martes, 26 de diciembre de 2023

TE QUIERO MUCHO... PERO COMO AMIGO

 ESTA ENTRADA TIENE YA MÁS DE DOCE AÑOS, PERO SIGUE ESTANDO VIGENTE...


Durante muchos años, he sido el experto y reconocido "mejor amigo" o "gran amigo" de unas cuantas mujeres, que evidentemente antes fueron niñas, y luego adolescentes, pues todos crecemos... Y he aprendido unos cuantos trucos sobre el amor, sí, una extraña palabra que realmente no consigo entender completamente, sin importar las veces que hable o escriba sobre ella...

La amistad es muy bonita, por supuesto, aunque suele resultar más sencilla con personas de tu mismo sexo, y con quienes compartas una serie de afinidades, ya sean políticas, deportivas, culturales, laborales, hobbys, o simplemente fobias y manías... Se dice que es algo que te llena por dentro, y es cierto: somos seres sociales, y casi siempre necesitamos saber que hay alguien, en alguna parte, incluso a cientos de kilómetros, que se preocupa por ti, o que piensa en ti... Por supuesto, hay muchos tipos de amistad, la que se da entre iguales, entre personas muy diferentes, la interesada, la generosa... Y también existe la tendencia de confundir términos: una persona a la que conoces una noche de juerga y te tomas cuatro copas (o más) no es un amigo, es un conocido, un juerguista... Un compañero de trabajo no tiene por qué ser tu amigo por el simple hecho de compartir oficina, ni tampoco seréis íntimos sin esforzaros un poco... La amistad es mucho más que eso, implica una relación, un compromiso de estar ahí para lo que necesites, el saber que eres correspondido...

Pero aquí y ahora, voy a hablarte del tipo de amistad que a mi entender es más hermoso, más auténtico y complicado: la que se da entre hombre y mujer... Resulta curioso el ver cómo evolucionamos con el paso del tiempo... En los años de la infancia, casi siempre nos agrupamos por sexos, los chicos por un sitio, las chicas por el otro. No se trata solamente de un tipo de indiferencia, sino incluso de abierta hostilidad, que se manifiesta con el robo de muñecas, o simplemente con la planificación de un tipo de actividad que se dedique directamente a sabotear la de las chicas: hacer el bestia cuando están tomando el té en su club secreto, pintarrajear sus dibujos... Y casi siempre son "ellos" quienes toman la iniciativa...

Sin embargo, esta época de amistades eternas e inquebrantables se va a traste con la adolescencia, cuando de repente nos damos cuentas de las diferencias existentes... y comienza a irrumpir con fuerza el otro sexo... Ya no estamos tan seguros de querer pasar todo el rato con nuestros amigos dándole patadas al balón (cuando yo era crío, no había nada parecido a la play...) o haciendo el bestia con las bicis (luego con las motos)... Y lo mismo sucede con las adolescentes, que se olvidan un poco de la infancia y su mundo específico, y empiezan a interesarse por "los brutos"... 

"No hay lazo de amistad que no pueda ser cortado por el cabello de una mujer" es una frase que define bastante bien las relaciones sociales durante aquellos años confusos, porque todo puede cambiar en muy poco tiempo... Y surgen "romances", "líos", "rollitos", "noviazgos", "desengaños", "tristezas", "pérdidas"... Pero también, "amistades"...

La amistad entre hombre y mujer, que es la que más me interesa, no es fácil... sobre todo porque en ella existe cierto poso de amor, o como poco, de atracción física, al menos por una de las dos partes. A la hora de hacerse amigos de alguien, sobre todo si es del otro sexo, tiene que haber algo que nos gusta, que nos atrae, de esa persona: da igual que sea su voz, sus ojos, su pelo, su físico en general, los labios, sus orejas o un "no-se-qué" que lo convierte en alguien especial para nosotros, y que nos ayuda a dar los primeros pasos para acercarnos a esa persona.

Por supuesto, muchas veces, nuestros intentos de establecer contacto pueden fracasar, nos pueden mandar a la mierda, o pensar que somos unos plastas, o descubrir que no les interesamos de ninguna manera. También puede ocurrir lo contrario: que aquella chica hermosa y aparentemente simpática y desde luego fascinante, en cuanto abre la boca, te encuentras con alguien que es demasiado diferente, o que no te interesa porque no tiene corazón, o cerebro, o las dos cosas a la vez. Todo esto implica una disminución de nuestras posibilidades de establecer una relación de amistad, por lo que al final, puede que en tres de cada diez veces, consigues realizar la aproximación y sembrar las bases de algo que, con el paso del tiempo, se puede convertir en algo hermoso... pero difícil de mantener...

A veces, de manera inconsciente, cuando te interesas por una persona del otro sexo buscando en teoría "una hermosa amistad", lo que estás haciendo, de manera inconsciente (o no), es dirigirte hacia un tipo concreto de mujer que realmente te atrae. Es una forma, algo cobarde, de acercarnos a una persona que nos interesa, pero marcando al mismo tiempo unos límites bastante claros y precisos, y se supone que aceptados de común acuerdo... Pero, igual que las cosas cambian, las personas evolucionan, y los sentimientos se modifican...

En las películas, cuando Julia Roberts descubre que está enamorada de su mejor amigo, pues es correspondida; si Hugh Grant comprueba que sus sentimientos hacia la profesora de sus hijos han cambiado, también tiene suerte... Pero en la vida real, y sobre todo si la amistad se ha prolongado durante cierto tiempo, basta con que uno de los dos modifique su forma de sentir hacia el otro, para frisar el desastre... Y no lo digo solamente por la tormenta de sentimientos encontrados, cuando te das cuenta de que te estás enamorando de tu mejor amiga, no, sino por el momento en que descubres que no puedes permanecer más tiempo ignorándolo, y necesitas compartirlo con ella... Entonces surgen algunas de las frases más dolorosas de nuestro idioma: "te quiero, pero solo como amigo..."; "somos amigos sin derecho a roce...", "eres mi mejor amigo, pero..."

Con todas estas frases, y mil por el estilo, el mensaje que se trasmite es el de siempre: "Te has acercado a mi como amigo, te has ido metiendo poco a poco en mi vida de esa manera, has conseguido que me abriera a ti, que confiara en ti, y de repente, quieres romperme todos los esquemas... Ahora, ya no sé cómo pensar en ti, si como hombre, o como amigo... ni cómo interpretar tus actos, cada vez que me dejabas llorar en tu hombro, que me aconsejabas sobre un chico, me prevenías sobre las intenciones de alguien... ¿Lo hacías por mi, o solo para allanarte el camino?¿Puedo seguir confiando en ti?"

Cuando llegas a este momento de la relación, se presentan dos caminos, y ambos implican una renuncia. Si optas por la amistad, tienes que olvidar aquellos sentimientos, volver casi a tus casillas de hace un año, y hacer lo que sea necesario para no perder a aquella persona tan especial, y volver a ganarte su confianza, lo que puede requerir más o menos tiempo... pero de todas formas, en tu corazón seguirás notando un vacío, y la próxima vez que ella te venga a confesar sus sentimientos por otra persona, a contarte sus penas, seguirás notando la misma pregunta: "Si tan infeliz eres con él... ¿por qué no me amas? ¿Por qué no me das una oportunidad?" La segunda vía, si te reafirmas en tus sentimientos hacia ella, si decides que ese "amor" es demasiado importante, cuando en el fondo también estás reafirmando el deseo que tienes por ella, normalmente desemboca en un doble final: el de la amistad, y el del amor...

El consejo más razonable sería que nunca te enamores de tu mejor amiga.... O que si notas un cambio en tus sentimientos hacia ella, por ejemplo cuando dejas de mirarla como un padre o un hermano protector, y empiezas a hacerlo como un hombre, fijándote en detalles que antes no veías, como la forma de sus labios, la perfección y el color de sus ojos, el la forma y relieve de sus pechos... y mucho más, si empiezas a fantasear sobre lo que sentirías al besarla, si sus labios se abrirían o no, lo mucho que te gustaría acariciarla por todo el cuerpo... Si aquellas veces en que la rozas dejan de ser casuales, y te interesan sobre todo sus curvas y relieves... Si empiezas a preguntarte cuando es vuestro aniversario de conoceros, las canciones que os gustan a los dos, y a fantasear sobre recuerdos imposibles... 

La única opción realmente consecuente es que se lo digas: no es lo mismo confesar un cambio en tus sentimientos cuando lleváis juntos cuatro meses, que después de cuatro años... Y simplemente, confiar en que no te de una tremenda bofetada, sino un beso... Porque el mundo real no es una peli romántica...
Todo el tiempo, he estado hablando de la relación de amistad entre hombre y mujer, porque es la que mejor conozco, y sobre todo, de la transición entre la amistad y el amor... Pero es evidente que este enamoramiento puede también producirse entre mujer y hombre, entre dos mujeres, o entre dos hombres, porque el amor, ese pequeño bastardo que nos complica la vida, no entiende de géneros ni de números... Solo de sentimientos...

EL NIÑO SIN NOMBRE

 AGOTADO, el niño sin nombre levanta los ojos al cielo... Al principio, la misma claridad del sol, que por primera vez en mucho tiempo ha conseguido traspasar la barrera de polución, nubes y desesperación que se alzan sobre la ciudad de "XXX", le impide distinguir con nitidez lo que pasa... De todas formas, ya se ha ido acostumbrando a no ver bien... No sabe lo que es, pero cada día le cuesta más enfocar las cosas  que se encuentran más allá de su nariz... Mas tampoco le importa mucho... Algunas veces, aquellos bultos difusos, que se inclinan sobre él para dejar caer en su escudilla, comentan apenados, cuando él se acerca cada moneda justo delante de los ojos para distinguir su valor.. "Pobrecito... Si tuviera gafas..." Y él, que no lo entiende demasiado, se imagina que al frotar una especie de lámpara maravillosa, saldrá un genio llamado "óptico", que le pondrá unas "gafas" con las que el mundo estará un poco más enfocado... y podrá salir corriendo cuando "ellos" vengan a buscarlo en plena noche... Los mismos que hace unos meses le partieron la rodilla... de una paliza...


Es un niño de las calles... nació en ellas... y morirá en ellas... Por no saber, ni siquiera conoce su edad... Y el tiempo, cuando la vida ha sido tan dura contigo, no tiene mucho sentido... Algunas veces, los ve pasar... Un grupo de sombras, de bultos pequeños, con voces agudas, que huelen bien... y pasean entre los más pobres de los pobres, quizás por sentirse así mejor ellos mismos... No abultan mucho más que él... pero sin embargo... son tan distintos... están felices... corren... saltan...juegan... y él no conoce ni siquiera el significado de esa palabra... "Jugar"...

Lo que más le duele, al niño sin nombre, es aquellos momentos en los que los otros niños se acercan al trocito de acera sobre el que está sentado... y gritan "¡Sucio!¡Sucio!" o bien "¡Basura! ¡Basura!"... con tanta frecuencia que ha llegado a pensar que aquél era precisamente su nombre: el señor Sucio Basura... y, por si no fuera suficiente la burla, se divierten pegándole una patada al plato de estaño, que antes fue utilizado para guardar comida (y conserva un poco de su olor), lo lanzan al aire, esparciendo las escasas monedas por la acera, y él se tiene que tirar al suelo para evitar que los otros mendigos, los "mayores", se las quiten...

Porque si no gana aunque sea unas monedas al día, tiene que dormir, otra vez, solo en la calle... Y jugarse la vida... "XXX" no es una ciudad para niños solos... y todas las noches muere alguno... pero no importan... no existen... Él tiene un buen escondite, en el viejo cementerio, delante del cual se pasa el día entero, mendigando... y por la noche, duerme dentro de una tumba, parcialmente llena por la hojarasca arrastrada por el último monzón... Consigue entrar al cementerio a través de los barrotes, porque está tan delgado que, a pesar de su pierna mala, y metiendo un poquito la tripa, cabe...

Hoy ha sido un buen día: ha conseguido recolectar algo de dinero, unas pocas monedas, que le servirán para comer un poco de pan de pita, algo de cordero, en el puesto al aire libre donde comen los más pobres entre los pobres... Y después, se irá al Mercado Viejo, para rebuscar entre la basura, alguna pieza de fruta para la cena... o, si está más o menos bien, intentar venderla... porque nunca le ha sentado  bien... Todavía recuerda que, hace años, se comió tres "guayabas" que se habían caído del carro de un mercader... y pensó que se moría...

De todas formas, le importa mucho más tener un sitio en el que dormir... El niño sin nombre levanta la cabeza... Una fina cuerda le ha pasado delante de los ojos... Tan cerca, que la ha visto con claridad, a pesar de su vista tan mala... Y allí, flotando en el aire de la tarde, lo ve... ¡Es tan bonito! Una cosa roja, brillante, con mil colores dentro, que se mece, a escasos centímetros de su cara... Algún niño rico estará llorando, seguro... porque una cosa tan hermosa tiene que ser una gran muestra de "afecto", de "cariño", de su "padre" o su "hermano"... palabras que para él no tienen ningún sentido...

Extendiendo la mano, toca la cuerda, se agarra a ella... y la sujeta, mientras con la mirada, busca a su dueño... al bulto pequeño o mediano, que oliendo a limpio, a jabón, y seguro que entre lloros desconsolados bajará corriendo por la calle, buscando su precioso regalo... que por otros niños, sabe que se llaman "globo"... Pero nadie viene... el niño sin nombre piensa que, de todas formas, no hace mal en quedarse el tesoro, por si alguien viene mañana y le pide explicaciones... Quizás incluso le dé una moneda, por evitar la pérdida...

El niño sin nombre está tan nervioso por su responsabilidad... tan contento por hacer algo importante... que cruza sin mirar la carretera, pensando solo en la manera de meter el "globo" entre los barrotes del cementerio... porque es mucho más grande que su cabeza... Es una de las cosas que te dicen los mayores, cuando vives en las calles, y además no ves bien... "Mira siempre antes de cruzar..." Pero él, por primera vez en su vida, no mira... El camión de fruta lo embiste con tremenda fuerza... y otro le pasa por encima... Y el niño sin nombre se muere... Escupiendo sangre por la boca en cada agónica respiración... Dos camiones se paran... Unas manos preocupadas por que la sangre no les salpique, lo apartan a un lado de la carretera... Y lo dejan en la pequeña cuneta, por la que corren las ratas, y las heces, de los que viven en la calle... A nadie le importa... es un niño sin nombre... un "paria", aunque debe ser algo muy malo, él no lo entiende... Otras manos le quitan las monedas...

Y el niño sin nombre se muere triste... porque no ha protegido el preciado juguete del niño rico... Y el maravilloso "globo" rojo se alza en el cielo de la ciudad de "XXX"...

Y el niño sin nombre se muere... Sin saber que su problema de la vista se llama "miopía", y que se cura con las "gafas graduadas"... Que un "padre", una "madre", un "hermano" y unos "amigos" son aquellas personas que te "miman", te "cuidan", te "besan", te "abrazan"... Que su problema con la "guayaba" es que él padece una "intolerancia a la fructosa", y por eso le duele la tripa... pero que eso tiene "tratamiento"...

Por supuesto, se muere sin saber que su vida es tan "importante" como la de cualquier niño "feliz" y "rico"... Ignorando también que aquél "globo rojo" no significa nada para ese otro "niño"... que ni siquiera lo recuerda dos minutos después... porque es un "capricho"... y su "padre" le ha comprado tres: uno blanco, uno rojo y otro verde...

Y que su muerte tampoco servirá para nada... Los encargados del servicio de la limpieza recogerán su cuerpo, lo subirán al camión, y terminará en una fosa común de beneficencia... Pobrecito, niño sin nombre...

¿Y sabes lo peor de todo, querido lector? Que realmente, uno de estos niños sin nombre, que mendigan por millares en las calles de cualquier ciudad, jamás conocerán el significado de las palabras que he escrito en "cursiva"...

Y que, a grandes rasgos, acabas de leer una historia real...

REDESCRUBRIENDO A MI ABUELO: GUERRA Y POSGUERRA

 Algunas veces, con el paso del tiempo, te entran ganas de saber más cosas sobre una persona de capital importancia… pero generalmente, es cuando ya es demasiado tarde, y el paso del tiempo ha borrado incluso la huella de su voz… Es lo que me ha pasado con mi abuelo, Luis Rodríguez Márquez (Bilbao, 15de enero de 1909; Madrid, 15 de mayo de 2000)… En otras ocasiones he compartido algunos de mis recuerdos (véase “Y con él murió la palabra…”), y también aparece en varios poemas y pequeños textos… y seguirá apareciendo… Salvo escasas menciones de manera muy esporádica (lo entrevisté para un trabajo de la facultad de Ciencias de la Información, llamado “La guerra familiar”, y que por desgracia he perdido en una de las mudanzas), nunca quiso comentar de manera abierta sus padecimientos… Por eso, recurro a mi madre, Pilar Rodríguez Hillán, y van naciendo los recuerdos…


Quería saber cuándo se afilió el abuelo al Partido Republicano...

Ni la menor idea. El abuelo lo mantuvo siempre en silencio para no comprometernos a nadie, y que no supiéramos nada por si en su momento nos preguntaban… [el miedo a la delación, a las indiscreciones, ha sido una constante en todos los republicanos que conozco… aunque hayan pasado cuarenta años desde la muerte de Franco…]

Pero fue antes de la Guerra Civil…

Yo creo que sí, porque de hecho ocupaba un cargo muy importante durante la Guerra Civil… en algo parecido al CESIC, o algo de ese tipo… [se trataba del Servicio de Inteligencia Militar  (1)] De hecho, cuando le reconocieron la categoría, se la reconocieron como un cargo importante…

El abuelo se casó antes de la Guerra con la abuela…

No, se casó en plena Guerra Civil, el 17 de enero de 1938… Y fue en Crevillente… ya mi madre estaba desplazada a la zona de Valencia…

Y al abuelo le cogieron en Valencia…

Presos republicanos en el campo de los Almendros
Sí, en los últimos días de la guerra, cuando esperaban los barcos que en teoría iban a venir a buscarlos, a pie de playa (2)… Y estuvo preso en el castillo de San Fernando (3) , que está en Alicante… [visitamos ese castillo una de las veces que veraneamos en Cullera…] Y luego los llevaron a un sitio que se llamaba el Campo de los Almendros (4) , donde se comieron hasta las hojas de los árboles, porque no había infraestructura para darles de comer… Y allí estuvieron pasando muchas penalidades…

No sé cómo lo trajeron a Madrid… Y estuvo primero en la cárcel de Conde de Toreno (5) , que era un convento, y les encerraron en el cementerio [posiblemente fuera la cripta], y sacaban los huesos de los nichos, y por turnos se iban metiendo a dormir… Porque si la habitación donde estaban podía acoger a nueve personas de pié, estaban veinte o treinta… No tenían más remedio que permanecer de pie… no había espacio material [para] sentarse… Eso es lo que yo sé…

Más tarde, le mandaron a la cárcel de Yeserías (6) … En total, estuvo siete años y pico encarcelado… Y salió siete días antes de que yo hiciera la primera comunión, el 26 de mayo de 1946… Pero en esa última parte de su estancia en la cárcel, debido a algún problema que tuvo [al involucrarse en actividades no deseadas de índole política] (7) le trasladaron al penal de Ocaña (8) … o Cuellar… ahora no me acuerdo…

Pero tuvo varias modificaciones en su condena…

Sí… primero estuvo condenado a muerte, pero luego se lo modificaron por treinta años… En total fueron siete años y dos días… pero salvó la vida por apellidarse Rodríguez… porque los juzgaban por orden alfabético… y por eso, tanto él como sus dos hermanos los condenaron a treinta años…

El tío Juan también estuvo allí…

Sí, estuvo con él, durante todo el tiempo… pero el otro hermano, Federico, estuvo solo tres años, porque al juzgarle consideraron que, como él era músico militar, que no tenía por qué estar en la cárcel tantos años, y por eso le liberaron… Quienes tenían un cargo superior eran mi padre y mi tío Juan… el otro, simplemente era un músico…

Cargo en el ejército de la República…

Sí, cargo en el ejército legal, al que él pertenecía… Lo que no sé es dónde le tocó, en qué sección…

Y al salir de la cárcel, qué tipo de vida se encontró…

Al salir de la cárcel, encontró una buena persona, que apoyaba , que ayudaba mucho a los represaliados… No pudo volver a ingresar en la Diputación Provincial de Madrid, puesto que consideraban que no se había presentado al trabajo [mientras estaba encarcelado]… Era un puesto que había ganado por oposición antes de la Guerra Civil… Entonces se puso a trabajar como contable en una sastrería militar, de la derecha… El dueño era un señor aragonés, que a todos los empleados que tenía, si trabajaban bien, le daba igual la procedencia… Era una bellísima persona… Y estando allí, retomó sus estudios… Como no podía convalidar lo que él había hecho porque le costaba dinero, se volvió a examinar de todo, incluida religión… Se hizo primero Profesor Mercantil, y luego Intendente Mercantil… y ya ejercía la carrera en la misma sastrería en la que trabajaba…

Mientras tanto, presentó unas reclamaciones que hacían a través de un bufete de abogados… y con los años consiguieron que mi padre y otros muchos represaliados como él reingresaran en la Diputación Provincial de Madrid transcurridos treinta años o más después de su cese… y se jubiló ejerciendo esa profesión, donde le habían reconocido parte de sus derechos antiguos… También le reconocieron el ser militar de la República, y en sus últimos años tuvo una jubilación de militar, y otra de intendente mercantil.

Lo primero que solicitó cuando salió de la cárcel fue estar documentado, porque los presos no tenían derecho a documentación, y pidió un carné de la Cruz Roja, a la que perteneció toda su vida, como socio colaborador… Y eso le permitía tener documentación… [Aquél carné se ha traspapelado].

Presos republicanos en la cárcel
Lo que no permitió nunca es que yo supiera nada de la vida que él había tenido antes, durante y después de la Guerra Civil. Él no quería que yo perteneciera ni a Comisiones Obreras, ni a ninguna cosa que no fuera absolutamente lúdica, como el Ateneo, que también se hizo socio del Ateneo inmediatamente… Allí había un movimiento político casi clandestino, con las tertulias literarias… No nos dijo, no quiso contarnos nada, para que yo no pudiera contar algo… Sé que era masón y comunista… Muchos años después consiguió ir a Rusia.. . Tal vez si viviera ahora, no estaría tan contento de la evolución del país…

Era un idealista total, con mucho carisma, muy culto… Durante la época que estuvo en la cárcel, los presos habían organizado una especie de células clandestinas para enseñar a la gente… Él sabía muchas matemáticas, otros química, latín… Mi padre aprendió muchas matemáticas, e idiomas… En aquellas ocasiones en las que les obligaban a asistir a ceremonias religiosas, se ponían con una pauta, unos matemáticas, otros idiomas, y al salir se preguntaban los unos a los otros… para ver si durante ese tiempo habían conseguido estudiar … Es decir, abstraerse de la misa, y estudiar lo que ellos tenían pensado hacer… Enseñaron a leer a mucha gente…

Recuerdo esas páginas que eran cuartillas de papel marrón, completas de números y fórmulas…

Y las veinte palabras de latín o de griego…

Y que escribían sobre cualquier cosa en la cárcel…

Sí… igual que Miguel Hernández… en los rollos de baño… [Durante muchos años se guardaron en casa esas cuartillas llenas de datos, o los poemas escritos en el reverso de volantes oficiales, sobre el papel de rollo…] Luego estuvo trabajando durante el tiempo que se lo permitieron en el laboratorio de la cárcel…

No sería fácil criarte sin tu padre…

No lo era… Mientras estuvo en la cárcel de Yeserías, la persona que se encargaba de dar los volantes de visitas era una bellísima persona… Entonces, a veces mi madre me mandaba a mí por delante para solicitar el permiso… Y el señor me preguntaba: “Mari Pili, ¿qué quieres, qué deseas?” Y yo le decía: “Quiero ver a mi papá…” “¿Y cuando le has visto?” Y yo le respondía: “Mañana”… Yo era muy pequeña, y entonces no distinguía entre el “ayer” y el “mañana”… Él sabía que yo le había visto ayer, y entonces me daba un pase para volver a verlo… Era muy emotivo…

Y en una ocasión, el día de la Merced, que es el día de los presos, permiten pasar a los hijos de los presos a verlos… te ponen un cartel con tu nombre… Cartel que me había hecho mi propio padre… Y una persona le pregunta a mi padre: “¿Por qué no está su hija?” Y él le responde: “Pues porque no la he encontrado… No ha venido a verme…” El otro preso le dice: “Y yo, sin embargo estoy con esta niña en los brazos, y no encuentro a su padre…” Y cuando mi padre vio el cartel, se da cuenta de que era yo… no me había reconocido… y el otro señor no había pensado que Rodríguez era un apellido muy corriente… Mi padre me abrazó… estuvo llorando todo el tiempo… Y tengo una fotografía de aquél día… en la que estoy con mi padre, en el patio de la cárcel… Los niños pasaban solo una vez al año… Mi madre me llevaba siempre, a pesar de las dificultades y de las penurias que tenía para llevarme…”



Hace ya más de diez años que murió mi abuelo… y, sin embargo, en los ojos y en la voz de mi madre, sigo notando el miedo… Nunca, salvo aquella vez en que lo entrevisté en la facultad… Los perdedores heredaron el miedo… Lo que me da escalofríos es pensar que, si se hubiera apellidado “Álvarez” o “Benítez”, como él recordaba a menudo, no habría salido vivo del Campo de los Almendros… Por supuesto, su obra poética o literaria, que abarca desde los desgarradores lamentos por lo vivido en la Guerra Civil… hasta una zarzuela… y diversas novelas… nunca ha visto la luz… Igual que otros muchos escritores republicanos españoles… Quizás llegue el momento de que los nietos de los represaliados tomemos el relevo…


NOTAS COMPLEMENTARIAS:


[1] El Servicio de Investigación Militar (SIM) fue el nombre de la agencia de inteligencia y del servicio de seguridad de la Segunda República Española durante la Guerra Civil Española. El SIM fue creado el 9 de agosto de 1937 por el entonces Ministro de Defensa Nacional Indalecio Prieto, fruto de la unión de las organizaciones de espionaje y contraespionaje. Con ello se trata de poder coordinar a todos los servicios de inteligencia de la República (Ejército, Gobernación, vascos y catalanes). El SIM quedó pronto dominado por los comunistas, que lo utilizaron más como policía política del PCE que como tal servicio de información estrictamente militar.   http://es.wikipedia.org/wiki/Servicio_de_Informaci%C3%B3n_Militar

(2) “La Guerra Civil española finalizó, de manera trágica, en el puerto de Alicante, en los últimos días de marzo de 1939. Más de 12.000 refugiados esperaron en vano durante días los barcos que habían de llevarlos al exilio. Sin embargo, después de que el buque británico “Stanbrook”, al mando del valiente capitán Archibald Dickson, consiguiera en la noche del 28 de marzo evacuar a casi tres mil de ellos, el resto quedó abandonado a su suerte…” http://www.alicantevivo.org/2010/07/parque-del-campo-de-los-almendros-nueva.html

