Tengo muy claro que esta madrugada va a ser de lo más interesante. Si la empecé escuchando a Francis Cabrel, con "La quiero a morir", en los dos idiomas; en breve me pondré con Manzanita, y su "Esa cobardía"; para terminar con Rosario Flores y su versión de "Algo contigo."
Tres canciones cuyo nexo de unión es hablar de amor, pero de uno especial, el no compartido, o no confesado, que de esos tengo vastos conocimientos. ¡Qué le vamos a hacer, es lo que pasa cuando eres afortunado en el juego! Llevo dos semanas que gano cincuenta... céntimos en la lotería primitiva, y es evidente que no se puede tener todo. Aunque ya podrían ser cincuenta mil euros, que los aprovecharía con gran cariño y eficacia. Pero mejor no nos desviemos del tema. El amor, silenciado y no expresado.
Todo depende del tipo de amor, y también de la persona hacia quien vaya dirigido. En donde me siento más cómodo es en los límites de la amistad, en ese territorio peligroso, donde todo es posible, cada uno asume su lugar, pero sin embargo... Sin embargo, el corazón es libre.
La de Rosario Flores, hubo unos meses en los que me la mandaba Inma, mi bella dama, y yo no entendía demasiado el por qué de su insistencia, porque hasta mucho tiempo después no me dijo que estaba enamorada de mi, y que con esa canción estaba expresando sus sentimientos. Claro que yo estaba inmerso en una etapa durísima, después de la ruptura con mi ex pareja, y no quería saber demasiado de mujeres. Entre otras cosas, no me sentía valioso; y ella al mismo tiempo pareció considerarlos inapropiados o una chiquillada. Sobre todo no se consideraba digna de que nadie la amase, lo cual no facilitaba las cosas. Resumiendo mucho, después de nuestro encuentro inicial, y a pesar de mi insistencia e interés (porque me enamoré hasta las trancas de ella), no nos volvimos a ver: todo eran excusas por su parte, problemas e inconvenientes. Y al final, bueno, todo terminó de la única manera posible. Celos, enfado, bloqueo, y desde el mes de agosto, cada uno por su lado. En cierto modo, la sigo queriendo, ya que me ayudó a no sentirme solo y a superar mi ruptura. Durante dos años, las cartas semanales se convirtieron en una tradición, ella siempre afirmó que le encantaba recibirlas, así como mis muestras de amor, pero todo ello es historia.
La de Manzanita está muy vinculada con dos chicas cuyo nombre empieza por la letra B. La primera sigue viviendo en la orilla del Mediterráneo, y durante décadas fue mi gran amor imposible. Incluso tuve la fulgurante necesidad de escribir una novela, en la que imaginaba toda una vida a su lado, esa que jamás habíamos disfrutado. Pero ella me veía solamente como un consejero en materia de libros, y como un gran amigo. Sin contar que se casó muy pronto, y tuvo dos preciosos hijos. Me enteré dos años y medio más tarde, en una conversación casual, de que se había divorciado. Yo también era un hombre libre, nuestra amistad estaba consolidada, y creí que todo era posible. ¡Error! Después de hacerme ir hasta aquella ciudad, para vernos de nuevo después de tantos años, optó por no recibirme, y mandarme un espantoso mensaje de Whatssap, despidiéndose de mi. Y claro, la bloqueé, ella me bloqueó, y en ellas seguimos, enfadados desde hace casi un año. La segunda B fue un amor fulgurante, imposible, en buena medida porque yo estaba casado... y ella era lesbiana, aunque de eso me enteré una vez se hubo marchado del trabajo. Lo único bueno es que gracias a ella empecé a escribir en el año 2009, y desde entonces, no he parado.
Y la primera, es un poco en memoria de todos esos amores inadecuados, no expresados, y no correspondidos, que me han ido persiguiendo a lo largo de toda la vida. Desde María, mi primer gran amor en la escuela, pasando por unas cuantas adolescentes en mis años de formación, como la increíble Susana, la dulzura personificada, y que me hacía pensar en la princesa Yasmine, de "Aladino", cuyos recuerdos atesoro en la memoria.
Caras, cuerpos, gestos, sobre todo de los ojos y de las manos. Abrazos, algún que otro beso en las mejillas, paseos, innumerables cafés y desayunos, algún pincho de tortilla de patatas (con cebolla) regado con un Martini blanco a media mañana... Confesiones que se vuelven aceptables con algún adjetivo u adverbio, cuando la verdad lucha por salir entre tus labios y te mueres por besarla. Amores que terminé convirtiendo en amistad, quizás el refugio de los cobardes, o el lugar al que perteneces, y que me hacen profundamente feliz.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario