domingo, 17 de septiembre de 2023

FINAL DE GUARDIA

Dentro de menos de una hora, termina la guardia. Ha sido la sexta de esta semana, lo que a doce horas cada una, implica una bonita cantidad. Pero aquí sigo, despierto, y maquinando. Nada como la oscuridad para darle vuelta a las cosas, encontrar soluciones, o quizás simplemente hablar contigo mismo. He estado bastante entretenido, desde las nueve de la noche con el edificio vacío y cerrado a cal y canto. Y quitando una hora y pico que he pasado tomando café y charlando con Gabriel, el compañero del otro edificio, no he visto a nadie; salvo algunos barrenderos limpiando la calle a fondo, y dentro de un rato vendrá la guardia civil y las grúas, ya que tenemos un evento importante. Claro que me da un poco igual, empiezo mi semana libre, y la tengo bastante ocupada. Me apetece mucho meter el uniforme en la lavadora, y disfrutar de unas horas de bien merecido sueño.

El otro día me preguntaba un amigo si no era duro trabajar tantas horas y pasar las noches en vela. Bueno, después de tantos años, más de veinte en el gremio de la seguridad privada, te acostumbras a todo. Cambias el ritmo y el momento del sueño como de camisa. Si no fuera por el inconveniente de que apenas si puedes ver a nadie, ni familia ni amigos, y de tener que vivir al revés que el resto de los mortales, casi prefiero la noche. Está mejor pagada, y en mi edificio, es más tranquila. Una vez que el parking está vacío y que se ha ido el último agente de bolsa, dispones de tiempo libre para hacer casi cualquier cosa. De todas formas nuestro jefe, Jesú R., nos prefiere activos y entretenidos, así que tenemos su permiso para leer, ver pelis... siempre que no perdamos de vista los monitores de las cámaras y estemos pendientes del sistema. Yo suelo aprovechar para escribir (en los últimos seis meses, he pasado muchas vigilias escribiendo y retocando la novela), leer (aunque me está costando bastante Harry Potter y la orden del fénix en inglés, y eso que tengo un buen nivel) y ver películas (hoy ha sido Aterriza como puedas, y un episodio de la serie Historias del Otro Lado, dirigidas por José Luis Garci). Y ahora, cuando vuelva a casa, mi gato, el agente Zeus, me estará esperando al otro lado de la puerta, y me acompañará a la cocina, para que le de su loncha de jamón York. Luego desayunaré algo ligero, una sopa de sobre y un vaso de agua, y después de los minutos destinados al masaje gatuno, me lavaré los dientes y a la cama. Ese es mi plan cuando estoy en el turno vampiro.

El turno de día no me desagrada, la mayor ventaja es que como tienes que estar muy pendiente del aparcamiento y del personal que accede al edificio, estás bastante entretenido. Solemos trabajar en colaboración con las secretarias de las distintas plantas y empresas. Ejercemos de relaciones públicas en muchas ocasiones, recepcionistas, gestores de paquetería, orientadores para los mensajeros que traen la comida, e intermediarios con el mundo exterior. Desde mi puesto de control veo la calle, al menos en parte, y el resto por las cámaras. Además, tienes compañía durante unas cuantas horas, hablas con el servicio de limpieza y de mantenimiento (aliados naturales del departamento de seguridad), hay tiempo incluso para alguna broma y risas; saludas a los agentes, becarios y jefes de departamentos, a nadie se le debe negar una sonrisa o unas buenas palabras. Me gusta mi trabajo, porque me permite mantener esa distancia social que tanto necesito, y al mismo tiempo ayudar a la gente en lo que puedo; y para alguien tan curioso como yo, no hay dos días iguales.