(3) El castillo de San Fernando, en Alicante (España), se construyó sobre el Tossal durante la guerra de la Independencia contra los franceses en el año 1813. Se hizo con el propósito de ser una prisión y para reforzar las posibilidades de defensa del castillo de Santa Bárbara. No se llegó a estrenar, ya que en Alicante no llegó a haber ocupación francesa, eso sí, por poco, pues el general francés Louis-Pierre Montbrun bombardeó la ciudad el 16 de enero de 1812 desde la zona de Altozano (cerca de la Iglesia de Los Ángeles). Según parece, fue un adelanto del ataque real que pretendía efectuar para tomar la ciudad, que no se produjo porque el general y sus tropas ese mismo día se fueron a Francia, requeridas para la invasión de Rusia. Fue una obra que se construyó deprisa y mal, pues al poco tiempo empezó a mostrar deficiencias, además de ser militarmente inútil, a la vez que costosa… (después cayó en el olvido). http://www.alicantevivo.org/2007_04_01_archive.html


(4) “Este campo fue concebido como centro concentracionario provisional hasta que se determinara a que distintos lugares iban a ser dispersados los apresados. Con lo que, su duración fue corta, transcurriendo unos 5 ó 6 días, según las fuentes. Sin embargo, duras y dramáticas escenas configuraron la vida en el campo, ya que las cifras de los concentrados se aproximaba a las 30.000 personas, el sistema de higiene se reducía a la nada y la alimentación la procuraban un raquítico y único manantial que había dentro del recinto acordonado por las tropas, para cuyo acceso había que hacer una extenuadora cola; y los almendros: Sobre aquellas tierras trabajadas por el arado y resecas bajo el sol, sin ninguna condición higiénica, agrupados como ganado, sin comer, el agua racionada, nos retuvieron días y días y fue tan infernal la experiencia que llegamos a perder toda noción del tiempo. Pero (...) sí recuerdo a los que morían a mi alrededor. Allí sin comida, la gente se comía todas las almendras, hasta las hojas de los almendros...sin servicio ninguno de higiene y sanidad y sin intendencia, pues a los árboles no les quedaba ya ni corteza...un hambre de espanto, que no teníamos nada, que nos comimos las hojas y todo lo que podíamos... el primer día, no quedaban almendras en los almendros; el tercer día no tenían ninguna hoja... allí estábamos tirados...” (http://www.foroporlamemoria.info/documentos/2004/elopez_sept2004.htm)

(5) “Estaba situada en la Plaza del Conde de Toreno, 2. En la actualidad, edificio de viviendas. En ella estaban recluidos los que habían pertenecido al S.I.M., al S.I.E.P., Servicio de Investigación Periférico, a unidades guerrilleras o a la policía. Sería en esta cárcel en la que el dramaturgo Antonio Buero Vallejo pintó la célebre cabeza del poeta Miguel Hernández, la cual acabaría dando la vuelta al mundo. Otros presos, fueron: José Cazorla, Melquisedez Rodríguez Chaos, etc..” http://www.scribd.com/doc/7982680/Carceles-de-Madrid

(6) “Es una cárcel, si, pero no una cárcel cualquiera. El edificio en cuestión son los restos de la antigua Cárcel de Yeserías, prisión utilizada en 1939 por parte del recién impuesto estado franquista para encarcelar, humillar y torturar a los presos políticos antifascistas del recién derrotado ejercito popular de la República, justo al acabar la guerra civil española y tras el triunfo militar de las fuerzas fascistas del estado con apoyo del fascismo y del capitalismo internacional. Por esta cárcel, numerosos presos políticos antifascistas pasaron durante años, algunos mas conocidos, otros mas anónimos, pero todos ellos victimas de la represión fascista que hoy en día sigue olvidada y perdida entre los restos de la vieja prisión. Algunos de ellos, pasaron años recluidos, algunos, los mas afortunados pasarían a otros destinos, pero también muchos de ellos pasarían aquí, encerrados sus ultimas horas antes de ser sacados en masa y fusilados en las tapias de algún cementerio perdido y olvidado de la capital.

(7) Era conocido el interés de los presos políticos por reorganizarse incluso dentro de la cárcel… pero las autoridades no podían permanecer impávidas. “La reconstitución y coordinación de las organizaciones políticas en el interior de las prisiones fue una de las principales preocupaciones de las autoridades penitenciarias. Conocedoras de las actividades clandestinas que se desarrollaban entre rejas, uno de sus propósitos fundamentales fue frenar la propaganda política desplegada en las cárceles y la desarticulación de los grupos que en ellas actuaban. Una buena muestra de ello es el constante envío de comunicados y órdenes por parte de la Dirección General de Prisiones para la adopción de medidas que incrementasen la seguridad, la vigilancia y el control, como, por ejemplo, la que en el mes de enero de 1940 decreta un régimen absoluto de aislamiento: la suspensión de la correspondencia, de las comunicaciones orales con los familiares y de la recepción de comidas y paquetes. En septiembre de 1941 se prohibieron las comunicaciones que hasta entonces se habían permitido entre presos de diferentes centros penitenciarios, con la finalidad de cortar cualquier tentativa de coordinación entre ellos y la consolidación de núcleos sólidos de oposición al régimen en el interior de las prisiones.” http://www.secc.es/media/docs/28_5_VER%C3%93NICA_SIERRA_BLAS.pdf

(8) Así recordaba las condiciones de vida en la cárcel de Ocaña uno de los centinelas: “A los condenados a muerte les llevaban directamente a las galerías subterráneas a las celdas de castigo y de allí no podían salir para nada, por las madrugadas los sacaban en grupos de quince y los fusilaban en el cementerio. Luego ya empezaron a venir trenes cargados de prisioneros de toda España. Eran gente mayor generalmente. Llegó haber hasta 15.000 prisioneros totalmente hacinados y hambrientos.”

LA CONQUISTA DEL CAFÉ CON LECHE

 La casa está tan en silencio como cualquier otra mañana... y, sin embargo, sobre los ronquidos del gato, se impone un extraño sonido, mezcla de gorgoteo y explosión de vapor... La cafetera está en marcha, con la cantidad justa de agua y electricidad para que me dé tiempo a ducharme y vestirme, para llegar, puntual, a la cita... Y no es otra cosa que el brebaje, denso, negro como una noche sin sueños, sin luna... como el aroma se expande lentamente por el aire, y va despertando recuerdos en toda la casa...


Mi padre se levantaba antes que yo el fin de semana, y los efluvios de esta amarga infusión me llegaban, arrancándome lentamente del profundo sueño, y de niño, disfrutaba asomándome sobre su hombro... Yo era muy pequeño, y él me parecía tan grande, y yo seguía con interés su primer rito de la mañana, verter la cafetera hasta su gran taza, después azúcar, y terminar "asustando con leche" el aromático café...

Siempre estaba leyendo mientras desayunaba, a veces el periódico, mas casi siempre, un libro... Era, me parece, su momento preferido del día, el comienzo de una larga mañana fuera de casa... Después de comer, otro café... pero este, con menos parafernalia, sobre todo,  si había pacientes a primera hora en la consulta...

Todavía recuerdo la primera vez que mi madre nos puso café a los dos... Aunque yo tomé leche asustada con café, y mi padre, café asustado con leche... Fue prácticamente un rito iniciático, o de madurez, el dejar atrás la leche sola o con Nesquick... Pero, sobre todo en los meses sucesivos, cuando yo descubrí que el café, cuanto más negro, más despertaba, tuvo lugar una incruenta batalla: el primero en levantarse, liquidaba el café preparado por mi madre, y no tenía más remedio que hacerse él solo otra cafetera...

Es cierto, no era tan complicado... Solo era necesario vaciar la cafetera pequeña, cargarla de nuevo, ponerla al fuego, y esperar unos minutos... Muchas veces, me parece que yo me tomaba el café con más ganas por fastidiar a mi padre, que porque me apeteciese realmente... Las hostilidades terminaron de la manera más lógica: mi madre compró una cafetera mucho más grande, y la compartíamos entre los dos... Se diría que el café sabía mejor si lo preparaba ella...

Durante muchos años, compartimos ritual, cafetera, y nuevas luchas por el poder y el espacio en la encimera de la cocina, mi libro evidentemente ocupaba menos que su periódico... y la única forma de desayunar tranquilo era esperando el segundo turno... o directamente, aplazándolo hasta el instituto (donde por cierto no había cafetería) y la facultad... Aquellos cafés en la barra del bar, con el croisán a la plancha con mermelada, o el Donut si te corría prisa...

Con la enfermedad, mi padre dejó de tomar café, pero mi madre tomaba el relevo, y las mañanas seguían oliendo a magia negra y antiguos ritos... Luego, durante una temporada dejé de tomar café para desayunar... Y ahora, por falta de tiempo, mas sobre todo por pereza, ya no tomo café en casa... salvo aquellas veces en que mi suegra lo ha preparado el fin de semana, cuando vienen a vernos... y sigo desayunando en la cafetería del trabajo...

El primer café de la mañana... Lo que me despierta todos los días... Que me ancla a la vida... Que me ayuda a concentrarme... Con su toque de amargura, a pesar del azúcar... Y con la promesa de que habrá otro día, otro amanecer... 

RECORDANDO A MI PADRE

 Quizás nunca mejor que hoy, cuando sigo mirando el mundo con ojos de lunes, un poco cansados, para empezar a recordar... a mi padre... Y me es imposible hacerlo, desde mi más tierna infancia y en toda ocasión, con un cigarrillo entre los dedos o llevándoselo a los labios, maldita costumbre que le costó un cáncer de lengua y que le hizo morir en seis meses, uno y pico después de mi boda. Por eso ilustro esta reflexión  con semejante foto.  En algunas ocasiones, bien por comparación con mi abuelo, o por omisión manifiesta, su forma de ser, y sus recuerdos, se han dejado sentir en el blog... Podría contar muchas cosas sobre él, algunas buenas, otras malas, pero como las malas ya están demasiado incrustadas en mi forma de ser, prefiero sobrevolar las positivas... tal vez por esa necesidad de adentrarme en el nuevo año algo más libre de lastre inútil de lo que salí el anterior... Casi todos los recuerdos que hoy comparto contigo se remontan como muy tarde a cuando yo tenía catorce años... y cito solamente los buenos... que los malos ya los tengo demasiado presentes en mi corazón...


Recuerdo la ceremonia del pavo, que se repetía de manera indefectible, en la nochevieja... Poco importaba que nos sentásemos 12 a la mesa, o que fuéramos 5... el pavo relleno, con receta libremente adaptada de mi familia alemana, era la ocasión de todo el año en que mi padre sacada a relucir sus dotes culinarias... Los ingredientes, supongo que eran los de siempre: un pavo bien cebado, cebolla, carne picada, ciruelas, nueces picadas, el hígado del pavo, lonchas de beicon, más ciruelas deshuesadas... La preparación llevaba un par de horas largas, otro tanto de horno... Y cuando lo llevábamos en procesión hasta la mesa del comedor, lo flambeábamos... para cantarle el "Happy pavo to you..." Y nos pasábamos una semana entera comiendo pavo, guarnición, salsas...  Con el paso del tiempo, la familia ha ido menguando... y el pavo se ha convertido en pollo deshuesado relleno... Mi padre cocinaba dos o tres veces al año... pero siempre era un espectáculo: sus otras recetas favoritas eran la chucruta a la alemana (con tocino, varios tipos de salchichas...); el "goulage" (picantito...) y el "steak tartare"...

Otro fragmento de mi infancia era el tradicional viaje hasta la costa... Mi padre se acostaba alrededor de las ocho de la tarde, para intentar dormir unas cuantas horas, antes de ponerse en marcha... En la casa, aquellos remotos tiempos, no se escuchaba ni un ratón: todos reunidos, con la tele muy bajita, mientras pasaban las horas... Como él era el único conductor de la familia, era quien marcaba los horarios, pero no le gustaba conducir de día... Y sobre la una de la madrugada, en cuanto abría los ojos, llegaba el bonito procedimiento de cargar todo el equipaje de cinco personas, incluyendo una tele de catorce pulgadas y una lavadora azul de la marca "Jata", dentro de un venerable Renault 6 de color blanco, llamado "Copito"... Era como jugar al "Tetris", pero con maletas, sombrilla, sillas de playa, equipaje y las inevitables maletas llenas de libros... Un largo viaje al otro extremo de la noche, hacia las cálidas arenas de Cullera... Mi padre, fumando incansablemente para mantenerse despierto, mientras casi todos los demás dormíamos... El final del viaje siempre era el mismo: escuchando "Valencia", con la soberbia voz de Alfredo Kraus... o bien "En forma", de Glen Miller... Y las primeras luces del día nos pillaban, casi siempre, mirando el mar...

Era un apasionado de la música clásica, sobre todo de Beethoven, Mozart, Mahler... Y las óperas, en alemán o en italiano... Durante algunos años, nos llevaba a mi hermana y a mí al Teatro Real, para asistir a los conciertos de música clásica desde el gallinero, al final de la jornada... Era una gozada, aunque muchas veces, me quedaba dormido, no porque me disgustase lo que estaba escuchando, sino de puro cansancio... Yo era muy pequeño, es cierto, pero mi hermana lo era más, y sin embargo, no se dormía... Recuerdo muchas tardes, utilizando una pequeña linterna para seguir la partitura de "La Pasión según San Juan" de Johan Sebastian Bach... y mientras que él leía directamente el texto en alemán, yo tenía que consultar a la vez la letra en español... Eso sí, por mucho que lo intentó, sigo odiando la ópera en francés...

También era un gran lector, compulsivo, a quien era tremendamente raro ver sin un libro en la mano... y sin un cigarrillo en los labios... Se dejaba guiar por sus grandes pasiones, la música, la cultura... y tenía sus autores fetiche: Marañón, Galdós, Christian Jacq (para todo lo relacionado con Egipto), Laín Entralgo (su ídolo),  Fernández Álvarez (en novela histórica), Tom Clancy (intriga), Robin Cook (medicina)... Igual se pasaba una semana releyendo historias de "El Coyote", que la siguiente estudiaba egipcio con mi hermana... Conservamos muchos libros suyos, incluyendo una densa selección de biografías de genios de la música clásica en varios tomos... o sesudos análisis sobre la política en España, los partidos... y una enorme colección de libros en francés... que dudo mucho que vayamos a leer alguna vez...

Le gustaba viajar, igual que a mi madre... y gracias a los billetes de Iberia (mi madre trabajaba en el departamento de ventas por teléfono), hemos recorrido muchos países, conocido muchas ciudades, y vivido experiencias que ahora añoro... Eran viajes en familia, aunque pocas veces nos acompañó mi abuelo, sin contar aquél viaje a París, o la tradicional migración al Mediterráneo... y todo estaba milimétricamente planificado, como si se tratase de una operación militar: las maletas perfectamente empaquetadas, las guías a mano, el dinero, oculto muchas veces entre el cinturón especial y la bolsa en faltriquera de mi madre, los hoteles escogidos en función de su facilidad de acceso al transporte o de su emplazamiento... De vez en cuando, contratábamos los servicios de un guía local, pero casi siempre era una aventura... Mi madre siempre decía que era mejor viajar menos que algunos de sus compañeros, pero hacerlo con toda la familia...

También era tradición, un par de veces al mes, recorrer distintas zonas de España: la ruta de los castillos, la del románico catalán, la del gótico... Eran jornadas muy largas, agotadoras, que dejaban en mi interior la sensación de no estar a la altura, para asimilar tantos conocimientos, en tan poco tiempo... También hemos cruzado España entera en un fin de semana, para ver una exposición en Santiago de Compostela y  otra en Gijón... y hemos seguido en su peregrinar casi todas las ediciones de "Las Edades del Hombre"... Se quedó con muchas ganas de hacer "la Ruta del Quijote", o la "Ruta de la Plata", quien sabe, igual las terminaré haciendo yo...

No era hombre de acción, ni fan de ningún deporte, como mucho, le gustaban los toros, y fue a varias corridas con mi hermana, sobre todo le atraía el rejoneo... Yo siempre me negué a asistir, incluso a ver esa desgraciada fiesta nacional. También le atraían los saltos de esquí, especialmente los campeonatos de Año Nuevo... Y de muy pequeños, jugábamos al fútbol ocasionalmente en el patio de mi abuelo...

La cultura, en todas sus variantes, era su obsesión... Mantenerse informado, investigar cosas, escuchar su música (que no la mía)... Ahora bien, las cosas tenían que hacerse siempre a su manera, y mi madre tenía bien poco que opinar... y mi hermana o yo, mucho menos...

Sí, es posible que este puñado de recuerdos, unidos a tres o cuatro momentos de compartir inquietudes, como durante algunos tramos de la enfermedad de mi madre o la de mi abuelo, no parezcan gran cosa, para treinta y dos años de convivencia... Pero es lo que hay... Y si hubo más, en este momento, no lo recuerdo... Puesto que incluso para los buenos momentos, mi padre se guiaba por lo que podríamos llamar "oligarquía del conocimiento"... o "despotismo ilustrado"... Su voluntad era ley, por ser el más grande, el más fuerte, el más culto, el más preparado, desde cosas tan sencillas como escoger el programa de la tele, la peli en el cine, incluso mi ropa... Y todas las raciones de cariño, de afecto, de paciencia, o cada vez que yo,  simplemente, necesitaba alguien que me escuchase... recurría a mi abuelo...

Pero todo eso comenzó a cambiar... cuando yo cumplí los trece años... durante aquél año mágico en el que me fui reafirmando como persona...

MAÑANA, SIEMPRE MAÑANA

 "Mañana", tres sílabas, cargadas de esperanza... seis letras, para definir poco menos que el Nirvana, el lugar donde todos los sueños se realizan, los enfermos se curan, y los viejos se vuelven jóvenes... y todos, juntos, entonan canciones de alabanza mientras tuestan nubes de azúcar en las llamas de la hoguera...


"Mañana"... Siempre estamos dejando las cosas para mañana, sobre todo, cuando empezamos el año, cargados de buenas intenciones como los políticos de ideas, no para solucionar la crisis, sino para echarle toda la culpa al del bando contrario... Es muy cómodo, aplazar la solución de todos los problemas para un "mañana" hipotético... "Mañana llamaré a la empresa para solucionar el problema de la nómina..." "Mañana me pondré a estudiar en serio, pero de verdad, para el examen..." "Mañana, sin falta, iré al gimnasio de nuevo... aunque sea solamente a verle el culo a la profesora de aerobic..." "Mañana, lo prometo, llamaré al dentista para pedir una limpieza de boca..." "Mañana me haré los análisis de sangre que llevo tanto tiempo demorando..."

Hay tantos "mañana", y tantas excusas, como personas... Pero no nos engañemos, que ese "mañana", en el fondo, es una herencia envenenada... Porque en él estamos depositando no solamente nuestras esperanzas, sino también los problemas, los sueños, las intenciones, las soluciones, las cosas que nos molesta hacer o pensar, las decisiones complicadas... Y, en el fondo, lo que no hacemos es vivir... ni afrontar los pequeños y grandes retos del "mañana"...

El día de mañana...
Por supuesto, y como diría el doctor Maslow, si no tienes las necesidades básicas cubiertas, es decir, alimento, comida, hogar, trabajo; no te puedes poner a pensar en las necesidades superiores: de pertenencia al grupo, de referencia, las intelectuales... Es decir, si te estás muriendo de hambre en una calle de Madrid o de Barcelona, tirado en un portal, y con una jeringuilla todavía colgando del brazo, no te planteas un futuro, ni a corto, ni a medio plazo... Si estás enfermo en un hospital, rodeado de médicos, de enfermeros y sanitarios, cagando en un pañal, y en una situación de dependencia, no te planteas el mañana... O si eres feliz de verdad, con todo tu pequeño mundo bajo control (casa-coche-gato-mujer), el "mañana" tampoco existe... 

Del Diablo se decía, antaño, que su mayor triunfo es precisamente el habernos convencido de que no existe... Pues bien, el término "mañana" debería figurar bien alto en la pila de palabras y sentimientos que esclavizan al ser humano, a poca distancia de otros monstruos, como "felicidad", "amor", "tristeza", "futuro", "religión", "esperanza", "miedo" o "bondad"... Porque el "mañana", siempre y cuando nos ubiquemos dentro de un marco de referencia acogedor y con el nivel justo de problemas, es la mejor excusa para no hacer nada, para dejar que las cosas sigan igual que ahora, en este "presente" que tanto nos agobia, o relacionado con ese "futuro" que nos da miedo, que está lleno de incógnitas que nos asustan, y que, en el mejor de los casos, nos recuerdan que somos seres humanos, con nuestros miedos y esperanzas...

"Omnia ora, ultima necat", decían los pensadores griegos y romanos.. "Las horas pasan, la última mata"... No se trata de ser especialmente pesimistas, a pesar de las contribuciones de la vida real en este sentido... Al revés, se trata de tomarnos la vida en serio, aprovechar mejor el escaso tiempo libre que tenemos o el exceso del mismo, para actuar, para hacer algo, y dejar de pensar tanto en el "mañana"... y de hipotecar nuestra vida por algo que, de todas formas, no está en nuestras manos... Cuando eres joven, todo te parece sencillo, crees que te vas a comer el mundo con patatas, que vas a conseguir tus sueños, que vas a ser feliz... y luego, la vida real se encarga, muchas veces, de ponerte en tu sitio... Es entonces, cuando las certezas de la vida se cargan los sueños de la juventud, cuando terminas cayendo en las garras del "mañana"...

¿La alternativa? Darte cuenta de que el "mañana" no existe, al menos, en este preciso momento... Que lo único que tienes realmente en tus manos es el presente... y que de ti depende el no desperdiciarlo... Y compruebas que los grandes problemas que has estado aplazando para "mañana", igual no son tan grandes, o ni siquiera está en tus manos el solucionarlos...

Porque lo mismo, para ti, o para mí, no habrá un "mañana"... Porque en cualquier momento, de la forma más estúpida o más sangrienta, puede terminar la vida... Sales del trabajo, estás cruzando la calle, y un coche te atropella... con tan mala fortuna que además de romperte las piernas, te partes la cabeza contra el asfalto... Estás en tu casa, tranquilamente con el ordenador, cae un rayo en la antena colectiva de tu casa, y te electrocutas al presionar la tecla "supr"... No sé, cae un avión sobre tu casa, y te conviertes en la víctima 113... A tu compañero de trabajo se le cruzan los cables, y decide jugar contigo a la ruleta rusa con el arma reglamentaria... Estás en la ducha del gimnasio, te resbalas y te partes el cuello... O bien te mueres mientras duermes...

Son mil y una maneras de decirte, que el "mañana" es una mentira, la más grande de todas... Y que siempre debería estar en tus manos el decidir el tipo de "mañana" que deseas tener... pero luchando por él, como objetivo, desde el presente... y no recurriendo a él como excusa para no actuar desde el pasado...

domingo, 3 de diciembre de 2023

PALABRAS, SUEÑOS Y RECUERDOS

Al final, todo es mucho más sencillo de comprender, si reduces la existencia, la vida misma, a sus más pequeños componentes. Y estos serían tres: palabras, sueños y recuerdos. Nada más.

Palabras, porque son lo que nos acompaña en todo momento, nuestra forma de expresión, que nos permite comunicarnos con los demás. Poco importa que las pronuncies, las escribas, las leas, o incluso las digas muy bajito al oído de la persona amada. Allí están. Te unen. Te separan. Te alejan. Te acercan. Las que no pronuncias nunca, también se manifiestan, y a veces, son las que más duelen. De silencios culpables y de mejores ocasiones están llenos el infierno y el purgatorio, salvo que yo creo que existen en esta propia vida, en el aquí y en el ahora. 

Hay otros lenguajes, como el de los sordos, con esos gestos tan curiosos que se realizan con las manos, con los brazos, con todo el cuerpo. O el de los ciegos, esa colección de puntos, tan intrincados, y que me parecen inexplicables. Pero no dejan de ser palabras.

Y hay otras formas de hacerse entender, como las miradas, las caricias, el tacto suave de las yemas de los dedos, el roce casual piel contra piel, incluso el simple olor del perfume de la persona amada, o la intensa fragancia de su pelo, pero también los silencios dolorosos y las miradas cómplices. 

Todos ellos son formas de expresarse. Incluso el silencio cuenta... ¡Son tantas las palabras que me gustaría decir, pero que me callo! Y sigo adelante, como burro con anteojeras, negándome a aceptar la evidencia de mis sentimientos y de mis anhelos... Mejor cambiemos de tema...

Luego, al margen de las palabras, la segunda cosa que nos caracteriza, que nos vuelve humanos, son los sueños. Como expresión de los deseos más ocultos muchos de ellos. O como válvula del inconsciente. Quizás también como anhelos. Es esa proyección hacia el futuro, que realizamos de manera involuntaria muchas veces. Es la respuesta a esa pregunta, "¿Dónde te ves de aquí a dentro de tres años?"

¡Si me cuesta hacer planes, más allá de unos pocos días, o meses! Es lo que tiene, el ser una criatura centrada en el presente. Vivo la  vida, como si cada día pudiera ser el último, incluso he tomado medidas para cuando yo no esté, y dejar solucionados un par de aspectos que me preocupan.

¿Con qué sueño, entonces? Con un presente distinto, o con un futuro donde se den las mínimas características necesarias para alcanzar la felicidad. Pero claro, eso es algo que no depende de mí. Por lo que prefiero seguir adelante, disfrutando de cada momento, rodeándome de personas que me aportan, y a quienes también aporto, procurando ser útil, y cumplir, entre otras cosas, con esos roles que en ocasiones me resultan tan duros: el de hijo, el de hermano, el de trabajador competente, el de escritor, el de amigo, y sobre todo, el de persona vitamina, que es el que más me llena, porque ella está presente. Sí, ella es la razón de muchos de mis desvelos, y como dice la canción, "el viento entre mis alas".

Pero claro, tampoco podemos olvidarnos del último elemento que nos caracteriza, los recuerdos. Son aquellas cosas y personas que nos conforman, pero que también nos confirman en nuestro camino, en nuestro rumbo dentro de la vida. Pueden ser muchas cosas, o ninguna. Dichoso quien solamente tiene buenos recuerdos. Aunque de los malos también se aprende, son grandes maestros, los que nos dan la fuerza y la sabiduría para seguir adelante. Yo conservo muy pocos recuerdos de mi vida, cosas del olvido selectivo, cuando se vuelve necesario. Y muchos de ellos, se mezclan con fabulaciones, con entelequias, o con lo que nos gustaría haber vivido.

Por ejemplo, esos besos bajo la lluvia,. Hacer el amor en la ducha. Refugiarse entre sábanas de lino mientras dura la tormenta. Largas horas conduciendo hacia el amanecer. El primer beso con la mujer amada. El tacto de su melena sobre mi cuello. Sus dedos trazando arabescos sobre mi espalda. El llanto de un recién nacido, carne de mi carne. Que un bebé te coja el dedo como si fueras su nexo con la vida. Sentir vuestros cuerpos fundidos mientras bailáis en la pista desierta, una música que tan solo vosotros podéis escuchar. Esos labios que pronuncian tu nombre muy bajito. La satisfacción de obtener un Suma cum laude en la tesis doctoral. La mirada orgullosa de tu padre. La tranquilidad mientras buceas en el mar cristalino. El sonido de las ruedas de la bicicleta en el camino de montaña. Las cúpulas de la ciudad desierta bajo la niebla. Perderme en esos ojos marrones que me roban el alma. Acariciar su cuerpo con la mirada. Desayuno para dos en el Vips. Una tarde en el teatro o en el cine. Su forma de inclinarse en la butaca, para escuchar mejor la música. Los pasos que se alejan en la noche. Su respiración mientras duerme.

