apelativo no termina de convencerme, esos seres especiales, con quienes los minutos se convierten en horas, que no te juzgan, que te apoyan y te hacen sentir su cariño. Incluso los virtuales cumplen con su función, luego depende de ti y de las circunstancias el dar el siguiente paso. La importancia de una mirada, de una caricia, de una palabra de aliento, incluso de un beso en la mejilla o un abrazo. Siempre me ha costado hacer amigos, pero me considero muy afortunado. ¿Que tengo el aspecto sentimental un poquito descuidado? Bueno, tampoco es algo que me preocupe en exceso. Ya llegará el momento... 

Pero que esto no te haga olvidar lo más importante: el estar a gusto contigo mismo, quererte, apreciarte, mimarte, conocerte en definitiva. No puedes estar supeditando siempre tu felicidad a los demás. No es conveniente entregarte por completo, ni depender de la presencia del otro, o de su pensamiento. No debes darlo todo sin pedir nada a cambio. Esa lección me ha costado mucho tiempo aprenderla. El amor, propio y el que sientes hacia los demás, es algo muy importante...

Mi gato, el famoso agente Zeus, que publica sus comentarios en Facebook, también me hace muy feliz. Y creo que él lo es. Entre mi madre y yo, lo cuidamos mucho, es un minino consentido. Pero nos ha cambiado la vida desde el día en que lo adoptamos. Aunque lo llene todo de pelos, y sea bastante cabezota. No le gusta nada que le cojamos en brazos, solamente se lo permite a mi hermana, y no más de cinco minutos. Las mascotas, sobre todo los gatos y los perros, son muy importantes, y muy sabias, se puede aprender mucho de ellas. Pero eso sí, si no estás dispuesto a quererlos, a mimarlos, a velar por su salud, a que formen parte de la familia y a velar por su alimentación y su salud, mejor compra uno de peluche.

Podríamos hablar de otros factores que intervienen en la ecuación, pero ahora mismo no se me ocurren. En todo caso, estas son algunas de las cosas que me aportan pequeños destellos de felicidad, diminutos, temporales, que le dan sentido a esa gran aventura que llamamos vida...

martes, 22 de agosto de 2023

PLANES Y PROYECTOS

A pesar de todos los intentos y las trampas que me pone la realidad para hacerme caer, sigo soñando, y luchando por esas ideas que me dan la vida. Ya no se trata solamente de conseguir una buena cantidad de dinero gracias a la primitiva (que por cierto ya tengo unas cuantas personas con quienes mi corazón me pide compartirlo), puesto que estoy casi convencido de que no es posible. A pesar de todo, sigo jugando trece euros a la semana, y las noches de los domingos suelo dormir como un bebé. Si seré tonto que lo primero que pienso al despertar es en la de vidas que podría cambiar.

Intento ahorrar un poquito cada mes, con las huchas que me ofrece mi banco, y cada una de ellas tiene su objetivo. Tengo una destinada a financiar el futuro viaje a Irlanda, que incluso he visto en la agencia, y comprobado las fechas en las que se celebra. Hace mucho tiempo que no voy al extranjero, la última vez fue a Sicilia, antes de la pandemia. Luego otra para las vacaciones de verano. Me temo que este año tocará ir en el mes de julio a Gandía, con toda la familia, lo que no me entusiasma. Una tercera para el santo de mi madre. Otra para la mudanza y la pequeña reforma cuando me mude a mi casa.

Luego, estoy pensando en cursar un micro módulo de psicología por la UNED a partir del mes de septiembre. Un poco por cerrarle la boca a mi madre, que sigue pensando que no hago más que desperdiciar el tiempo libre. Claro que para ella ni la literatura ni la poesía son algo valioso, y por supuesto no tiene en cuenta el que haya enviado mi novela de vampiros a un par de editoriales, ni todo el tiempo que me he pasado corrigiendo y editando el manuscrito, con bastante ayuda de mi prologuista y de mi correctora. Pero también porque es un campo que me atrae muchísimo, y que con mis largos años de terapia, y la facilidad que tengo para escuchar a las personas e ir sacando detalles de sus vidas, estimo conocer bastante bien. No pienso dedicarme a ello, ni mucho menos, aunque el conocimiento no ocupa lugar.

