domingo, 5 de noviembre de 2023

POR TODO LO QUE CALLAMOS

Nunca mejor que el día de hoy, sin importar cuándo leas estas líneas, si es que las lees, claro, para brindar por los silencios. Son más necesarios que nunca, si se mezclan los sentimientos. Y soy todo un experto en ello. Tengo ansias de absoluto con la dueña de mis pensamientos, y sin embargo, intento demostrarlo con acciones, me parece lo más inteligente. Además de no decirle abiertamente cómo me siento, y lo que hace despertar en mi corazón. Infiel corazón de poeta, que es capaz de servir a dos amas tan distintas, puesto que hacen surgir la mujer ideal.

Nunca he tenido demasiado clara la diferencia entre la amistad y el amor, quizás porque he terminado enamorándome de muchas mujeres, algunas de ellas previamente se habían convertido en mis amigas, y con otras el cambio se produjo después. Se van metiendo poco a poco debajo de mi piel, entre mis músculos, hasta llegar a mi baqueteado corazón, y allí anidan, a salvo y poderosas, en el refugio privilegiado pero con muchas compartido.

Debe ser muy hermoso amar y ser amado, hace algunas entradas las protagonistas eran las cuatro mujeres que en algún momento y de alguna manera me correspondieron. En otras ocasiones, las protagonistas fueron los amores imposibles, que de eso sé bastante, incluso en la actualidad. Sí, yo creo que las cosas hay que demostrarlas, porque las palabras se las lleva el viento.

Conozco muy bien el poder de las palabras, sobre todo de las que se pronuncian en voz baja y casi al oído, en la intimidad creciente, que no en vano llevo años utilizándolas. Pero en estas últimas semanas, los protagonistas, la forma de comunicación, son los mensajes de WhatsApp. Es un invento de lo más práctico, te permite grabar tu voz, y eso es algo que permanece.

Hace ya tantos años, en el periodo más feliz profesionalmente de mi vida laboral, fui locutor de radio, por un tiempo efímero, poco más de tres meses, en los informativos locales de Radio Nacional de España, a las órdenes de la genial María Jesús Cañellas. Yo era feliz, porque contaba con su confianza, y aproveché para hacer lo que más me gustaba: contar historias. Eran pequeños reportajes que se emitían en las pausas para las noticias locales de los informativos de Radio Cinco Todo Noticias. Hablé de muchas cosas: desde la historia de Mariquita Pérez, hasta los juegos de rol, pasando por el abandono de mascotas, la importancia de la lectura para los niños, incluso un especial sobre un hospital para muñecos. Han pasado casi treinta años desde aquél entonces, pero es algo que sigo echando de menos. Volver a la radio, sigue siendo uno de mis sueños, que tal vez cumpla este año.

Ahora me he metido en otra pequeña locura: me he metido en un curso de counselling, avalado por una importante universidad española. No es de momento algo a lo que piense dedicarme, en todo caso, no de manera profesional, y seguiré manteniendo mi trabajo habitual, pero me hace ilusión. Luego me gustaría hacer un par de módulos complementarios, ya les he echado un ojo. Siempre me he sentido bastante interesado por la psicología, tal vez por mi larga experiencia como paciente, o porque se me da bien escuchar a la gente, y hacer que hablen. Ya os iré contando.

¿Pero qué tienen que ver estos últimos datos con el título de esta entrada? Bueno, porque llegan nuevos tiempos, lo siento en los huesos, y hay que estar preparado. Porque no tenemos nada más que el presente, y hay que disfrutarlo. Porque sé mucho de amores fronterizos, estoy experimentando con gran fuerza uno de ellos en este momento. Y porque estamos a domingo por la mañana, he dormido poco y mal, noto una brutal jaqueca, y me apetece compartirlo con vosotros...

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