Mi madre, pese a todo el tiempo que llevo dedicado a la seguridad privada, sigue pensando que el mío es un trabajo de vagos y de maleantes, y no para de decírselo por teléfono y en persona a sus mejores amigas. Estima que he desperdiciado mis años de formación como periodista (incluyendo un doctorado que no terminé y una tesis que sigue estando pendiente), y los tres masters. Parte de razón no le falta. Creo que en lo laboral solamente se sintió orgullosa de mi durante los dos cursos que estuve trabajando de profesor de instituto. ¡Cuánto prestigio! Mi padre murió en aquél periodo, al menos se fue feliz, pensando que su hijo había encontrado un trabajo acorde con su posición social. Él nunca lo aceptó, durante un tiempo su desprecio era tan patente que dejamos incluso de hablarnos. 

Pero yo lo recuerdo de manera distinta, como uno de los peores periodos de mi vida (quizás no tan malo como el mes que pasé haciendo entrevistas por teléfono y recomendando el cambio de aparatos para Telefónica). Nunca he tenido vocación como docente, y tampoco fui un buen profesor. Sí recuerdo a algunos alumnos, como Lucía B, una niña prodigio, que luego mantuvo el nivel por lo que pude averiguar a través de su página de Facebook. Odiaba los jueves, porque debía aguantar al grupo de repetidores de cuarto de la ESO, que estaban mucho más pendientes del despertar sexual y de acosar a las chicas que de otra cosa. Además, siempre me ha costado recordar los nombres de las personas y asociarlos con las caras, ¡imagina dando clases, y encima de francés, a más de ciento sesenta alumnos! El sueldo no estaba mal, pero era lo único.

Sigo pensando que la etapa más bonita de mi vida fue el curso académico durante el que fui alumno de la quinta promoción del Máster de Radio Nacional de España. Tuve la ocasión de conocer a unos profesores de lo más interesantes, como Federico Volpini; y luego realicé mis prácticas en la sección de Noticias Locales, a las órdenes de María Jesús Cañellas, una profesional de raza y tronío. Creo que me llevé bastante bien con los compañeros, pero no mantengo el contacto con ninguno de ellos, que no en vano han pasado más de veinticinco años. Pero sigo recordando la sonrisa de Susana H. y la dulzura de su voz, se parecía tanto a la Princesa Yasmin de Aladino que era increíble. También recuerdo a la bella y menudita Elisa B., con su voz ronca y tan personal. O la genialidad sin discusión (y esa voz prodigiosa) de Ignacio A. Yo fui feliz, escribiendo reportajes e historias, haciendo algunas entrevistas, y siendo libre. Este año me gustaría volver a una radio local, es mi asignatura pendiente.

Pese a todo, a esa espinita que tengo clavada por el mundo de las ondas, soy feliz. Creo que es una opción vital, disfrutar con lo que tienes, con las cosas buenas que te rodean: casa, trabajo, familia, amigos, sueños, y por encima de todo, buena salud e ilusiones. Total, me van a pagar lo mismo por estar encabronado como una mona todo el día que por mantener el buen humor y la sonrisa. Vale, es cierto que en el campo pareja las cosas podrían ir mejor, aunque ya me ocuparé de eso más adelante. Y de todas formas, creo que la vida es un milagro, y que puedo dar las gracias a conciencia por el simple hecho de despertar después de una noche (o un día) de plácido sueño. Y el infinito es el límite.

En fin, gracias, querido lector, por haber llegado hasta aquí, y leído y disfrutado con estas pequeñas historias y pensamientos. La próxima vez, hablaré de otras cosas... 

viernes, 15 de septiembre de 2023

ELLA

Ella me contempla, desde la pantalla del ordenador. Su silueta, sinfonía de negros y grises, me fascina. Desde la forma de los pechos, apenas intuidos debajo del vestido, hasta el moño, prieto y tenso. En sus manos, un instrumento de cuerda, creo que es un violonchelo. Las formas son exquisitas, y toda la imagen destila magia y serenidad. Es la compañera perfecta para una noche fría y lluviosa de otoño, porque me hace imaginar cosas, historias, incluso puedo escuchar la música, mágica pero luminosa y oscura.