Del amor, mejor no hablamos. Tengo gran parte del corazón vacante, y tampoco siento un especial interés en volver a enamorarme. Me refugio en la amistad, en los pequeños detalles, y el truco consiste en no pedirle a nadie más de lo que está dispuesto a dar o a recibir. Vale que puedo ser un poquito agobiante, porque me encanta hacerle regalos a los buenos amigos, pero es algo que pretendo corregir. En el fondo, lo único a lo que aspiro es a ser moderadamente feliz, soy así de original.

Me hace mucha ilusión el proyecto que hemos puesto en marcha Gisela y yo, la velada poético musical del sábado 7 de octubre, a las 21:00, en el pub Aleatorio de Madrid, calle Ruiz número 7, justo al lado de Bilbao. Llevo unos cuantos años escribiendo poesía, y es la ocasión perfecta de presentar mi último poemario. Gisela está preparando su primera antología, la he estado editando, y me ha parecido súper interesante. Con lo tímido que soy y lo mal que se me da hablar en público, va a ser todo un reto. Por supuesto, si te apetece venir y estás por Madrid en esas fechas, estás más que invitado.

Me gusta plantearme pequeños retos, hace mucho tiempo que dejé de soñar a lo grande, tampoco lo necesito. Quizás ese sea el secreto de una buena vida.  Ser más realista, agradecer lo que tienes, disfrutar con las personas que te rodean, y seguir adelante. Con eso, algo de música para romper el silencio de la madrugada, y un buen libro para los momentos en los que necesitas escapar de la vida, poco más se puede pedir.


lunes, 21 de agosto de 2023

LA OTRA TARDE VI LLOVER...

Vi gente correr... Y no estabas tu... Y me llega la voz de Armando Manzanero, desde algún lugar secreto. Sí, a veces me da por recordar momentos y emociones del pasado, personas y lugares que por alguna razón se me quedaron grabados en la memoria, o que forman parte de ese inconsciente colectivo del que tanto hablamos. Pero también otros muchos que forman parte de mi historia íntima.

Por ejemplo, recuerdo haber oído cantar a Montserrat Caballé y a Freddie Mercury la famosa canción Barcelona, con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, en los que España obtuvo tantas medallas. Y eso que me parece una tonada especialmente horrorosa.

Pero también rememoro aquella madrugada espantosa del 15 de mayo del año 2000, cuando mi abuelo agonizaba en un hospital del centro de la ciudad, y la voz de mi madre confirmándome con una gran frialdad el fatal desenlace cuando faltaba una hora para terminar mi turno de noche. Conduciendo entre lágrimas por la M-607, y sin saber muy bien cómo pude llegar a casa.

Otro momento que nunca olvidaré fue el impacto del segundo avión de pasajeros contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre del año 2001, que vivimos casi en directo. Aquella vez comprendimos que no existía la seguridad, y desde entonces hay agentes de la Guardia Civil, además de Policías Nacionales y Vigilantes armados custodiando la embajada americana, muy cerca de mi casa. Lo que la ha convertido en una de las viviendas más seguras de todo Madrid.

Tampoco olvidaré fácilmente el fallecimiento de mi padre, por culpa de un cáncer de lengua (típico de los grandes fumadores), un día 25 de noviembre del año 2002. Ni el 12 de octubre del mismo año, cuando mi ex mujer y yo nos dimos el "Sí, quiero" en un pequeño pueblo de Extremadura. Aquella fue la última ocasión en la que él estuvo lúcido, luego perdió la cordura. Adelante, querido mío, sigue fumando...

O bien, esa sensación de impotencia y de rabia contenida, cuando estuve en aquella manifestación el día 12 de marzo del año 2004, después de los atentados yihadistas que acabaron con la vida de tantos inocentes en los trenes de cercanías de Madrid, y en los cuales fue herida de gravedad Sonia, una buena amiga y antiguo amor. España entera se lanzó a las calles, nunca me he sentido más amparado, y formando parte de algo superior.

Pero también hubo traiciones, momentos muy duros, abandonos, que forman parte de un todo que tardé largos años de terapia en asumir. En reconstruirme. En empezar de nuevo. Este año ha sido particularmente duro en lo sentimental, ya que terminó una larga historia de amor, que ha durado más de 25 años, y que en el fondo nunca llegó a nacer ni a ser compartida. Se convirtió en la que considero mi mejor novela, aunque fue un clamoroso fracaso en ventas. Hace algunas semanas, también me despedí de  mi hermosa dama, y es algo que me duele todavía.

