ESTA ENTRADA TIENE YA MÁS DE DOCE AÑOS, PERO SIGUE ESTANDO VIGENTE...
martes, 26 de diciembre de 2023
TE QUIERO MUCHO... PERO COMO AMIGO
EL NIÑO SIN NOMBRE
AGOTADO, el niño sin nombre levanta los ojos al cielo... Al principio, la misma claridad del sol, que por primera vez en mucho tiempo ha conseguido traspasar la barrera de polución, nubes y desesperación que se alzan sobre la ciudad de "XXX", le impide distinguir con nitidez lo que pasa... De todas formas, ya se ha ido acostumbrando a no ver bien... No sabe lo que es, pero cada día le cuesta más enfocar las cosas que se encuentran más allá de su nariz... Mas tampoco le importa mucho... Algunas veces, aquellos bultos difusos, que se inclinan sobre él para dejar caer en su escudilla, comentan apenados, cuando él se acerca cada moneda justo delante de los ojos para distinguir su valor.. "Pobrecito... Si tuviera gafas..." Y él, que no lo entiende demasiado, se imagina que al frotar una especie de lámpara maravillosa, saldrá un genio llamado "óptico", que le pondrá unas "gafas" con las que el mundo estará un poco más enfocado... y podrá salir corriendo cuando "ellos" vengan a buscarlo en plena noche... Los mismos que hace unos meses le partieron la rodilla... de una paliza...
REDESCRUBRIENDO A MI ABUELO: GUERRA Y POSGUERRA
Algunas veces, con el paso del tiempo, te entran ganas de saber más cosas sobre una persona de capital importancia… pero generalmente, es cuando ya es demasiado tarde, y el paso del tiempo ha borrado incluso la huella de su voz… Es lo que me ha pasado con mi abuelo, Luis Rodríguez Márquez (Bilbao, 15de enero de 1909; Madrid, 15 de mayo de 2000)… En otras ocasiones he compartido algunos de mis recuerdos (véase “Y con él murió la palabra…”), y también aparece en varios poemas y pequeños textos… y seguirá apareciendo… Salvo escasas menciones de manera muy esporádica (lo entrevisté para un trabajo de la facultad de Ciencias de la Información, llamado “La guerra familiar”, y que por desgracia he perdido en una de las mudanzas), nunca quiso comentar de manera abierta sus padecimientos… Por eso, recurro a mi madre, Pilar Rodríguez Hillán, y van naciendo los recuerdos…
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| Presos republicanos en el campo de los Almendros |
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| Presos republicanos en la cárcel |
NOTAS COMPLEMENTARIAS:
[1] El Servicio de Investigación Militar (SIM) fue el nombre de la agencia de inteligencia y del servicio de seguridad de la Segunda República Española durante la Guerra Civil Española. El SIM fue creado el 9 de agosto de 1937 por el entonces Ministro de Defensa Nacional Indalecio Prieto, fruto de la unión de las organizaciones de espionaje y contraespionaje. Con ello se trata de poder coordinar a todos los servicios de inteligencia de la República (Ejército, Gobernación, vascos y catalanes). El SIM quedó pronto dominado por los comunistas, que lo utilizaron más como policía política del PCE que como tal servicio de información estrictamente militar. http://es.wikipedia.org/wiki/Servicio_de_Informaci%C3%B3n_Militar
LA CONQUISTA DEL CAFÉ CON LECHE
La casa está tan en silencio como cualquier otra mañana... y, sin embargo, sobre los ronquidos del gato, se impone un extraño sonido, mezcla de gorgoteo y explosión de vapor... La cafetera está en marcha, con la cantidad justa de agua y electricidad para que me dé tiempo a ducharme y vestirme, para llegar, puntual, a la cita... Y no es otra cosa que el brebaje, denso, negro como una noche sin sueños, sin luna... como el aroma se expande lentamente por el aire, y va despertando recuerdos en toda la casa...