Muchas de estas cosas, las he vivido. Otras, no son más que sueños. Los recuerdos, a veces, son lo que te da la fuerza para seguir adelante. Y la vida, con sus insondables misterios, nos acompaña... Y sigo pensando, que daría cualquier cosa, por convertir esos sueños en recuerdos, o que se hicieran realidad a su lado...

jueves, 16 de noviembre de 2023

EN LA MADRUGADA

Madrugada. El camión de limpieza está regando por segunda vez la calle, pero en la otra acera, una parejita muy joven y muy borracha está sentada en el suelo, entre dos coches. Hace un par de horas, el estado de la chica ya era lamentable, mientras se preparaba un porro entre los coches. No debe tener más de 22 años, y el chico por el estilo. ¿Qué demonios impulsa a dos niños a ponerse en ese estado, un viernes a las 4.25? ¿Qué tipo de vida les espera? ¿No tienen nada mejor que hacer? ¿En qué estado llegarán a sus casas? 

¿Y a mí que coño me importa?

Quizás sea porque veo las cosas desde la experiencia que me dan los 53 años sobre esta tierra tan extraña, o porque siempre he sido un extranjero, incluso un extraño. Que yo recuerde, tan solo un par de veces en todo este tiempo me he puesto tan borracho como están ellos, amaneciendo incluso una noche en el cuarto de baño, abrazado a la taza, con un hilo de vómito entre los labios. ¡Pero conseguimos esa camiseta que te daban en el Rastatoo, si te tomabas 10 copas! Mi colega, un antiguo amigo a quien no veo hace más de dos décadas, emprendió un nuevo camino.

Y yo, bueno, yo también. Ojo, que sí fui a unas cuantas fiestas. Recuerdo, y con cariño de mi etapa universitaria, otra fiesta, en un ático de la calle Príncipe de Vergara. Todos disfrazados, yo con un esmoquin de mi padre, la capa de mi abuelo, algo maquillado de blanco y con unos dientes de plástico que compré en Antojos, una tienda de chuches cercana a mi casa, que luego cerró, abriendo en su lugar una clínica dental. Pero sigamos en la fiesta, allí conocí a una chica preciosa, disfrazada de gatita, con quien estuve bebiendo en la barra, eso cuando no preparaba alguno de mis cócteles improvisados para algún valiente. Y estuve un buen rato persiguiendo a otras chicas, empeñado en morderles el cuello, entre grandes risas...

En cuanto a las drogas, bueno, algún que otro porro compartí con los compañeros del cuartel, durante mi paso por las Boinas Verdes, en la Base de San Pedro, muy cerca de Madrid. GOE 1, COE 11. Posiblemente los meses más frustrantes y absurdos de toda mi vida. Allí, entre durísimos entrenamientos, con pista americana incluida (de los que no participaba por una operación de la rodilla izquierda que nunca terminó de curar del todo bien), era muy frecuente el consumo de alcohol y de drogas en la cantina de la base. Más de una vez, las mesas cuadradas aparecían completamente llenas de botellines de cerveza, y vi a varios compañeros, uniformados por supuesto, y fuera de servicio, terminar borrachos como cubas...

Con esto quiero decir que no siempre he sido un ángel, y dudo mucho que lo sea ahora. Pero sí me precio de haber perdido el control debido al alcohol tan solo 2 o 3 veces. Ni siquiera en las escasísimas ocasiones que me fui de fiesta por Malasaña con los "colegas" en mis últimos años de instituto, llegué a emborracharme como la parejita de antes, que se han ido dando tumbos por la calle.

Nunca he sido un gran bebedor, de joven me gustaba el vodka con zumo de piña o de naranja, o bien el tequila sunrise, con su melocotón y su granadina. Al no poder tolerar ninguna bebida con gas, me libré de los cubata de garrafón, o del infame kalimocho artesanal en cualquier aparcamiento frente a un centro comercial o en las plazas y calles oscuras del centro de Madrid. Ahora, tengo en casa una botella de Malibú en el armario del pasillo, de vez en cuando me tomo una copa con zumo de naranja y una buena cantidad de hielo, mientras veo una película en Movistar.

Para muchos, habré sido un aguafiestas, un aburrido, o incluso el raro del grupo, para mi ex sin duda lo era. Por eso siempre procuraba limitar mis interacciones sociales, y con un deseo de mantener el control, la lucidez, de mi cuerpo y de mi mente. 

Eso sí, durante muchos años estuve fumando como un carretero, empecé a los 13, con un tabaco negro infame, H.Upman, que le regaló un paciente ceutí a mi padre, que era médico. Con la muerte de mi padre, entre pavorosos sufrimientos debidos a un cáncer de lengua, que se lo llevó por delante en poco más de 6 meses, dejé de fumar durante 10 años. Volví un par de años, el primer cigarrillo fue por puro aburrimiento en el umbral de la nave de HRT. Primero le pedí uno a la señora de la limpieza, luego a un compañero, y allí me enganché de nuevo. Luego, lo volví a dejar cuando nacieron mis sobrinas, y desde entonces llevo más de 9 años limpio. 

Me incomoda cada día más el olor que deja el tabaco sobre la ropa y la piel de quienes me rodean, huyo de los fumadores, incluso de mi chica si está fumando. Luego, no hay nada que no se arregle con un par de buenas gárgaras de Listerine, pero besar esa boca con aliento a humo no me entusiasma, y ella lo sabe. Por eso evita fumar aquellos días en que nos vemos.

Son ya las 4.44 de la madrugada, esas cifras capicúas me han acompañado muchos años. Me suelo despertar varias veces por noche. Hubo una temporada que lo hacía a las 2.22, a las 3.33 y a las 4.44, de manera sistemática. Ahora, simplemente me cuesta horrores conciliar el sueño, y me persiguen las pesadillas. Cambiar de turno cada semana no ayuda. Pero me hace ilusión, en madrugadas como esta, pensar que estoy protegiendo, en la distancia y de manera virtual, los sueños de la mujer a quien amo, aunque ese sería un buen tema para otra reflexión.

Y mientras me preparo para abrir de nuevo el libro de lectura, cosa que haré en cuanto publique este escrito, sigo el rastro de la pareja en las cámaras de seguridad que apuntan a la calle y dan la vuelta casi a todo el edificio. Soy el vigilante que acecha en la madrugada. Soy el guardián de la noche sin luna ni estrellas. Soy la figura que se funde entre la niebla. 

¡Soy el puto Batman!

miércoles, 15 de noviembre de 2023

SOBRE ESA MARAVILLOSA MEZCLA

Escuchando a Louane, con su voz dulce y aterciopelada, cantando en francés, es inevitable que lleguen los buenos sentimientos. Aunque tal vez se deba a esa conversación tan interesante con mi persona vitamina principal (tengo otras dos más, pero ella es en tantos sentidos única y especial), que ha servido para aclarar algunos conceptos y fortalecer las bases de la amistad que nos une.

Nunca he tenido demasiado clara la diferencia entre la amistad y el amor. Para mí son conceptos, y sobre todo sentimientos, tan complementarios y tan complejos, que los confundo. Y eso de vez en cuando me ha generado problemas, los amores no correspondidos duelen. Pero en esta ocasión es distinta, porque en toda relación de amistad hay una importante dosis de amor; y para que el amor triunfe es imprescindible que la base sea una amistad fiel y certera. Y estamos viviendo esa situación tan especial, con una fuerza e intensidad que quizás ambos considerábamos imposible. Y nos dejamos llevar, descubriendo cada día cosas nuevas, sentimientos que nos unen. 

Seguimos adelante, sentando las bases para un futuro prometedor, y ayudándola a luchar por él cada día. Que a fin de cuentas, esa es la función de un amigo a toda prueba, de una persona vitamina, y por qué no decirlo, de un hermano mayor. "Casi un mellizo", según me dijo ella hace un par de horas. Así de especial es lo que nos une...

Cierto que hay algunos sentimientos que nos separan, pero tampoco es tan importante. Es cierto que la amistad entre hombre y mujer puede ser complicada en algunas ocasiones, pero yo la he vivido un par de veces antes, y fueron experiencias maravillosas. ¿Por qué esta vez es diferente? Quizás tenga que ver con la madurez que te da la edad, con esa sabiduría de la que tanto se habla, o por hallarnos en una experiencia vital, en un contexto, que resulta propicio. Y seguimos adelante, con sueños y proyectos, con objetivos y metas, con momentos compartidos, risas y llantos incluidos. Siendo plenamente conscientes de la situación que estamos viviendo, de esta mezcla privilegiada de sentimientos...

martes, 14 de noviembre de 2023

LA ÚLTIMA PROMESA

 LA ÚLTIMA PROMESA.

 

Allí está ella. Tumbada en la cama. Con la cabeza reclinada sobre las almohadas. Al entrar en la habitación pienso que está dormida. Pero ha intuido mi presencia, porque sus ojos se abren lentamente, sus labios se separan en una sonrisa, y su voz, que tanto me ha dado en los últimos años, se oye débilmente…

 

“Hola, al final has venido. Pensé que después de tanto tiempo ya no te acordarías de nuestra promesa.”

“¿Cómo podía dejarte sola, mi hermosa dama?”

“Mi hermosa dama. Tú y tus manías.”

“Para mí, siempre estarás hermosa… y siempre serás mi dama…”

“Adulador. Pero si debo estar espantosa, con este camisón de hospital abierto por detrás, y sin maquillaje.”