Escribir, en el fondo, es compartir historias, sentimientos, sueños y alegrías. Algunas de ellas me las guardo, porque entran en el ámbito de lo privado, o involucran a terceras personas que lo mismo se podrían sorprender. Estoy buscando el equilibrio, nadie dijo que fuera sencillo, pero voy por el buen camino. En vez de centrar toda mi capacidad de querer en una sola persona, lo estoy diversificando, y me va muy bien. A nadie le pido más de lo que me puede dar, pero al mismo tiempo recibo mucho más que durante los últimos siete años de relación unilateral y tóxica con mi ex hermosa dama.

Y estoy deseando que llueva de una vez, y que ese agua llegada del cielo me empape, me limpie y me libere...


miércoles, 16 de agosto de 2023

EL TIEMPO PERDIDO

Hoy, casi dos semanas después de la ruptura con mi bella dama, he vuelto a curiosear su perfil en facebook. Sé que no debería haberlo hecho, pero me ha podido la nostalgia. Es curioso, desde hace algunos años dejamos de ser amigos por allí, pero siempre mantuvimos el contacto por messenger, instagram o whatssap. Ahora, por supuesto, estoy bloqueado en todos esos sitios, pero puedo seguir viendo sus fotos.

Es duro romper las cadenas que te han unido a una persona durante tantos años, que han ido conformando una relación tóxica, en la que tú dabas, el otro recibía, pero no había ningún intercambio. Ella fue mi refugio contra la soledad, y la manera en que conseguí reconstruirme años después de otra gran traición. Ella lo fue todo, pero yo no fui nada...

Le mandé un par de cartas después de que me bloquease tras uno de sus salvajes y recurrentes ataques de celos, y al ver que no se pasaba a recoger el paquete con su último regalo (un precioso vestido veraniego), le mandé un mail con la última misiva. Ella me respondió enseguida, con un correo surrealista, y yo le mandé la primera carta, la que supuse que más le había dolido. Allí le explicaba entre otras cosas que estaba en mi perfecto derecho de tener buenas amigas (le especifiqué que sin derecho a roce, por supuesto), y que me había cansado del tipo de relación que manteníamos, por lo que consideraba que era mejor quedar como amigos.

Vale, que al final de poco sirvieron las cartas que le había mandado a casa de sus padres, la primera el 18 de julio, ya que ella llevaba más de un mes y medio sin pasarse por allí. A todos los efectos, rompimos por mail. Pero yo creo, que las relaciones hay que cuidarlas mucho, mantenerlas, dar pequeños pasos, o como poco responder a las cartas que durante dos años le estuve mandando para animarla y que existiera algún tipo de comunicación entre nosotros al margen de los mensajes virtuales. Eso por no hablar de los regalos, muchos de ellos de escaso valor, en santos, cumpleaños, otros sin excusa real, pero todos con la mejor intención, la de demostrarle mi cariño y mi amor incondicional.

Quizás lo hice mal, me equivoqué. Las relaciones a distancia no suelen funcionar, sobre todo si uno de los dos se niega a permitir un mayor contacto, una triste visita. Pero creo que el peor error que tuve fue el comulgar con ruedas de molino, y mandar mis naves a luchar contra los elementos. Darlo todo sin pedir nada a cambio, cuidarla y mimarla, estar siempre allí, para lo bueno y para lo malo, a distancia pero a pocos caracteres de su corazón. Operaciones, enfermedades, oposiciones, bodas, viajes... Ella fue la presencia constante, por ejemplo, en mis visitas por Sicilia, Escocia, Florencia, o sin ir más lejos, la playa de Gandía o numerosas ciudades por España. Siempre le mandé algo que pudiera gustarle, siempre la tuve presente. Era mi adicción. Todavía la sigo queriendo, como a una vieja y buena amiga (que no en vano nos conocimos hace 14 años, y llevo 7 enamorado de ella).

Curiosamente, lo que más me costó fue el borrar la larguísima cadena de mensajes por messenger, que conservaba desde el día en que nos conocimos, y ella me pidió amistad. ¡Hemos pasado por tantas cosas juntos pero separados! Porque ella siempre se negó a que yo fuera a verla a Granada, quitando ese fin de semana de hace más de 6 años en que la sorprendí en su trabajo. 