RECORDANDO A MI PADRE
Quizás nunca mejor que hoy, cuando sigo mirando el mundo con ojos de lunes, un poco cansados, para empezar a recordar... a mi padre... Y me es imposible hacerlo, desde mi más tierna infancia y en toda ocasión, con un cigarrillo entre los dedos o llevándoselo a los labios, maldita costumbre que le costó un cáncer de lengua y que le hizo morir en seis meses, uno y pico después de mi boda. Por eso ilustro esta reflexión con semejante foto. En algunas ocasiones, bien por comparación con mi abuelo, o por omisión manifiesta, su forma de ser, y sus recuerdos, se han dejado sentir en el blog... Podría contar muchas cosas sobre él, algunas buenas, otras malas, pero como las malas ya están demasiado incrustadas en mi forma de ser, prefiero sobrevolar las positivas... tal vez por esa necesidad de adentrarme en el nuevo año algo más libre de lastre inútil de lo que salí el anterior... Casi todos los recuerdos que hoy comparto contigo se remontan como muy tarde a cuando yo tenía catorce años... y cito solamente los buenos... que los malos ya los tengo demasiado presentes en mi corazón...
MAÑANA, SIEMPRE MAÑANA
"Mañana", tres sílabas, cargadas de esperanza... seis letras, para definir poco menos que el Nirvana, el lugar donde todos los sueños se realizan, los enfermos se curan, y los viejos se vuelven jóvenes... y todos, juntos, entonan canciones de alabanza mientras tuestan nubes de azúcar en las llamas de la hoguera...
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| El día de mañana... |
domingo, 3 de diciembre de 2023
PALABRAS, SUEÑOS Y RECUERDOS
jueves, 16 de noviembre de 2023
EN LA MADRUGADA
Madrugada. El camión de limpieza está regando por segunda vez la calle, pero en la otra acera, una parejita muy joven y muy borracha está sentada en el suelo, entre dos coches. Hace un par de horas, el estado de la chica ya era lamentable, mientras se preparaba un porro entre los coches. No debe tener más de 22 años, y el chico por el estilo. ¿Qué demonios impulsa a dos niños a ponerse en ese estado, un viernes a las 4.25? ¿Qué tipo de vida les espera? ¿No tienen nada mejor que hacer? ¿En qué estado llegarán a sus casas?
¿Y a mí que coño me importa?
Quizás sea porque veo las cosas desde la experiencia que me dan los 53 años sobre esta tierra tan extraña, o porque siempre he sido un extranjero, incluso un extraño. Que yo recuerde, tan solo un par de veces en todo este tiempo me he puesto tan borracho como están ellos, amaneciendo incluso una noche en el cuarto de baño, abrazado a la taza, con un hilo de vómito entre los labios. ¡Pero conseguimos esa camiseta que te daban en el Rastatoo, si te tomabas 10 copas! Mi colega, un antiguo amigo a quien no veo hace más de dos décadas, emprendió un nuevo camino.
En cuanto a las drogas, bueno, algún que otro porro compartí con los compañeros del cuartel, durante mi paso por las Boinas Verdes, en la Base de San Pedro, muy cerca de Madrid. GOE 1, COE 11. Posiblemente los meses más frustrantes y absurdos de toda mi vida. Allí, entre durísimos entrenamientos, con pista americana incluida (de los que no participaba por una operación de la rodilla izquierda que nunca terminó de curar del todo bien), era muy frecuente el consumo de alcohol y de drogas en la cantina de la base. Más de una vez, las mesas cuadradas aparecían completamente llenas de botellines de cerveza, y vi a varios compañeros, uniformados por supuesto, y fuera de servicio, terminar borrachos como cubas...
Con esto quiero decir que no siempre he sido un ángel, y dudo mucho que lo sea ahora. Pero sí me precio de haber perdido el control debido al alcohol tan solo 2 o 3 veces. Ni siquiera en las escasísimas ocasiones que me fui de fiesta por Malasaña con los "colegas" en mis últimos años de instituto, llegué a emborracharme como la parejita de antes, que se han ido dando tumbos por la calle.
Nunca he sido un gran bebedor, de joven me gustaba el vodka con zumo de piña o de naranja, o bien el tequila sunrise, con su melocotón y su granadina. Al no poder tolerar ninguna bebida con gas, me libré de los cubata de garrafón, o del infame kalimocho artesanal en cualquier aparcamiento frente a un centro comercial o en las plazas y calles oscuras del centro de Madrid. Ahora, tengo en casa una botella de Malibú en el armario del pasillo, de vez en cuando me tomo una copa con zumo de naranja y una buena cantidad de hielo, mientras veo una película en Movistar.
Para muchos, habré sido un aguafiestas, un aburrido, o incluso el raro del grupo, para mi ex sin duda lo era. Por eso siempre procuraba limitar mis interacciones sociales, y con un deseo de mantener el control, la lucidez, de mi cuerpo y de mi mente.
Eso sí, durante muchos años estuve fumando como un carretero, empecé a los 13, con un tabaco negro infame, H.Upman, que le regaló un paciente ceutí a mi padre, que era médico. Con la muerte de mi padre, entre pavorosos sufrimientos debidos a un cáncer de lengua, que se lo llevó por delante en poco más de 6 meses, dejé de fumar durante 10 años. Volví un par de años, el primer cigarrillo fue por puro aburrimiento en el umbral de la nave de HRT. Primero le pedí uno a la señora de la limpieza, luego a un compañero, y allí me enganché de nuevo. Luego, lo volví a dejar cuando nacieron mis sobrinas, y desde entonces llevo más de 9 años limpio.
Me incomoda cada día más el olor que deja el tabaco sobre la ropa y la piel de quienes me rodean, huyo de los fumadores, incluso de mi chica si está fumando. Luego, no hay nada que no se arregle con un par de buenas gárgaras de Listerine, pero besar esa boca con aliento a humo no me entusiasma, y ella lo sabe. Por eso evita fumar aquellos días en que nos vemos.
Son ya las 4.44 de la madrugada, esas cifras capicúas me han acompañado muchos años. Me suelo despertar varias veces por noche. Hubo una temporada que lo hacía a las 2.22, a las 3.33 y a las 4.44, de manera sistemática. Ahora, simplemente me cuesta horrores conciliar el sueño, y me persiguen las pesadillas. Cambiar de turno cada semana no ayuda. Pero me hace ilusión, en madrugadas como esta, pensar que estoy protegiendo, en la distancia y de manera virtual, los sueños de la mujer a quien amo, aunque ese sería un buen tema para otra reflexión.
Y mientras me preparo para abrir de nuevo el libro de lectura, cosa que haré en cuanto publique este escrito, sigo el rastro de la pareja en las cámaras de seguridad que apuntan a la calle y dan la vuelta casi a todo el edificio. Soy el vigilante que acecha en la madrugada. Soy el guardián de la noche sin luna ni estrellas. Soy la figura que se funde entre la niebla.
¡Soy el puto Batman!
miércoles, 15 de noviembre de 2023
SOBRE ESA MARAVILLOSA MEZCLA
martes, 14 de noviembre de 2023
LA ÚLTIMA PROMESA
LA ÚLTIMA PROMESA.
Allí
está ella. Tumbada en la cama. Con la cabeza reclinada sobre las almohadas. Al
entrar en la habitación pienso que está dormida. Pero ha intuido mi presencia,
porque sus ojos se abren lentamente, sus labios se separan en una sonrisa, y su
voz, que tanto me ha dado en los últimos años, se oye débilmente…
“Hola, al final has venido. Pensé
que después de tanto tiempo ya no te acordarías de nuestra promesa.”
“¿Cómo podía dejarte sola, mi
hermosa dama?”
“Mi hermosa dama. Tú y tus manías.”
“Para mí, siempre estarás hermosa… y
siempre serás mi dama…”
“Adulador. Pero si debo estar
espantosa, con este camisón de hospital abierto por detrás, y sin maquillaje.”
Solo
en ese momento me doy cuenta de dónde estoy. En la Unidad de Cuidados
Paliativos del Hospital Nuestra Señora de Granada. Las máquinas pitan
suavemente, siguiendo el ritmo de su corazón, y el leve borbotear del oxígeno
se convierte en la música de fondo de nuestro primer encuentro.
“Mi hermosa dama- le digo al cogerle
la mano derecha, con cuidado porque en ella tiene puesta la vía- he venido en
cuanto recibí tu mensaje. Llevaba tanto tiempo esperándolo… Y mira que fueron
unas pocas palabras: ven. Te necesito. Y luego, la dirección del Hospital.”
“Siento mucho que nos conozcamos de
esta manera. Pero necesito una persona me quien confiar, y durante todos estos
años de relación me lo has demostrado. Quizás debería haber dado mi brazo a
torcer antes, pero tenía mucho miedo…”
“¿Miedo de qué?”
“De no gustarte. De que se rompiese
la magia. De resultarte aburrida. De…”
“No lo digas, mi hermosa dama. Sabes
que siempre has sido la única, la dueña de mi pequeño corazoncito. Siempre te
he esperado.”
“Lo sé- me dijo entre lágrimas-, y
no será por veces que te haya dicho lo contrario. Que vivieras. Que te
enamoraras de otra, que estuviera sana y te pudiera corresponder.”
“Pero no te hice caso…”
“Es cierto, no me hiciste caso. Y
ese es un peso que sigo cargando incluso ahora. Pero tienes que prometerme dos
cosas.”
“Lo que quieras.”
“Luego te las digo. Ahora me apetece
recordar. Mi vida contigo.”
“¿Nuestra vida juntos? Pero si nos
acabamos de conocer…”
“La que soñé a tu lado. No te
imaginas hasta qué punto el leerte cada mañana y cada noche se había convertido
en uno de los pilares de mi existencia. A veces tenía miedo de perderte, por
culpa de mis silencios…”
“Ya te dije mil veces que eso no
sucedería- le digo, mirándola a los ojos-, que tenía mucha paciencia, y que mi
amor no era flor de un día.”
“Lo sé. Me lo has demostrado. Pero
tienes que comprender que mi corazón estaba destrozado. Que necesitaba sobre
todo un buen amigo. Alguien en quien confiar. No me atrevía a entregarte mi
corazón, a amar de nuevo. Ese sentimiento se ha ido convirtiendo en mi
obsesión. Tenía que verte por última vez. Y decirte que te amo. ¿Te importa
darme un poco de agua?”
Me
temblaban las manos al alejarme de la cabecera de su cama para llenar un vaso
de agua con la jarra que estaba en la otra mesilla de la habitación. ¿Que me
amaba? Hace algunos años, o unos meses siquiera, habría sido un revulsivo para
toda mi existencia. Pero ahora…
“Ten cuidado, que el agua ya está
rebosando un poquito”- me dice, suavemente, con su voz cascada. Me inclino
sobre ella, y le doy de beber, usando la pajita del zumo. -
“¿Está buena? ¿Está lo bastante
fresca? Si quieres pido un poco de hielo en el control de enfermeras.”
“No te preocupes, está buena.
Además, no quiero que te vayas, no sé cuánto tiempo permaneceré despierta con
esta medicación… ¿Por dónde estábamos?”
“Por nuestra vida juntos, la que
siempre imaginaste.”
“Es cierto, Ismael. Muchas veces,
sobre todo al principio, imaginaba que un buen día, y a pesar de mi prohibición
expresa de que vinieras a Granada, un buen día te plantarías en la puerta de mi
casa, con un ramo de rosas y tu sonrisa de chico malo. Otras, cuando veía una
puesta de sol en nuestro amado Mediterráneo, pensaba en ti, en lo mucho que me
gustaría compartirla contigo. O cuando visité Barcelona aquel verano.”
“Pero nunca me lo dijiste, Yolanda.
Y ahora, cuando por fin nos conocemos en persona, tal vez sea demasiado tarde.”
“Nunca es tarde para un primer beso”-
me dice, entrecerrando los ojos. –
Y
me inclino sobre ella, suavemente, consciente de que el más mínimo movimiento
puede causarle dolor. Nuestros labios se encuentran, fugazmente. ¡Cuántas veces
no habré soñado con aquel momento, y ahora, cuando por fin se convierte en
realidad, es un beso que sabe a despedida!
“¡Tu boca sabe a regaliz jajaja!
¿Sigues a base de chicles de menta y caramelos de regaliz, después de tantos
años?”
“Veinte años sin fumar, y todavía
sigo con el mono, Yolanda. Incluso ahora siento que me fumaría uno.”
“Pero debes de ser fuerte, Ismael,
por los dos. Porque lo vas a necesitar para llevar a cabo mis promesas.”
“Las que tú quieras.”
“Quiero que sepas una cosa. Que me arrepiento en este momento, y en muchos otros, de no habernos conocido antes. Pero siempre tuve miedo de decepcionarte. De no gustarte. Por eso he preferido mantener la distancia. Ir reforzando poco a poco nuestra amistad. Para pedirte este favor. Pero antes, ¿te importa incorporarme un poco? Estas almohadas de hospital no son nada cómodas.”
