jueves, 16 de noviembre de 2023

EN LA MADRUGADA

Madrugada. El camión de limpieza está regando por segunda vez la calle, pero en la otra acera, una parejita muy joven y muy borracha está sentada en el suelo, entre dos coches. Hace un par de horas, el estado de la chica ya era lamentable, mientras se preparaba un porro entre los coches. No debe tener más de 22 años, y el chico por el estilo. ¿Qué demonios impulsa a dos niños a ponerse en ese estado, un viernes a las 4.25? ¿Qué tipo de vida les espera? ¿No tienen nada mejor que hacer? ¿En qué estado llegarán a sus casas? 

¿Y a mí que coño me importa?

Quizás sea porque veo las cosas desde la experiencia que me dan los 53 años sobre esta tierra tan extraña, o porque siempre he sido un extranjero, incluso un extraño. Que yo recuerde, tan solo un par de veces en todo este tiempo me he puesto tan borracho como están ellos, amaneciendo incluso una noche en el cuarto de baño, abrazado a la taza, con un hilo de vómito entre los labios. ¡Pero conseguimos esa camiseta que te daban en el Rastatoo, si te tomabas 10 copas! Mi colega, un antiguo amigo a quien no veo hace más de dos décadas, emprendió un nuevo camino.

Y yo, bueno, yo también. Ojo, que sí fui a unas cuantas fiestas. Recuerdo, y con cariño de mi etapa universitaria, otra fiesta, en un ático de la calle Príncipe de Vergara. Todos disfrazados, yo con un esmoquin de mi padre, la capa de mi abuelo, algo maquillado de blanco y con unos dientes de plástico que compré en Antojos, una tienda de chuches cercana a mi casa, que luego cerró, abriendo en su lugar una clínica dental. Pero sigamos en la fiesta, allí conocí a una chica preciosa, disfrazada de gatita, con quien estuve bebiendo en la barra, eso cuando no preparaba alguno de mis cócteles improvisados para algún valiente. Y estuve un buen rato persiguiendo a otras chicas, empeñado en morderles el cuello, entre grandes risas...

En cuanto a las drogas, bueno, algún que otro porro compartí con los compañeros del cuartel, durante mi paso por las Boinas Verdes, en la Base de San Pedro, muy cerca de Madrid. GOE 1, COE 11. Posiblemente los meses más frustrantes y absurdos de toda mi vida. Allí, entre durísimos entrenamientos, con pista americana incluida (de los que no participaba por una operación de la rodilla izquierda que nunca terminó de curar del todo bien), era muy frecuente el consumo de alcohol y de drogas en la cantina de la base. Más de una vez, las mesas cuadradas aparecían completamente llenas de botellines de cerveza, y vi a varios compañeros, uniformados por supuesto, y fuera de servicio, terminar borrachos como cubas...

Con esto quiero decir que no siempre he sido un ángel, y dudo mucho que lo sea ahora. Pero sí me precio de haber perdido el control debido al alcohol tan solo 2 o 3 veces. Ni siquiera en las escasísimas ocasiones que me fui de fiesta por Malasaña con los "colegas" en mis últimos años de instituto, llegué a emborracharme como la parejita de antes, que se han ido dando tumbos por la calle.

Nunca he sido un gran bebedor, de joven me gustaba el vodka con zumo de piña o de naranja, o bien el tequila sunrise, con su melocotón y su granadina. Al no poder tolerar ninguna bebida con gas, me libré de los cubata de garrafón, o del infame kalimocho artesanal en cualquier aparcamiento frente a un centro comercial o en las plazas y calles oscuras del centro de Madrid. Ahora, tengo en casa una botella de Malibú en el armario del pasillo, de vez en cuando me tomo una copa con zumo de naranja y una buena cantidad de hielo, mientras veo una película en Movistar.

Para muchos, habré sido un aguafiestas, un aburrido, o incluso el raro del grupo, para mi ex sin duda lo era. Por eso siempre procuraba limitar mis interacciones sociales, y con un deseo de mantener el control, la lucidez, de mi cuerpo y de mi mente. 

Eso sí, durante muchos años estuve fumando como un carretero, empecé a los 13, con un tabaco negro infame, H.Upman, que le regaló un paciente ceutí a mi padre, que era médico. Con la muerte de mi padre, entre pavorosos sufrimientos debidos a un cáncer de lengua, que se lo llevó por delante en poco más de 6 meses, dejé de fumar durante 10 años. Volví un par de años, el primer cigarrillo fue por puro aburrimiento en el umbral de la nave de HRT. Primero le pedí uno a la señora de la limpieza, luego a un compañero, y allí me enganché de nuevo. Luego, lo volví a dejar cuando nacieron mis sobrinas, y desde entonces llevo más de 9 años limpio. 

Me incomoda cada día más el olor que deja el tabaco sobre la ropa y la piel de quienes me rodean, huyo de los fumadores, incluso de mi chica si está fumando. Luego, no hay nada que no se arregle con un par de buenas gárgaras de Listerine, pero besar esa boca con aliento a humo no me entusiasma, y ella lo sabe. Por eso evita fumar aquellos días en que nos vemos.

Son ya las 4.44 de la madrugada, esas cifras capicúas me han acompañado muchos años. Me suelo despertar varias veces por noche. Hubo una temporada que lo hacía a las 2.22, a las 3.33 y a las 4.44, de manera sistemática. Ahora, simplemente me cuesta horrores conciliar el sueño, y me persiguen las pesadillas. Cambiar de turno cada semana no ayuda. Pero me hace ilusión, en madrugadas como esta, pensar que estoy protegiendo, en la distancia y de manera virtual, los sueños de la mujer a quien amo, aunque ese sería un buen tema para otra reflexión.

Y mientras me preparo para abrir de nuevo el libro de lectura, cosa que haré en cuanto publique este escrito, sigo el rastro de la pareja en las cámaras de seguridad que apuntan a la calle y dan la vuelta casi a todo el edificio. Soy el vigilante que acecha en la madrugada. Soy el guardián de la noche sin luna ni estrellas. Soy la figura que se funde entre la niebla. 

¡Soy el puto Batman!

miércoles, 15 de noviembre de 2023

SOBRE ESA MARAVILLOSA MEZCLA

Escuchando a Louane, con su voz dulce y aterciopelada, cantando en francés, es inevitable que lleguen los buenos sentimientos. Aunque tal vez se deba a esa conversación tan interesante con mi persona vitamina principal (tengo otras dos más, pero ella es en tantos sentidos única y especial), que ha servido para aclarar algunos conceptos y fortalecer las bases de la amistad que nos une.

Nunca he tenido demasiado clara la diferencia entre la amistad y el amor. Para mí son conceptos, y sobre todo sentimientos, tan complementarios y tan complejos, que los confundo. Y eso de vez en cuando me ha generado problemas, los amores no correspondidos duelen. Pero en esta ocasión es distinta, porque en toda relación de amistad hay una importante dosis de amor; y para que el amor triunfe es imprescindible que la base sea una amistad fiel y certera. Y estamos viviendo esa situación tan especial, con una fuerza e intensidad que quizás ambos considerábamos imposible. Y nos dejamos llevar, descubriendo cada día cosas nuevas, sentimientos que nos unen. 

Seguimos adelante, sentando las bases para un futuro prometedor, y ayudándola a luchar por él cada día. Que a fin de cuentas, esa es la función de un amigo a toda prueba, de una persona vitamina, y por qué no decirlo, de un hermano mayor. "Casi un mellizo", según me dijo ella hace un par de horas. Así de especial es lo que nos une...

Cierto que hay algunos sentimientos que nos separan, pero tampoco es tan importante. Es cierto que la amistad entre hombre y mujer puede ser complicada en algunas ocasiones, pero yo la he vivido un par de veces antes, y fueron experiencias maravillosas. ¿Por qué esta vez es diferente? Quizás tenga que ver con la madurez que te da la edad, con esa sabiduría de la que tanto se habla, o por hallarnos en una experiencia vital, en un contexto, que resulta propicio. Y seguimos adelante, con sueños y proyectos, con objetivos y metas, con momentos compartidos, risas y llantos incluidos. Siendo plenamente conscientes de la situación que estamos viviendo, de esta mezcla privilegiada de sentimientos...

martes, 14 de noviembre de 2023

LA ÚLTIMA PROMESA

 LA ÚLTIMA PROMESA.

 

Allí está ella. Tumbada en la cama. Con la cabeza reclinada sobre las almohadas. Al entrar en la habitación pienso que está dormida. Pero ha intuido mi presencia, porque sus ojos se abren lentamente, sus labios se separan en una sonrisa, y su voz, que tanto me ha dado en los últimos años, se oye débilmente…

 

“Hola, al final has venido. Pensé que después de tanto tiempo ya no te acordarías de nuestra promesa.”

“¿Cómo podía dejarte sola, mi hermosa dama?”

“Mi hermosa dama. Tú y tus manías.”

“Para mí, siempre estarás hermosa… y siempre serás mi dama…”

“Adulador. Pero si debo estar espantosa, con este camisón de hospital abierto por detrás, y sin maquillaje.”

 

Solo en ese momento me doy cuenta de dónde estoy. En la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Nuestra Señora de Granada. Las máquinas pitan suavemente, siguiendo el ritmo de su corazón, y el leve borbotear del oxígeno se convierte en la música de fondo de nuestro primer encuentro.

 

“Mi hermosa dama- le digo al cogerle la mano derecha, con cuidado porque en ella tiene puesta la vía- he venido en cuanto recibí tu mensaje. Llevaba tanto tiempo esperándolo… Y mira que fueron unas pocas palabras: ven. Te necesito. Y luego, la dirección del Hospital.”

“Siento mucho que nos conozcamos de esta manera. Pero necesito una persona me quien confiar, y durante todos estos años de relación me lo has demostrado. Quizás debería haber dado mi brazo a torcer antes, pero tenía mucho miedo…”

“¿Miedo de qué?”

“De no gustarte. De que se rompiese la magia. De resultarte aburrida. De…”

“No lo digas, mi hermosa dama. Sabes que siempre has sido la única, la dueña de mi pequeño corazoncito. Siempre te he esperado.”

“Lo sé- me dijo entre lágrimas-, y no será por veces que te haya dicho lo contrario. Que vivieras. Que te enamoraras de otra, que estuviera sana y te pudiera corresponder.”

“Pero no te hice caso…”

“Es cierto, no me hiciste caso. Y ese es un peso que sigo cargando incluso ahora. Pero tienes que prometerme dos cosas.”

“Lo que quieras.”

“Luego te las digo. Ahora me apetece recordar. Mi vida contigo.”

“¿Nuestra vida juntos? Pero si nos acabamos de conocer…”

“La que soñé a tu lado. No te imaginas hasta qué punto el leerte cada mañana y cada noche se había convertido en uno de los pilares de mi existencia. A veces tenía miedo de perderte, por culpa de mis silencios…”

“Ya te dije mil veces que eso no sucedería- le digo, mirándola a los ojos-, que tenía mucha paciencia, y que mi amor no era flor de un día.”

“Lo sé. Me lo has demostrado. Pero tienes que comprender que mi corazón estaba destrozado. Que necesitaba sobre todo un buen amigo. Alguien en quien confiar. No me atrevía a entregarte mi corazón, a amar de nuevo. Ese sentimiento se ha ido convirtiendo en mi obsesión. Tenía que verte por última vez. Y decirte que te amo. ¿Te importa darme un poco de agua?”

 

Me temblaban las manos al alejarme de la cabecera de su cama para llenar un vaso de agua con la jarra que estaba en la otra mesilla de la habitación. ¿Que me amaba? Hace algunos años, o unos meses siquiera, habría sido un revulsivo para toda mi existencia. Pero ahora…

 

“Ten cuidado, que el agua ya está rebosando un poquito”- me dice, suavemente, con su voz cascada. Me inclino sobre ella, y le doy de beber, usando la pajita del zumo. -

“¿Está buena? ¿Está lo bastante fresca? Si quieres pido un poco de hielo en el control de enfermeras.”

“No te preocupes, está buena. Además, no quiero que te vayas, no sé cuánto tiempo permaneceré despierta con esta medicación… ¿Por dónde estábamos?”

“Por nuestra vida juntos, la que siempre imaginaste.”

“Es cierto, Ismael. Muchas veces, sobre todo al principio, imaginaba que un buen día, y a pesar de mi prohibición expresa de que vinieras a Granada, un buen día te plantarías en la puerta de mi casa, con un ramo de rosas y tu sonrisa de chico malo. Otras, cuando veía una puesta de sol en nuestro amado Mediterráneo, pensaba en ti, en lo mucho que me gustaría compartirla contigo. O cuando visité Barcelona aquel verano.”

“Pero nunca me lo dijiste, Yolanda. Y ahora, cuando por fin nos conocemos en persona, tal vez sea demasiado tarde.”

“Nunca es tarde para un primer beso”- me dice, entrecerrando los ojos. –

 

Y me inclino sobre ella, suavemente, consciente de que el más mínimo movimiento puede causarle dolor. Nuestros labios se encuentran, fugazmente. ¡Cuántas veces no habré soñado con aquel momento, y ahora, cuando por fin se convierte en realidad, es un beso que sabe a despedida!

 

“¡Tu boca sabe a regaliz jajaja! ¿Sigues a base de chicles de menta y caramelos de regaliz, después de tantos años?”

“Veinte años sin fumar, y todavía sigo con el mono, Yolanda. Incluso ahora siento que me fumaría uno.”

“Pero debes de ser fuerte, Ismael, por los dos. Porque lo vas a necesitar para llevar a cabo mis promesas.”

“Las que tú quieras.”

“Quiero que sepas una cosa. Que me arrepiento en este momento, y en muchos otros, de no habernos conocido antes. Pero siempre tuve miedo de decepcionarte. De no gustarte. Por eso he preferido mantener la distancia. Ir reforzando poco a poco nuestra amistad. Para pedirte este favor. Pero antes, ¿te importa incorporarme un poco? Estas almohadas de hospital no son nada cómodas.”

Y me inclino sobre ella otra vez. Primero coloco las almohadas, luego la sostengo por los codos y la pongo cómoda. Nunca ha pesado mucho, pero ahora… de repente, tengo ganas de llorar. Por ella. Por mí. Por nosotros. Por tantos momentos no vividos. Por tantos sueños rotos. La incorporo suavemente, y seguimos hablando.

“Gracias, ya estoy mejor- me dice. - Este es el primer favor que te pido. Que me desconectes de esta máquina…”

“¡No lo pienso hacer!”

“Sí lo vas a hacer… porque me amas… Los médicos dicen que puedo durar en este estado varios meses, pero que no tengo ninguna posibilidad de curación ni de mejoría. Solo una deterioración paulatina, inevitable y tremendamente dolorosa de mi cuerpo, pero manteniendo la mente a ratos lúcida cuando no me hagan efecto los mórficos. Pero yo estoy cansada de sufrir. Llevo toda la vida luchando con esta maldita enfermedad. Y no tengo a nadie, salvo a ti, para que me libere.”

“Yolanda, no puedo hacerlo, ni aunque quisiera. Además, si te desconecto, saltarán las alarmas, vendrán las enfermeras y los médicos.”

“No pasará nada si tú te conectas los sensores del electrocardiógrafo. Percibirán el ritmo cardiaco adecuado, no sonarán las alarmas en el control de enfermería, y yo podré irme en paz.”

“Yolanda, no me lo pidas…”

“Ismael, me lo prometiste. Y tú siempre cumples tus promesas. Además, me debes de todas formas otro favor, ¿recuerdas? Pues bien, es muy sencillo: quiero que sigas viviendo, que seas feliz, que te compres otro gato, que vayas a ver a Montse. Que vivas.”

“Yolanda, sin ti, la vida, no tiene sentido.”

“Por eso te he pedido que me lo prometas. Y ahora, ayúdame. No quiero sufrir más”, - me dice, acariciándome suavemente la mejilla-. “Por favor”.

 

Sin pronunciar una sola palabra, me inclino sobre ella, y le voy quitando uno tras otro los sensores cardiacos. Sus pechos son como melocotones maduros, de pequeña aureola, y aspecto sedoso. Tantas veces soñando este momento, y será el último. Me extraña que no salten las alarmas, porque tengo el corazón a mil. Pero hago lo que me pide. Luego, al mismo tiempo que se deslizan por mi cara las primeras lágrimas, compruebo que la puerta de la habitación siga estando cerrada, y desenchufo la máquina.

“¿Sufrirás? “– le pregunto en voz baja-.

“No, amor mío –me responde-. Será como dormirme. Y si hay algún mañana, te estaré esperando. Ahora, bésame por última vez…Y abrázame”

“Te amo, Yolanda. Así en la vida como en la muerte.”

 

Y se fue. Se murió. Dejó de respirar. Entre mis brazos. En la habitación blanca e impersonal del hospital. Al cabo de unos minutos, fui al control de enfermería, y les dije que Yolanda (la paciente 26), había muerto. A nadie pareció extrañarle. Incluso diría que una de las enfermeras me miró, como diciéndome “bien hecho”.

Ahora he vuelto a la habitación del hotel. Con la luz apagada, y la débil llama de una vela blanca, mientras quemo un poco de incienso. La botella de vodka que he comprado en la tienda abierta las 24 horas brilla siniestramente. Y el frasco de barbitúricos parece llamarme.

 

Lo siento, Yolanda, no puedo cumplir mi última promesa. Pues sin ti la vida no tiene ningún sentido. Espero que habrá un más allá. Y encontrarte en él. En un lugar y un tiempo alejados del dolor, del sufrimiento. Y quién sabe, a lo mejor Robin Williams tenía razón en su película “Más allá de los sueños”, y vuelvo a encontrarme con Yolanda, de niños, en otra vida, que será indudablemente más feliz. Y si no es posible, tal vez nuestras energías vitales se fundan en una sola, dando lugar a algo nuevo… Cualquier cosa es mejor que esta muerte en vida, que el haber perdido ahora y para siempre a la mujer amada; que haberle arrebatado la vida…

Cuando termine de escribir estas líneas, me beberé el vodka, tragaré uno a uno los barbitúricos, y me tumbaré en la cama, a esperar el amanecer que nunca llegaré a ver.

Te amo, Yolanda.


domingo, 5 de noviembre de 2023

POR TODO LO QUE CALLAMOS

Nunca mejor que el día de hoy, sin importar cuándo leas estas líneas, si es que las lees, claro, para brindar por los silencios. Son más necesarios que nunca, si se mezclan los sentimientos. Y soy todo un experto en ello. Tengo ansias de absoluto con la dueña de mis pensamientos, y sin embargo, intento demostrarlo con acciones, me parece lo más inteligente. Además de no decirle abiertamente cómo me siento, y lo que hace despertar en mi corazón. Infiel corazón de poeta, que es capaz de servir a dos amas tan distintas, puesto que hacen surgir la mujer ideal.

Nunca he tenido demasiado clara la diferencia entre la amistad y el amor, quizás porque he terminado enamorándome de muchas mujeres, algunas de ellas previamente se habían convertido en mis amigas, y con otras el cambio se produjo después. Se van metiendo poco a poco debajo de mi piel, entre mis músculos, hasta llegar a mi baqueteado corazón, y allí anidan, a salvo y poderosas, en el refugio privilegiado pero con muchas compartido.

Debe ser muy hermoso amar y ser amado, hace algunas entradas las protagonistas eran las cuatro mujeres que en algún momento y de alguna manera me correspondieron. En otras ocasiones, las protagonistas fueron los amores imposibles, que de eso sé bastante, incluso en la actualidad. Sí, yo creo que las cosas hay que demostrarlas, porque las palabras se las lleva el viento.

Conozco muy bien el poder de las palabras, sobre todo de las que se pronuncian en voz baja y casi al oído, en la intimidad creciente, que no en vano llevo años utilizándolas. Pero en estas últimas semanas, los protagonistas, la forma de comunicación, son los mensajes de WhatsApp. Es un invento de lo más práctico, te permite grabar tu voz, y eso es algo que permanece.

Hace ya tantos años, en el periodo más feliz profesionalmente de mi vida laboral, fui locutor de radio, por un tiempo efímero, poco más de tres meses, en los informativos locales de Radio Nacional de España, a las órdenes de la genial María Jesús Cañellas. Yo era feliz, porque contaba con su confianza, y aproveché para hacer lo que más me gustaba: contar historias. Eran pequeños reportajes que se emitían en las pausas para las noticias locales de los informativos de Radio Cinco Todo Noticias. Hablé de muchas cosas: desde la historia de Mariquita Pérez, hasta los juegos de rol, pasando por el abandono de mascotas, la importancia de la lectura para los niños, incluso un especial sobre un hospital para muñecos. Han pasado casi treinta años desde aquél entonces, pero es algo que sigo echando de menos. Volver a la radio, sigue siendo uno de mis sueños, que tal vez cumpla este año.

Ahora me he metido en otra pequeña locura: me he metido en un curso de counselling, avalado por una importante universidad española. No es de momento algo a lo que piense dedicarme, en todo caso, no de manera profesional, y seguiré manteniendo mi trabajo habitual, pero me hace ilusión. Luego me gustaría hacer un par de módulos complementarios, ya les he echado un ojo. Siempre me he sentido bastante interesado por la psicología, tal vez por mi larga experiencia como paciente, o porque se me da bien escuchar a la gente, y hacer que hablen. Ya os iré contando.

¿Pero qué tienen que ver estos últimos datos con el título de esta entrada? Bueno, porque llegan nuevos tiempos, lo siento en los huesos, y hay que estar preparado. Porque no tenemos nada más que el presente, y hay que disfrutarlo. Porque sé mucho de amores fronterizos, estoy experimentando con gran fuerza uno de ellos en este momento. Y porque estamos a domingo por la mañana, he dormido poco y mal, noto una brutal jaqueca, y me apetece compartirlo con vosotros...

sábado, 4 de noviembre de 2023

TRASCENDENCIA LIMITADA

    Supongo que una de las principales ventajas de no ser ningún influencer, ni de tener un gran número de amigos o seguidores en las redes sociales, es la relativa irrelevancia de tus actos, mientras no sean ilegales. Puedes hacer lo que quieras. Un día hablas del amor, y recuerdas experiencias pasadas, y tienes seis visionados y ningún comentario. Otro, hablas de la suerte, y son cinco. Escribes una historia de amor, y lo ven dos. Incluso puedes hablar de la muerte con total libertad, subiendo un vídeo a Instagram y a Facebook, y reaccionan treinta personas, de las cuales catorce dejan comentarios. ¡No sabéis cuánto os quiero por ello, pequeños galos insurgentes!

    Va a resultar que es el anonimato el que nos hace libres y felices. Cierto, no me importaría que mis vídeos del 4 de noviembre de 2023 se convirtieran en virales, que de todas formas hablan de una persona que no le tiene miedo a la muerte, y que se prepara para ella cada noche al cerrar los ojos, o cada día si sale del turno vampiro (maravillas del trabajo de vigilante de seguridad).

    Pero no es un mensaje triste, al revés, se trata del testimonio de alguien que está en paz, y que celebra ese pequeño milagro cotidiano que representa el estar vivo.