No sé, en otro momento, podría haber creado una de mis historias, pero esta noche no me apetece otra cosa que mirarla, compartir la imagen con vosotros, y buscar un concierto de violonchelo en Youtube.. En concreto, el Preludio a la Suite Nº 1 de Johan Sebastian Bach.

 


miércoles, 6 de septiembre de 2023

SOBRE LA AMISTAD

La vida nos sorprende, aunque no sea esa preciosa tómbola de la que hablaba Marisol. Personas que considerabas fundamentales para tu existencia, y a quienes te dedicabas en cuerpo y alma, desaparecen un buen día, y se llevan un pedacito de tu ser. Como ha sucedido con mi hermosa dama, ayer se cumplieron dos meses del último mensaje. Sigo pensando en ella. Pero otras entran, y se ganan por derechos propios un lugar en tu corazón y en tu mente, casi sin que te des cuenta. Es cierto, cambias el amor por la amistad, y creo que sales ganando. Pues ya sabes que ambos sentimientos están separados por el filo de un cabello, y cuando coinciden en una sola persona, conoces el cielo. 

Cierto, me gustaría enamorarme de nuevo, pero no ha llegado el momento. Las tareas de reconstrucción después de los últimos desengaños no han terminado, hay muchas cosas que todavía me sorprenden o no me cuadran. Y en todo caso, sería una relación de cada uno en su casa, y juntarse para compartir actividades, como ir al cine, al teatro, a una exposición, un concierto, un largo fin de semana de pereza o simplemente hacer el amor. Pero luego, cada uno a su casa. Que ya no estoy para convivencias ni para recoger calcetines sucios a los pies de la cama...

Amigos, tengo pocos. La otra noche los estuve contando, en Madrid tan solo tengo siete a los que veo con cierta asiduidad, pero están ahí, a un mensaje de distancia, con el recuerdo del último café compartido, de una comida en un japonés, o de una tarde de cervezas y vermús por Moncloa. Conocidos tengo unos cuantos más, personas a las que veo muy de vez en cuando, pero que están ahí, a veces en silencio durante años, pero son una presencia cordial. 

Luego están los amigos virtuales, en Facebook y en Instagram, presencias amistosas, gente a quienes tal vez no conozcas y desvirtualices en toda la vida, pero que te hacen compañía en las noches de soledad como esta. Tienes puntos en común, un cierto amor por la literatura, el cine, el humor o la escritura y la poesía. Algunos dicen que no son reales, o que no cuentan como amigos, pero les tengo mucho cariño. Espero sacar de la virtualidad a varios de ellos el próximo siete de octubre, en la lectura conjunta de poemas con Gisela.

Entre todas estas personas, hay un nexo en común: que te aportan algo en tu vida, y tú les aportas a ellos. Es un intercambio, un toma y daca como diría mi padre, una relación para todos beneficiosa. Sin embargo, al mismo tiempo que es muy complicado para mi que una persona pase de conocido a amigo, o a formar parte del reducido círculo de mis personas vitamina (solamente hay dos ahora mismo), el camino inverso también es posible. La amistad es algo que hay que ganarse y mantener, que requiere de múltiples cuidados, detalles y afecto, que no se puede dar por hecho. 

Luego están la masa de personas anónimas, con las que te juntas por la calle, en el metro, incluso en el cine o en el trabajo, siluetas variadas a quienes posiblemente nunca más volverás a ver. Quién sabe si te has cruzado con quien estaba destinada a ser el amor de tu vida, con un posible mejor amigo, o incluso, en mi caso, con un agente literario o con el dueño de una editorial que busca autores. A todos ellos, como poco, dedícales una sonrisa, una muestra de cariño, o el simple respeto que se debe a los desconocidos... Sé amable por lo tanto, cede el asiento en el autobús o en el metro, no empujes a nadie al caminar por la calle, quien sabe si ese desconocido volverá a tu vida.