He aprendido la lección. Ahora toca irme reconstruyendo poco a poco. Y no volveré a abrir mi corazón sin recibir algo a cambio... Y mientras tanto, su melena pelirroja seguirá ondeando con la brisa del Mediterráneo...

viernes, 11 de agosto de 2023

EL PRECIO DEL SILENCIO

Lo reconozco, padezco de ansiedad social. Sobre todo en las redes de mensajería instantánea, como Whatssap o instagram, me pone de lo más nervioso que me dejen en visto. El dichoso doble check azul, casi siempre, se convierte en una fuente de estrés si no me responden pronto, bueno, dentro de un margen de tiempo razonable. Quizás pienso que todo el mundo dispone del mismo tiempo libre que yo, o le doy demasiada importancia a mis mensajes de buenos días. ¡Si al menos uno de ellos fuera lo bastante urgente, lo comprendería!

Pero es por el silencio. Por esa impresión de abandono que me da cuando pasan los minutos y no hay respuesta. 

En estos dos últimos días, me han regañado por ese motivo. Una de las veces, simplemente me han mandado un bonito emoticono con la carita sonriente y una cremallera en los labios. Mensaje recibido.  Tampoco pido tanto, ¿sabes? Un poquito de cariño, de complicidad, de eso que hacía nuestra relación distinta de las demás, y le daba un valor especial. Ese poquito de locura, esos pequeños planes... Porque de lo contrario... Chao muy buenas como la cosa siga así.

La otra me lo han explicado desde el cariño y la amistad, y lo he entendido. Incluso he subido un cartelito sobre el tema en Facebook. Y he tardado casi seis horas en volver a mandar un mensajito. Estarás contenta, G. Te voy haciendo caso.

Quizás en buena parte se derive de mi miedo patológico a la soledad. O a mi necesidad de recibir muestras de cariño. Me voy haciendo mayor quizás para las redes sociales, ¡pero me divierto tanto! También es por esa necesidad de comunicarme, cuando en mi trabajo lo único con lo que me encuentro son barreras, el uniforme en ocasiones puede ser muy solitario.

Pero he sido un chico bueno, perrito bueno guau guau, y me he dedicado casi todo el resto de la tarde a leer, sin prestar atención al móvil más de lo estrictamente necesario, y alguna ojeada ocasional a las otras aplicaciones. Así que he avanzado mucho en la lectura. No hay mal que por bien no venga. No sé, quizás con algo de entrenamiento complementario lo consiga. De momento, voy a apagar de nuevo el móvil (lo he tenido que encender por la puñetera identificación en dos pasos que me exige blogspot cuando pretendo escribir algo desde casa), y a seguir leyendo mientras hago la bicicleta estática.

lunes, 7 de agosto de 2023

FINALES Y COMIENZOS, TAL VEZ...

Dicen que las personas no cambian. Yo creo que evolucionan, que poco a poco van descubriendo aquellas cosas, personas o situaciones que les hacen felices, en las que se sienten plenos y confiados, y que un buen día, el cambio puede suceder. Como si se abriera la puerta de un armario tenebroso, y en lugar de pieles ajadas y botas en desuso, contuviera el camino hacia Narnia. Quizás un poco de eso sea lo que me ha pasado en los últimos días o semanas.

Decides poner fin a una relación tóxica, a una dependencia que se remonta a varios años, de un dar pero nunca recibir. Y te duele, en el corazón y en el alma, de forma casi física. Incluso te dan ataques de ansiedad que no te corresponden. Sí, así de tonto es el amor moribundo, pero es necesario seguir adelante, buscar un camino, rodearse de los buenos amigos, y a veces, basta con dejarse llevar.


En ello estoy ahora mismo. Recuperando el gusto por la escritura, por la lectura, por una buena comida con gente a la que quieres y con quienes te sientes a gusto. Descubrir facetas ocultas, la más maternal y familiar, es muy importante. El placer de una buena charla. Los peques haciendo trastadas por el jardín, bajo la atenta mirada de S. Ya te digo, un gustazo.

Y luego el domingo, un largo viaje en metro (casi tan duro como el de Ferdinand Céline), desayunar en un bar atestado, una pequeña aventura por el Rastro (muy lleno a partir de las once de la mañana), más metro, comer una hamburguesa excelente, y una curiosísima película de animación china (El reino de terracota, de lo más recomendable). Todo ello, por supuesto, en compañía de una persona especial, cuyas otras facetas empiezas a conocer.

¿El resultado tras un fin de semana tan completo? Las pilas cargadas, algún que otro sueño, planes para septiembre, y un turno de doce horas que casi se me ha pasado volando...

Quizás al árbol viejo y maltratado y marchito por tantas desilusiones y momentos duros le estarán naciendo nuevos brotes y hojas...

Nunca se sabe...

La vida es así, mi Pequeño Saltamontes...