Y me inclino sobre ella otra vez. Primero coloco las almohadas, luego la sostengo por los codos y la pongo cómoda. Nunca ha pesado mucho, pero ahora… de repente, tengo ganas de llorar. Por ella. Por mí. Por nosotros. Por tantos momentos no vividos. Por tantos sueños rotos. La incorporo suavemente, y seguimos hablando.
“Gracias, ya estoy mejor- me dice. - Este es el primer favor que te pido. Que me desconectes de esta máquina…”
“¡No lo pienso hacer!”
“Sí lo vas a hacer… porque me amas…
Los médicos dicen que puedo durar en este estado varios meses, pero que no
tengo ninguna posibilidad de curación ni de mejoría. Solo una deterioración
paulatina, inevitable y tremendamente dolorosa de mi cuerpo, pero manteniendo
la mente a ratos lúcida cuando no me hagan efecto los mórficos. Pero yo estoy
cansada de sufrir. Llevo toda la vida luchando con esta maldita enfermedad. Y
no tengo a nadie, salvo a ti, para que me libere.”
“Yolanda, no puedo hacerlo, ni
aunque quisiera. Además, si te desconecto, saltarán las alarmas, vendrán las
enfermeras y los médicos.”
“No pasará nada si tú te conectas
los sensores del electrocardiógrafo. Percibirán el ritmo cardiaco adecuado, no
sonarán las alarmas en el control de enfermería, y yo podré irme en paz.”
“Yolanda, no me lo pidas…”
“Ismael, me lo prometiste. Y tú
siempre cumples tus promesas. Además, me debes de todas formas otro favor,
¿recuerdas? Pues bien, es muy sencillo: quiero que sigas viviendo, que seas
feliz, que te compres otro gato, que vayas a ver a Montse. Que vivas.”
“Yolanda, sin ti, la vida, no tiene
sentido.”
“Por eso te he pedido que me lo
prometas. Y ahora, ayúdame. No quiero sufrir más”, - me dice, acariciándome
suavemente la mejilla-. “Por favor”.
Sin
pronunciar una sola palabra, me inclino sobre ella, y le voy quitando uno tras
otro los sensores cardiacos. Sus pechos son como melocotones maduros, de
pequeña aureola, y aspecto sedoso. Tantas veces soñando este momento, y será el
último. Me extraña que no salten las alarmas, porque tengo el corazón a mil.
Pero hago lo que me pide. Luego, al mismo tiempo que se deslizan por mi cara
las primeras lágrimas, compruebo que la puerta de la habitación siga estando
cerrada, y desenchufo la máquina.
“¿Sufrirás? “– le pregunto en voz
baja-.
“No, amor mío –me responde-. Será
como dormirme. Y si hay algún mañana, te estaré esperando. Ahora, bésame por
última vez…Y abrázame”
“Te amo, Yolanda. Así en la vida
como en la muerte.”
Y
se fue. Se murió. Dejó de respirar. Entre mis brazos. En la habitación blanca e
impersonal del hospital. Al cabo de unos minutos, fui al control de enfermería,
y les dije que Yolanda (la paciente 26), había muerto. A nadie pareció
extrañarle. Incluso diría que una de las enfermeras me miró, como diciéndome
“bien hecho”.
Ahora
he vuelto a la habitación del hotel. Con la luz apagada, y la débil llama de
una vela blanca, mientras quemo un poco de incienso. La botella de vodka que he
comprado en la tienda abierta las 24 horas brilla siniestramente. Y el frasco
de barbitúricos parece llamarme.
Lo
siento, Yolanda, no puedo cumplir mi última promesa. Pues sin ti la vida no
tiene ningún sentido. Espero que habrá un más allá. Y encontrarte en él. En un
lugar y un tiempo alejados del dolor, del sufrimiento. Y quién sabe, a lo mejor
Robin Williams tenía razón en su película “Más allá de los sueños”, y vuelvo a
encontrarme con Yolanda, de niños, en otra vida, que será indudablemente más
feliz. Y si no es posible, tal vez nuestras energías vitales se fundan en una
sola, dando lugar a algo nuevo… Cualquier cosa es mejor que esta muerte en
vida, que el haber perdido ahora y para siempre a la mujer amada; que haberle
arrebatado la vida…
Cuando
termine de escribir estas líneas, me beberé el vodka, tragaré uno a uno los
barbitúricos, y me tumbaré en la cama, a esperar el amanecer que nunca llegaré
a ver.
Te
amo, Yolanda.
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