A pesar de todos los intentos y las trampas que me pone la realidad para hacerme caer, sigo soñando, y luchando por esas ideas que me dan la vida. Ya no se trata solamente de conseguir una buena cantidad de dinero gracias a la primitiva (que por cierto ya tengo unas cuantas personas con quienes mi corazón me pide compartirlo), puesto que estoy casi convencido de que no es posible. A pesar de todo, sigo jugando trece euros a la semana, y las noches de los domingos suelo dormir como un bebé. Si seré tonto que lo primero que pienso al despertar es en la de vidas que podría cambiar.
Intento ahorrar un poquito cada mes, con las huchas que me ofrece mi banco, y cada una de ellas tiene su objetivo. Tengo una destinada a financiar el futuro viaje a Irlanda, que incluso he visto en la agencia, y comprobado las fechas en las que se celebra. Hace mucho tiempo que no voy al extranjero, la última vez fue a Sicilia, antes de la pandemia. Luego otra para las vacaciones de verano. Me temo que este año tocará ir en el mes de julio a Gandía, con toda la familia, lo que no me entusiasma. Una tercera para el santo de mi madre. Otra para la mudanza y la pequeña reforma cuando me mude a mi casa.
Luego, estoy pensando en cursar un micro módulo de psicología por la UNED a partir del mes de septiembre. Un poco por cerrarle la boca a mi madre, que sigue pensando que no hago más que desperdiciar el tiempo libre. Claro que para ella ni la literatura ni la poesía son algo valioso, y por supuesto no tiene en cuenta el que haya enviado mi novela de vampiros a un par de editoriales, ni todo el tiempo que me he pasado corrigiendo y editando el manuscrito, con bastante ayuda de mi prologuista y de mi correctora. Pero también porque es un campo que me atrae muchísimo, y que con mis largos años de terapia, y la facilidad que tengo para escuchar a las personas e ir sacando detalles de sus vidas, estimo conocer bastante bien. No pienso dedicarme a ello, ni mucho menos, aunque el conocimiento no ocupa lugar.
Del amor, mejor no hablamos. Tengo gran parte del corazón vacante, y tampoco siento un especial interés en volver a enamorarme. Me refugio en la amistad, en los pequeños detalles, y el truco consiste en no pedirle a nadie más de lo que está dispuesto a dar o a recibir. Vale que puedo ser un poquito agobiante, porque me encanta hacerle regalos a los buenos amigos, pero es algo que pretendo corregir. En el fondo, lo único a lo que aspiro es a ser moderadamente feliz, soy así de original.
Me hace mucha ilusión el proyecto que hemos puesto en marcha Gisela y yo, la velada poético musical del sábado 7 de octubre, a las 21:00, en el pub Aleatorio de Madrid, calle Ruiz número 7, justo al lado de Bilbao. Llevo unos cuantos años escribiendo poesía, y es la ocasión perfecta de presentar mi último poemario. Gisela está preparando su primera antología, la he estado editando, y me ha parecido súper interesante. Con lo tímido que soy y lo mal que se me da hablar en público, va a ser todo un reto. Por supuesto, si te apetece venir y estás por Madrid en esas fechas, estás más que invitado.
Me gusta plantearme pequeños retos, hace mucho tiempo que dejé de soñar a lo grande, tampoco lo necesito. Quizás ese sea el secreto de una buena vida. Ser más realista, agradecer lo que tienes, disfrutar con las personas que te rodean, y seguir adelante. Con eso, algo de música para romper el silencio de la madrugada, y un buen libro para los momentos en los que necesitas escapar de la vida, poco más se puede pedir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario