Los sentimientos no son un asunto fácil de manejar. Razón y corazón se enfrentan, y tienes que asumir los nuevos límites entre la amistad y el amor. Soy un experto en ese terreno, llevo toda la vida moviéndome en ese campo. En mi se manifestaban tres tendencias: la necesidad de no estar solo, mi gusto por enamorarme, y la seguridad que da la amistad. Por eso, cuando conocía alguna chica que me gustaba, era muy difícil no enamorarme de ella; para aceptar luego mi rol como amigo, si tenía suerte. Ojo, eso no quiere decir que haya estado enamorado de todas mis amigas, pero sí de algunas de ellas. Amores estériles por supuesto, tan solo dos o tres veces he sido correspondido, siquiera de forma temporal.
M.G. se llamaba una de ellas, nos conocimos en un campamento de verano en el pantano de Entrepeñas y Buendía, allá por el año 1984. Una chica italiana, de la ciudad de Rieti, de enormes ojos marrones y rebelde y rizada melena negra. por no variar, yo me sentía atraído por otra chica, la misma que suscitaba el interés de casi todos los chicos y de no pocos monitores, pero el resultado lo puedes imaginar. No le hice demasiado caso a la chiquita italiana, quien sin embargo pasaba casi todo el tiempo posible entre actividades lúdicas conmigo. Nos hicimos amigos, es cierto, e intercambiamos direcciones, pero solamente unos meses más tarde me dijo que estaba enamorada de mi... Conservo las fotos que nos hicimos aquél verano, pero no volvimos a vernos nunca. Años más tarde, a los dieciocho, me concedieron una beca de estudios en Roma, e incluso cogí el tren para darle una sorpresa, fui a la puerta de su casa, pero tuve miedo, y no pulsé el timbre... De todo esto hace más de treinta años, perdimos el contacto... aunque de vez en cuando pienso en ella.
Siempre recordaré a A., la primera mujer con quien hice el amor, y que me introdujo en las delicias del sexo. Era el final del primer año de carrera, y me fui a Inglaterra con el sobrino de una amiga de mi madre, para perfeccionar mi nivel de inglés, que era bastante bueno. Con mis idiomas, estaba convencido de que sería relativamente sencillo conseguir un trabajo, pero resulta que en aquellos tiempos no éramos todavía comunitarios, así que carecía de los papeles y de los permisos. Por ello, me vi abocado a trabajar en la economía sumergida. El primer sitio fue un hospital, el Central London, donde me contrataron como limpiador en una de las salas comunes. Durante unos días, también estuve adecentando los dormitorios en los que se alojaban los médicos residentes, y allí fue cuando coincidimos A. y yo. Una mujer italiana, unos doce o trece años mayor que yo, que desde el primer momento se sintió atraída por mi; y yo por ella... Poco nos faltó para acostarnos por primera vez en una de esas habitaciones; empezamos a hablar, y algunos días más tarde, me ayudó a entrar de manera clandestina en su residencia, en su habitación, y en su cama. Hubo mucha pasión, mucha entrega, mucha paciencia y mucho juego, por lo que la experiencia fue inolvidable. El romance duró varias semanas, hasta que me cambié de trabajo, nos vimos un par de veces más... Nunca supe su apellido, ella prefirió no darme su teléfono, y que todo quedase reducido al sueño de unas cuantas noches de verano. Perdimos el contacto.
Otra chica que supuestamente se enamoró de mi, fue mi ex mujer, F.. Nos conocimos a través de J.A., un amigo en común, en la Plaza Mayor el día de los Inocentes del año 1995. Pero tal y como terminó nuestra relación, con una infidelidad por su parte después de ocho de matrimonio, muchas veces me pregunto si fue sincera conmigo, o si en el fondo le habría servido cualquier otro chico, siempre que viviera en Madrid y le permitiera alejarse de su precioso pueblo extremeño, por el cual no sentía el menor cariño; y de unos padres a quienes no valoraba tampoco. Vale que algo sentiría al principio, y puede que yo también, pero en esencia los dos nos sentíamos solos, aunque más allá del sexo (tan febril y apasionado en los primeros tiempos) y del gato negro que adoptamos, poco más teníamos en común. No compartíamos intereses, ni aficiones o inquietudes... Llevamos doce años felizmente divorciados, ella rehízo su vida, pero no forma parte de la mía.
Sí, en otras etapas de mi vida, me he enamorado, a veces un poquito, otras "hasta las trancas", con distintos grados de correspondencia. Pero creo que la mujer que más me ha marcado durante los últimos años ha sido sin duda la bella I. No fue fácil para ninguno de los dos, el vivir en ciudades distintas no ha facilitado precisamente las cosas, su negativa a embarcarse en una relación más profunda y a que volviera a visitarla lo ha reducido a un intenso amor virtual, con altibajos, y distintos grados de entrega. Ella afirma haberse enamorado de mi desde el principio, hace más de catorce años, y cuando yo estaba (in)felizmente casado, lo que se convirtió en un obstáculo insalvable, pero nunca me lo dijo... Solamente años más tarde, cuando ya había terminado mi relación con F. ella se decidió a contármelo a través de canciones, mandándome la versión de "Algo contigo" de Rosario Flores. El intercambio de mensajes fue intenso, nos conocimos en Facebook y fue ella quien me pidió amistad... Yo me enamoré de ella sin darme demasiada cuenta hace unos nueve años, cuando ya se había metido profundamente en mi vida, y me decidí a dar el salto y plantarme en Granada sin avisar. Tan solo estuvimos juntos unas horas del viernes y del sábado, y nunca nos hemos vuelto a ver. Sus ataques de celos y su indecisión no facilitaban demasiado las cosas, aunque hubo un tiempo en el que estuve a punto de pedir el traslado a su ciudad... Todo terminó hace unos meses, pero me queda el dulce sabor de lo que pudo haber sido...
Sobre el presente, mejor correr un tupido velo. Ya no tengo muy claro el límite entre la amistad y el amor, y me gusta jugar con fuego, incluso a riesgo de quemarme... Pero de ellas, prefiero no hablar, en este momento... Sería material para otra historia, de esas que se tienen que contar al oído...

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