    Cierto es que en todos mis relatos de la última semana del #microctubre, que por cierto fui de los pocos en completar, hablaba de la muerte, o era ella la protagonista de una u otra manera. Pero no me encuentro ni especialmente triste, ni deprimido, ni inestable. Vivo el presente, y ya está. Me quedan algunos proyectos por cumplir, ella bien lo sabe, y me jodería muchísimo no verla llegar al comienzo de esa nueva etapa en su vida, pero no está en mi mano.

    No me importaría haber sido más afortunado en el amor, pero a cambio, amé a dos mujeres. Cada una de ellas me ofrecía una cosa distinta, pero entre las dos, alcanzaba la plenitud. Opté por la realidad, en vez de un sueño estéril al que dediqué los últimos catorce años. ¿Que en vez del amor sin límites que yo deseaba, y que también ofrecía, conseguí una amistad pura, fuerte e incondicional? ¡Pues bien afortunado que me siento! El deseo pasa, la amistad como manifestación última y superior del amor permanece. En el fondo, de eso se trata el éxito en la vida: en disfrutar plenamente de la amistad incondicional. Todas las demás cosas, son superfluas... 

    Y lo único que te duele es haber dejado pasar tantos años de tu vida, antes de conocerla.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

UN MAL DÍA LO TIENE CUALQUIERA

Al menos, eso dice la sabiduría popular. Pero duele tanto cuando te levantas desenfocado, y por delante tienes un largo día de tristeza y de soledad. Sí, estamos a uno de noviembre, el día de difuntos, y desde hace unos cuantos años, se ha convertido para mí en una fecha de reflexión, casi más importante que el mismo año nuevo.

Se supone que he dormido, tan solo con varios sueños extraños, y tan profundos que me ha sorprendido muchísimo despertarme, en primer lugar vivo, y en segundo, en esta realidad. Antes de cerrar los ojos, estuve haciendo un pequeño balance vital, que ya empezó de todas formas unas horas antes, mientras redactaba el relato final para el Microctubre. Me he dado cuenta de que los de la última semana, en esencia, hablan de la muerte. Será que no estoy demasiado animado en conjunto.


Quizás sea porque añoro muchísimo a mi abuelo y a mi padre, que me abandonaron hace más de veinte años, pero siguen igual o más presentes que la última vez que nos vimos. Uno de ellos murió en paz, con el cuerpo más o menos entero, y acompañado de la familia, en una triste habitación de hospital. Quizás por eso nunca ha podido regresar, se perdió por el camino. Y el otro, en medio de los más atroces dolores, con la mente perdida por la morfina, y solo en su habitación, mientras que mi madre preparaba la comida. Fue el electricista, que estaba realizando unas reparaciones en la casa, quien descubrió su cadáver. Los dos han dejado un vacío inmenso en mi corazón, que se hace incluso más profundo según voy envejeciendo.

Ojo, y eso que no me quejo, en esta vida tengo casi todas mis necesidades cubiertas, vamos, la pirámide de Maslow al completo. Pero hago trampas en el amor, he dividido mi corazón entre dos personas, que se complementan, se mezclan y reparten las tareas. Ambas son tan necesarias para mí como el respirar. Quién sabe, igual en unos meses, las cosas cambian para bien, aunque soy criatura de presente, y por añadidura bastante desconfiado con el futuro. Nada me garantiza, por ejemplo, que mis recurrentes jaquecas no sean provocadas por una malformación profunda en las arterias del cerebro, que hasta ahora no haya sido descubierta, y que pueda morir de un momento a otro por un aneurisma. ¡Qué positivo estoy!

Y todo esto, para deciros que me siento profundamente solo, en el edificio semi desierto. Ni siquiera la música me hace hoy mucha compañía. Por eso, prefiero alejarme de las redes, y seguir adelante, como un burro con anteojeras, mientras suena una dulce música de jazz, y el frío se apodera de mi cuerpo.