 

Solo en ese momento me doy cuenta de dónde estoy. En la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Nuestra Señora de Granada. Las máquinas pitan suavemente, siguiendo el ritmo de su corazón, y el leve borbotear del oxígeno se convierte en la música de fondo de nuestro primer encuentro.

 

“Mi hermosa dama- le digo al cogerle la mano derecha, con cuidado porque en ella tiene puesta la vía- he venido en cuanto recibí tu mensaje. Llevaba tanto tiempo esperándolo… Y mira que fueron unas pocas palabras: ven. Te necesito. Y luego, la dirección del Hospital.”

“Siento mucho que nos conozcamos de esta manera. Pero necesito una persona me quien confiar, y durante todos estos años de relación me lo has demostrado. Quizás debería haber dado mi brazo a torcer antes, pero tenía mucho miedo…”

“¿Miedo de qué?”

“De no gustarte. De que se rompiese la magia. De resultarte aburrida. De…”

“No lo digas, mi hermosa dama. Sabes que siempre has sido la única, la dueña de mi pequeño corazoncito. Siempre te he esperado.”

“Lo sé- me dijo entre lágrimas-, y no será por veces que te haya dicho lo contrario. Que vivieras. Que te enamoraras de otra, que estuviera sana y te pudiera corresponder.”

“Pero no te hice caso…”

“Es cierto, no me hiciste caso. Y ese es un peso que sigo cargando incluso ahora. Pero tienes que prometerme dos cosas.”

“Lo que quieras.”

“Luego te las digo. Ahora me apetece recordar. Mi vida contigo.”

“¿Nuestra vida juntos? Pero si nos acabamos de conocer…”

“La que soñé a tu lado. No te imaginas hasta qué punto el leerte cada mañana y cada noche se había convertido en uno de los pilares de mi existencia. A veces tenía miedo de perderte, por culpa de mis silencios…”

“Ya te dije mil veces que eso no sucedería- le digo, mirándola a los ojos-, que tenía mucha paciencia, y que mi amor no era flor de un día.”

“Lo sé. Me lo has demostrado. Pero tienes que comprender que mi corazón estaba destrozado. Que necesitaba sobre todo un buen amigo. Alguien en quien confiar. No me atrevía a entregarte mi corazón, a amar de nuevo. Ese sentimiento se ha ido convirtiendo en mi obsesión. Tenía que verte por última vez. Y decirte que te amo. ¿Te importa darme un poco de agua?”

 

Me temblaban las manos al alejarme de la cabecera de su cama para llenar un vaso de agua con la jarra que estaba en la otra mesilla de la habitación. ¿Que me amaba? Hace algunos años, o unos meses siquiera, habría sido un revulsivo para toda mi existencia. Pero ahora…

 

“Ten cuidado, que el agua ya está rebosando un poquito”- me dice, suavemente, con su voz cascada. Me inclino sobre ella, y le doy de beber, usando la pajita del zumo. -

“¿Está buena? ¿Está lo bastante fresca? Si quieres pido un poco de hielo en el control de enfermeras.”

“No te preocupes, está buena. Además, no quiero que te vayas, no sé cuánto tiempo permaneceré despierta con esta medicación… ¿Por dónde estábamos?”

“Por nuestra vida juntos, la que siempre imaginaste.”

“Es cierto, Ismael. Muchas veces, sobre todo al principio, imaginaba que un buen día, y a pesar de mi prohibición expresa de que vinieras a Granada, un buen día te plantarías en la puerta de mi casa, con un ramo de rosas y tu sonrisa de chico malo. Otras, cuando veía una puesta de sol en nuestro amado Mediterráneo, pensaba en ti, en lo mucho que me gustaría compartirla contigo. O cuando visité Barcelona aquel verano.”

“Pero nunca me lo dijiste, Yolanda. Y ahora, cuando por fin nos conocemos en persona, tal vez sea demasiado tarde.”

“Nunca es tarde para un primer beso”- me dice, entrecerrando los ojos. –

 

Y me inclino sobre ella, suavemente, consciente de que el más mínimo movimiento puede causarle dolor. Nuestros labios se encuentran, fugazmente. ¡Cuántas veces no habré soñado con aquel momento, y ahora, cuando por fin se convierte en realidad, es un beso que sabe a despedida!

 

“¡Tu boca sabe a regaliz jajaja! ¿Sigues a base de chicles de menta y caramelos de regaliz, después de tantos años?”

“Veinte años sin fumar, y todavía sigo con el mono, Yolanda. Incluso ahora siento que me fumaría uno.”

“Pero debes de ser fuerte, Ismael, por los dos. Porque lo vas a necesitar para llevar a cabo mis promesas.”

“Las que tú quieras.”

“Quiero que sepas una cosa. Que me arrepiento en este momento, y en muchos otros, de no habernos conocido antes. Pero siempre tuve miedo de decepcionarte. De no gustarte. Por eso he preferido mantener la distancia. Ir reforzando poco a poco nuestra amistad. Para pedirte este favor. Pero antes, ¿te importa incorporarme un poco? Estas almohadas de hospital no son nada cómodas.”

Y me inclino sobre ella otra vez. Primero coloco las almohadas, luego la sostengo por los codos y la pongo cómoda. Nunca ha pesado mucho, pero ahora… de repente, tengo ganas de llorar. Por ella. Por mí. Por nosotros. Por tantos momentos no vividos. Por tantos sueños rotos. La incorporo suavemente, y seguimos hablando.

“Gracias, ya estoy mejor- me dice. - Este es el primer favor que te pido. Que me desconectes de esta máquina…”

“¡No lo pienso hacer!”

“Sí lo vas a hacer… porque me amas… Los médicos dicen que puedo durar en este estado varios meses, pero que no tengo ninguna posibilidad de curación ni de mejoría. Solo una deterioración paulatina, inevitable y tremendamente dolorosa de mi cuerpo, pero manteniendo la mente a ratos lúcida cuando no me hagan efecto los mórficos. Pero yo estoy cansada de sufrir. Llevo toda la vida luchando con esta maldita enfermedad. Y no tengo a nadie, salvo a ti, para que me libere.”

“Yolanda, no puedo hacerlo, ni aunque quisiera. Además, si te desconecto, saltarán las alarmas, vendrán las enfermeras y los médicos.”

“No pasará nada si tú te conectas los sensores del electrocardiógrafo. Percibirán el ritmo cardiaco adecuado, no sonarán las alarmas en el control de enfermería, y yo podré irme en paz.”

“Yolanda, no me lo pidas…”

“Ismael, me lo prometiste. Y tú siempre cumples tus promesas. Además, me debes de todas formas otro favor, ¿recuerdas? Pues bien, es muy sencillo: quiero que sigas viviendo, que seas feliz, que te compres otro gato, que vayas a ver a Montse. Que vivas.”

“Yolanda, sin ti, la vida, no tiene sentido.”

“Por eso te he pedido que me lo prometas. Y ahora, ayúdame. No quiero sufrir más”, - me dice, acariciándome suavemente la mejilla-. “Por favor”.

 

Sin pronunciar una sola palabra, me inclino sobre ella, y le voy quitando uno tras otro los sensores cardiacos. Sus pechos son como melocotones maduros, de pequeña aureola, y aspecto sedoso. Tantas veces soñando este momento, y será el último. Me extraña que no salten las alarmas, porque tengo el corazón a mil. Pero hago lo que me pide. Luego, al mismo tiempo que se deslizan por mi cara las primeras lágrimas, compruebo que la puerta de la habitación siga estando cerrada, y desenchufo la máquina.

“¿Sufrirás? “– le pregunto en voz baja-.

“No, amor mío –me responde-. Será como dormirme. Y si hay algún mañana, te estaré esperando. Ahora, bésame por última vez…Y abrázame”

“Te amo, Yolanda. Así en la vida como en la muerte.”

 

Y se fue. Se murió. Dejó de respirar. Entre mis brazos. En la habitación blanca e impersonal del hospital. Al cabo de unos minutos, fui al control de enfermería, y les dije que Yolanda (la paciente 26), había muerto. A nadie pareció extrañarle. Incluso diría que una de las enfermeras me miró, como diciéndome “bien hecho”.

Ahora he vuelto a la habitación del hotel. Con la luz apagada, y la débil llama de una vela blanca, mientras quemo un poco de incienso. La botella de vodka que he comprado en la tienda abierta las 24 horas brilla siniestramente. Y el frasco de barbitúricos parece llamarme.

 

Lo siento, Yolanda, no puedo cumplir mi última promesa. Pues sin ti la vida no tiene ningún sentido. Espero que habrá un más allá. Y encontrarte en él. En un lugar y un tiempo alejados del dolor, del sufrimiento. Y quién sabe, a lo mejor Robin Williams tenía razón en su película “Más allá de los sueños”, y vuelvo a encontrarme con Yolanda, de niños, en otra vida, que será indudablemente más feliz. Y si no es posible, tal vez nuestras energías vitales se fundan en una sola, dando lugar a algo nuevo… Cualquier cosa es mejor que esta muerte en vida, que el haber perdido ahora y para siempre a la mujer amada; que haberle arrebatado la vida…

Cuando termine de escribir estas líneas, me beberé el vodka, tragaré uno a uno los barbitúricos, y me tumbaré en la cama, a esperar el amanecer que nunca llegaré a ver.

Te amo, Yolanda.