domingo, 3 de septiembre de 2023

PERDIDO EN LA LLUVIA

 Llueve desde hace 24 horas, con pequeñas pausas para dejar que brille el sol. Esta noche me desperté varias veces, y el rumor de las gotas sobre el tejado de la iglesia o contra el cristal de la ventana hacía complicado el retomar el sueño, pero lo conseguí. Escampó justo cuando iba hacia el trabajo, algo que agradezco porque todavía sigo con el uniforme de verano: sandalias, pantalón corto y camiseta; la única concesión al mal tiempo ha sido un ligero impermeable. La lluvia siempre me ha gustado, me hace soñar, y me trae recuerdos de otros tiempos y lugares, de otras personas, de otros sueños.

Quizás la que recuerdo con más cariño fue la que nos sorprendió en la ciudad de Palenque, en México, cuando estábamos visitando las ruinas y la famosa tumba del astronauta. Fue un momento especial, era un viaje organizado por mis padres con un par de familias más, y entre ellas estaba Gacela. Una adolescente de 16 años, de la que me enamoré perdidamente, por supuesto sin el menor éxito. Yo tenía 18 recién cumplidos, y a su lado me sentía muy mayor y muy maduro. Me fascinó desde el mismo momento en que nos conocimos en el aeropuerto. Y creo que el ser los mayores (viajábamos con nuestras dos hermanas, ambas más pequeñas) facilitó bastante las cosas. Pero cuando nos sorprendió la lluvia, su camiseta blanca se le pegó al cuerpo como una segunda piel, revelando la forma de sus senos perfectos, que yo ya había visto con el bikini cuando nos bañamos todos en la piscina, pero no era lo mismo. Era algo mucho más íntimo. Esa imagen suya, chorreando por culpa de la lluvia, es algo que no olvidaré nunca...

Años más tarde, mientras estaba haciendo la mili, nos sorprendió una tormenta en pleno monte durante las maniobras mensuales. Tuvimos que volver casi a marchas forzadas al precario refugio de las tiendas, pero aun así el sargento Bueno nos tuvo formando bajo el aguacero hasta que llegó el último del grupo, un chaval que estaba destinado a las cocinas. En esos meses, estuvimos sometidos a los elementos unas cuantas veces, todavía lo recuerdo. Al calor y a los mosquitos en la costa de Murcia, nos habíamos establecido en una base abandonada por el ejército. A la nieve en una vaguada por los montes de Toledo. Los camiones no podían salir, así que tuvimos que empujarlos. Al sol inclemente durante los ensayos de la jura de bandera. Al viento muchas mañanas cuando salíamos para entrenar corriendo alrededor de la base de San Pedro.

También recuerdo una noche de intensa lluvia, cierto verano que estuvimos acampando en Asturias mi ex, nuestro gato, y yo. La tienda era grande, de dos cuerpos y con un toldo intermedio, así que dispusimos de algo más de libertad. El viento y el agua se llevaron varias tiendas de campaña, pero aun así, bajé por el empinado sendero del camping La Paz, en la Playa de Vidiago, muy cerca de Llanes, para bañarme a mediodía. Sí, era bastante imprudente por aquél entonces, pero el agua estaba perfecta.

Muchas veces, me gusta salir a pasear bajo la lluvia, y no me importa que me pille estando en la calle. Lo más deseable es llevar un buen paraguas y calzado adecuado, pero en ocasiones no se puede elegir, y simplemente hago como Gene Kelly, y me dejo llevar por una música que tan solo yo alcanzo a escuchar. Cuando caen las lágrimas del cielo, siento que disminuye un poco mi tristeza, me hace sentir vivo... y entero. 

Algunos de mis personajes, como Beatrice Golden, comparten ese amor por el líquido elemento, como si fuera una amante incierta. A otros les sirve de escudo, para escaparse del enemigo. Incluso hay quienes la usan como excusa para dejar atrás un presente que se ha convertido en prisión. Nunca se sabe lo que traerá la tormenta...