Hoy, casi dos semanas después de la ruptura con mi bella dama, he vuelto a curiosear su perfil en facebook. Sé que no debería haberlo hecho, pero me ha podido la nostalgia. Es curioso, desde hace algunos años dejamos de ser amigos por allí, pero siempre mantuvimos el contacto por messenger, instagram o whatssap. Ahora, por supuesto, estoy bloqueado en todos esos sitios, pero puedo seguir viendo sus fotos.
Es duro romper las cadenas que te han unido a una persona durante tantos años, que han ido conformando una relación tóxica, en la que tú dabas, el otro recibía, pero no había ningún intercambio. Ella fue mi refugio contra la soledad, y la manera en que conseguí reconstruirme años después de otra gran traición. Ella lo fue todo, pero yo no fui nada...
Le mandé un par de cartas después de que me bloquease tras uno de sus salvajes y recurrentes ataques de celos, y al ver que no se pasaba a recoger el paquete con su último regalo (un precioso vestido veraniego), le mandé un mail con la última misiva. Ella me respondió enseguida, con un correo surrealista, y yo le mandé la primera carta, la que supuse que más le había dolido. Allí le explicaba entre otras cosas que estaba en mi perfecto derecho de tener buenas amigas (le especifiqué que sin derecho a roce, por supuesto), y que me había cansado del tipo de relación que manteníamos, por lo que consideraba que era mejor quedar como amigos.
Vale, que al final de poco sirvieron las cartas que le había mandado a casa de sus padres, la primera el 18 de julio, ya que ella llevaba más de un mes y medio sin pasarse por allí. A todos los efectos, rompimos por mail. Pero yo creo, que las relaciones hay que cuidarlas mucho, mantenerlas, dar pequeños pasos, o como poco responder a las cartas que durante dos años le estuve mandando para animarla y que existiera algún tipo de comunicación entre nosotros al margen de los mensajes virtuales. Eso por no hablar de los regalos, muchos de ellos de escaso valor, en santos, cumpleaños, otros sin excusa real, pero todos con la mejor intención, la de demostrarle mi cariño y mi amor incondicional.
Quizás lo hice mal, me equivoqué. Las relaciones a distancia no suelen funcionar, sobre todo si uno de los dos se niega a permitir un mayor contacto, una triste visita. Pero creo que el peor error que tuve fue el comulgar con ruedas de molino, y mandar mis naves a luchar contra los elementos. Darlo todo sin pedir nada a cambio, cuidarla y mimarla, estar siempre allí, para lo bueno y para lo malo, a distancia pero a pocos caracteres de su corazón. Operaciones, enfermedades, oposiciones, bodas, viajes... Ella fue la presencia constante, por ejemplo, en mis visitas por Sicilia, Escocia, Florencia, o sin ir más lejos, la playa de Gandía o numerosas ciudades por España. Siempre le mandé algo que pudiera gustarle, siempre la tuve presente. Era mi adicción. Todavía la sigo queriendo, como a una vieja y buena amiga (que no en vano nos conocimos hace 14 años, y llevo 7 enamorado de ella).
Curiosamente, lo que más me costó fue el borrar la larguísima cadena de mensajes por messenger, que conservaba desde el día en que nos conocimos, y ella me pidió amistad. ¡Hemos pasado por tantas cosas juntos pero separados! Porque ella siempre se negó a que yo fuera a verla a Granada, quitando ese fin de semana de hace más de 6 años en que la sorprendí en su trabajo.
He aprendido la lección. Ahora toca irme reconstruyendo poco a poco. Y no volveré a abrir mi corazón sin recibir algo a cambio... Y mientras tanto, su melena pelirroja seguirá ondeando con la brisa del Mediterráneo...

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